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lunes, 13 de abril de 2026

Los intelectuales del PP dan un paso al frente

 


Aunque se sorprendan, sí, existen intelectuales en la órbita del PP, los cuales están dando un paso al frente al ver la situación global de España y el resto del mundo. Es más que posible que, salvo en algún ámbito jurídico, nadie pueda citar tres o cuatro intelectuales de los que sobrevuelan lo que el PP representa. Lo normal, algo que no ha desagradado a las distintas direcciones, es que con una buena prensa, adulada y sostenida —como hacen los demás, no piensen que esto es cosa de unos—, les valía para gobernar o alcanzar el poder. Doxósofos, todólogos, columnistas de la risa, escritores de la nada… Esa carencia de intelectuales, aunque más que carencia habría que decir poca visibilidad, les ha venido perjudicando desde la aparición del populismo, fuese el del sistema (Ciudadanos), fuese el del antisistema (Vox). De esto, entiendo, se han dado cuenta los propios intelectuales, alguno orgánico, y han decidido dar ese paso al frente.

¿Para qué han dado ese paso al frente? Lo primero para reafirmar los valores propios del PP como constitucionalista, ergo democracia liberal parlamentaria, europeístas y liberal-consevadores. Lo segundo, para presentar batalla ante un contexto que les es poco propicio, pese a ser el principal partido de la oposición y gobernante en autonomías y ciudades, debido a la pinza del sanchismo con Vox. Y, tercero, dar cuenta de que en la derecha española democrática existen numerosos intelectuales con la misma capacidad y brillantez que en otros lares. Sin duda, a estos intelectuales se les arriman los aprovechados, los que van de rebeldes y no saben lo que es un régimen totalitario o iliberal, los que van buscando vender «su» libro o los que simplemente se apuntan allí donde puedan comer durante la semana en este o aquel acto.

Entre estos intelectuales no verán libertarios à la Milei, ni hijos del gustavo-buenismo, ni cosas espeluznantes que se ven en televisión y, a veces, se escuchan en la radio. Son personas formadas, con sus respectivos trabajos importantes y universitarios, que no tienen la intención de vivir de la política sea directa o indirectamente como puede pasar con escritores o periodistas y que parten de un impulso cívico. Sobre el sanchismo y sus trapacerías no hace falta hablar pues son bien conocidas y cualquier persona, sin ideologizar, entiende lo que viene pasando aunque solo fuera no tener capacidad legislativa, ni haber presentado presupuestos en toda la legislatura. Es el ámbito de la derecha donde estos intelectuales ven el mayor peligro y donde actúan en los últimos meses de manera abierta.

Toman como consigna la moderación, algo que cualquiera con dos dedos de frente sabe que nada tiene que ver con la pusilanimidad —aunque les acusan de ello los contrarios—, desde los valores que representan para hacer ver a la ciudadanía que no hacen falta radicalismos, ni mentiras, ni convocar a las masas a otro 18 de julio —en el otro lado están con el mito del 16 de febrero. Los valores que nos hemos dado los españoles y que tan buen resultado han generado, con las normales fallas de todo sistema, el cual necesita tiempo para la autopoiesis, que diría Niklas Lühmann, son fundamentales para progresar y avanzar en todos los órdenes de la vida. No hay que dejarse llevar, ni por las mentiras del sanchismo, ni por los paraísos recuperados de los populismos. Desde un realismo muy propio de la derecha gubernamental, presentan batalla frente al entreguismo de los populistas e iliberales; la falsa bandera de los derechos humanos, la cual depende del humano que sea es derecho o no; las incapacidades para gestionar lo público; la utilización del catolicismo como elemento divisorio o sustentador de políticas anticristianas…

Por eso habrán notado que, de un tiempo a esta parte, hay más personas de derechas que invitan a que no se haga de PP-Vox algún tipo de bloque de derechas, sino que el defienden con ahínco que el PP debe liberarse de Vox y estar tan lejos como pueda. Si hay que pactar, porque no hay otra alternativa, exigen una dureza en la negociación y dejar bien claro qué se va a hacer y quiénes lo van a hacer, sin permitir injerencias de Madrid, ya sea para trincar el dinero público, ya sea para dificultar el mero gobierno. Ven que esa imagen, básicamente construida desde los medios de comunicación —muchos de ellos con dos velas puestas, al santo y al diablo— y potenciada por algún elemento discordante del propio PP, les perjudica gravemente por dos razones. Una, electoralmente pues les impide crecer hacia el centro. Dos, políticamente ya que lo que el PP defiende nada tiene que ver con lo que hace Vox, interna y externamente.

El PP es europeísta antes que trumpista o sionista. Entienden, estos intelectuales, que la magra, pero suficiente, legislación internacional valida las posibles intervenciones humanitarias o sirven para hacer frente a las agresiones a los países democráticos. De ahí las discrepancias con otras fuerzas respecto a la guerra de Ucrania y, ahora, con los ataques alocados a Irán. Que no es que apoyen al régimen dictatorial iraní, no, pero hay fórmulas internacionales para haber evitado el sindiós que tienen ahora. También es demócrata-cristiano —pese a los esfuerzos de Ángel Garrido de eliminar esa identificación en los congresos peperos— y por ello no comparte el uno evangélico-sionista de Dios para las tropelías de ciertos gobiernos. Es por ello que, en los últimos días, están señalando a los populistas pro-trumpistas, quienes se abrazan a cualquier santo de forma torticera, por el atronador silencio por lo que viene ocurriendo. Como tampoco dicen nada, los trumpistas, sobre las expulsiones y ataques a los católicos en el Líbano…

También estos intelectuales se quedan a cuadros cuando escuchan hablar a la portavoz del PP defendiendo el secuestro y apaleamiento por parte de Israel de un soldado español. Una cosa es que Israel pueda ser un aliado y otra es permitirles estos ataques a un compatriota que forma parte del contingente de la ONU, no del sanchismo, no, de la ONU. Pelos como escarpias tras la comparación con un control de la Guardia Civil y la poca visión de Estado de la portavoz. Bien es cierto que estos intelectuales, off the record, tampoco es que hablen maravillas de algunos de los dirigentes del propio partido por la poca visión estratégica. Con la fácil que hubiese sido pedir al gobierno que exigiese explicaciones públicas a Israel y sobre ellas pronunciarse. Eso si se tiene miedo a los aparatos ideológicos del sionismo internacional.

En los últimos días, este grupo de intelectuales se viene dando cuenta de que desde el populismo, y un poco desde su propio partido, se les está haciendo gratis la campaña al sanchismo. En días, el presidente ateo y plurinacionalista ha conseguido defender al catolicismo y a la patria de forma más intensa que los que van con la bandera todo el día en la mano y dicen rezar el rosario cada tarde. El ataque, algo de razón tiene Jasiel Paris en su artículo en The Objective, de los aparatos ideológicos imperiales contra León XIV por su perfecta defensa de la Doctrina Social de la Iglesia y la independencia de la Iglesia, no ha obtenido respuesta de esos supuestos católicos o neocatólicos, incluyendo alguno del PP. Esas amenazas con Aviñón del ser anaranjado, que han recibido aplausos de algún gustavobuenista que va impartiendo doctrina teológica —y saber e historia y ciencia política y sociología y…— y algún patriota, han tenido una respuesta contundente de estos intelectuales porque hasta ahí se podía llegar. Como ha afirmado alguno, luego correrán a besar el anillo en la visita del romano pontífice, pero hoy callados porque, en realidad, como bien les vienen desnudando, son articulaciones del trumpismo global.

Como dice Giorgio Agamben: «Una sociedad de cómplices es más opresiva y asfixiante que cualquier dictadura». Igual no han leído al pensador italiano, pero sin duda estos intelectuales no quieren vivir en una sociedad de cómplices sino de personas maduras y autónomas, que es lo que, entienden, defiende el PP sobre otras posibilidades humanas. Si la Iglesia católica es el katejón a nivel global, ellos quieren serlo en lo terrenal español. El katejón contra el Castejón vale, el chiste es malo y contra el populismo patriota vendido al poder imperial.

viernes, 3 de abril de 2026

Alguien que piensa en el PP y lo cuenta



El texto de Miguel Ángel Quintanilla Navarro, Contra la ruptura (Ediciones Encuentro), es muy «pepero». Esto es, supone una explicación sobre lo que acontece en España, en el mundo y dentro de su partido realizada por alguien que es del PP y busca algún beneficio para el PP. No lo esconde el autor y cualquier lector sabe desde la primera página a qué se enfrenta. Si usted tiene prejuicios o está completamente obnubilado por lo que dicen, inducen y/o cuentan en otro partido, no es su libro. Como dice Armando Zerolo, instigador del texto que se analiza, si es «partícipe de la creencia de que la única posición justa en el debate público consiste en destruir las posiciones contrarias no puede explicarse ni por la educación, ni por las circunstancias, sino sólo por algún tipo de psicopatía» (Contra la tercera España, Deusto, pág. 45). Si usted, pese a tener una visión del mundo informada por otra ideología o posición política, entiende que el debate y el conocimiento mutuo no es malo sino que ayuda a lo democrático, incluso a la convivencia, puede bucear en las páginas de este libro para conocer cómo piensan en el PP, al menos algunos, respecto al espíritu de época actual.

Una vez contextualizado el texto y el autor, ya se puede analizar el libro con tranquilidad. El primer capítulo, y no es algo descabellado, versa sobre el «Bloque de ruptura». No piensen en secesionistas o malandrines, que también, sino en ese bloque que parece haberse instalado tanto en lo parlamentario como en algunos aparatos ideológicos, el cual no hace más que insistir en lo malo que es el régimen del 78, cuánto mal ha hecho la transición o lo bueno que sería cambiar la constitución para hacer de España esa isla de Utopía donde el maná saldrá de los grifos y todos llevaran vestidos realizados con hilos de oro igual es excesiva esta última descripción, que no es de Quintanilla sino mía. Bloque en el cual no solo está el gobierno actual y sus socios sino Vox. No deja de señalar los problemas que tiene el PP con ciertos localismos y regionalismo, muy evidentes y que le hacen similar en aquello que se intenta afirmar a nivel estatal el caso del gallego, siendo Núñez Feijoo presidente, es un ejemplo de esto, lo que ha llevado a acuerdos a nivel municipal y autonómico con Vox que son poco lógicos.

Frente al bloque de ruptura, en el que está incardinado Vox, cabe recordar, Quintanilla propone una vía dialogante, moderada pero firme y basada en un análisis de la realidad. El consenso, siempre que se realice mediante el reconocimiento del otro, incluyendo sus derechos, dignidad y obligaciones, no es mal camino, ni una «falta de intensidad en las convicciones». Tan solo es practicar la democracia sabiendo que no siempre se tiene la razón en todo, ni el otro es un incapaz, o un mal patriota, o cualquiera de esas frases grandilocuentes, sibilinas y divisorias que suelen escucharse en lo político. Porque parece que lo político, ya que hay tantos amantes de Carl Schmitt, es solo la confrontación amigo-enemigo, y no, no es así. Eso es una fabulación que viene muy bien a todo tipo de populismos. De ahí que califique el autor al bloque de ruptura como «una sucesión de amenazas cruzadas con as que se pretende la extinción de formas de vida españolas».

Tras este primer apunte que ya muestra a las claras la posición de una parte, creo que buena parte, del PP, se lanza a un análisis de la caída de su partido y algunos motivos, basados en estudios, del porqué de la situación actual. Lo más destacable es ese sentido de tratar a los electores, a la ciudadanía en general, de poco menos que inculta. Lo dice bien en su texto, los electores españoles son, incluso, más leídos y cultos que los propios políticos. Este es un mal de toda la clase política. Ese pensar que por cuatro tuits y tres gritos en un plató de televisión una persona, con formación universitaria o de grado superior profesional, va a cambiar el voto es estúpido. Se puede movilizar voto que se iba a perder o perderlo si había dudas hasta un 3%, según cálculos de Julián Santamaría hace años, pero antes de la campaña, el voto o no voto está prácticamente decidido. Por tanto, el error del PP debe estar en otro lado. Y ese otro lado, obviando cuestiones internas menores, aunque Quintanilla lo ve en el congreso de Valencia donde perdieron las huestes de la reina de las ranas donde se postuló un camino de reformas que se quedaron en nada, es algo mucho más profundo: como diría Anguita, el programa.

Desde luego va mucho más allá del programa, es una forma sencilla para que ustedes piquen y compren el libro, pero sin una clara comprensión de España, de lo que demandan realmente los españoles, no hay nada que hacer. Claro que se pueden ganar elecciones, pero a un costo enorme de dinero público en publicidad institucional esto también lo digo yo, no Quintanilla. Lo importante para el autor es mantenerse firme en la agenda reformista. Quien piense que España no necesita retoques por ejemplo, digo yo, eliminar esa publicidad institucional o subvenciones de ese tipo—, es que vive en otro país. Quien piensa que debe ser derribado todo para construir el reino de los Austrias o el paraíso de los penes lesbianos, está fuera de la realidad. El autor propone seguir una senda liberal, conservadora y demócratacristiana, con las paradojas que lleva en sí esa mezcla, para poder volver a situar a España en el buen camino. Y no es necesario acabar con el régimen del 78 sino dar un paso más, algo que no han hecho los tres últimos presidentes por distintas razones.

Para llevar a cabo esto, dice Quintanilla, hay que tener claro que Vox no es aliado, ni son peperos enfurruñados, ni nada por el estilo, sino un partido populista y contrario, por mucho que digan, a los mínimos principios democráticos que los españoles se han dado. El «desafío a la institucionalidad y las costumbres políticas en las que desembocó la Transición» está extendido a derecha e izquierda del PP. El «voto del miedo ni el voto útil le funcionan ya al PP», ergo tiene que lanzarse al ataque, por así decirlo, con las armas que se han venido desarrollando en el interior del propio partido pero a las que nadie hace caso. Aquí, permítanme este inciso, creo que Quintanilla, junto a otros, se han dejado las pestañas analizando, estudiando, comparando, escribiendo y proponiendo políticas, algunas de las cuales aparecen en el texto, sin que les hayan hecho caso y se queja… con razón añadiría. Es algo típico de los partidos actuales despreciar el talento interno, especialmente cuando no encaja con la idea o la capacidad de quien está al mando.

El PP tiene la misión, entiende el autor, de acabar con esa radicalización, esa polarización y populismo que no es ni generacional —aunque están intentando que lo sea—, ni «territorialmente simétrica». No puede haber partidos vinculados por «alianzas negativas o por investiduras-muro». Eso provoca problemas mayores como se ve en la actualidad, donde se espera que algún día pueda haber presupuestos de la Administración estatal. Una división que comenzó con José Luis Rodríguez Zapatero y que ha llegado hasta nuestros días extendiéndose. El autor quiere ver en el dóberman de Felipe González ese inicio pero no fue así. Estuve, por así decirlo, pululando por allí en esa campaña y les aseguro que no era tanto ruptura como reacción a la «crispación» y la «conspiración» en los años del felipismo —algo de lo que se olvida el autor, no se sabe por qué—. Algo así como, vamos a jugar al mismo juego y solo con la intención movilizar electorado absentista. Lo que vino después es algo muy distinto y más peligroso, como expresa Quintanilla. El terreno de juego actual es, sin duda, producto de la izquierda postmoderna —alguno diría, con razón, posmolerda— y de los nacionalismos y sobre ese terreno de juego quiere competir el autor mediante el centrismo y sin rupturas.

El bloque de ruptura, donde, hay que insistir, está Vox, debe ser derrotado por el constitucionalismo o como afirma «atraer hacia sí a todos los españoles que quieran seguir siéndolo y deseen convivir amparados por la Constitución, el autonomismo, el europeísmo, el bienestar y el respeto de las leyes». Desde luego no se refiere al nuevo centro de Aznar en sus años de correrías con Blair y Schröder, sino a una posición imaginaria a la cual son impulsadas las personas por la presión de los extremos. Intentar que la «posición correcta llegue a ser la posición ganadora». Alguna base existe ya que, según la apreciación del autor, en esa posición correcta está tan solo el PP y una mayoría social a la que debe convencer pues, en ella, no solo hay personas de derechas.

Sin necesidad de destripar el libro, Quintanilla propone una serie de soluciones, algunas cortoplacistas por necesidad, para que el PP retome la senda reformista. Les puede sorprender la «España como ofrenda» de clara influencia democristiana en un intento de para los procesos de disolución y que tiene su punto Habermas, mucho más que el prostituido patriotismo constitucional del zapaterismo-sanchismo —estoy por jugarme el coche a que no han leído al recientemente fallecido pensador alemán y/o no lo han entendido. Un saber dónde se está y para qué se está, no dependiendo de las demandas constantes e ilusorias, en muchas ocasiones, de los populismos. En realidad, aunque no lo cite así, una viva expresión del realismo político. Se apoya bastante en el ámbito democristiano para derrotar al populismo y esa constante negación del ser que hacen del otro —aquí le recomendaría a Quintanilla y a cualquier otra persona interesada, un muy cuidado estudio sobre ontología trinitaria de Tomás J. Marín Mena, Alteridad y amor (Secretariado Trinitario)—, esa criminalización del que no opina igual, esa extranjerización en la propia tierra de cualquiera que se atreva a pensar por sí. Luego habrá políticas concretas para circunstancias del día a día, pero no es malo que se quiera frenar la sangría o la posibilidad de gangrena antes de gestionar las otras dolencias del enfermo.

El libro termina con un capítulo dedicado al católico en política, el cual deberían leer todos los católicos sinceros sean o no del PP. Un capítulo con el cual estoy completamente de acuerdo y del que no voy a contar nada porque es mejor que lo lean. Si he hecho referencia a «católicos sinceros» es porque, viendo cómo se vienen comportando algunos, que se dicen católicos, últimamente en el PP y en Vox, la matización es importante. No puede ser que, por influyentes que sean algunos lobbies, no se denuncien ciertas agresiones a cristianos. De buenas formas, pero exigiendo respeto. No es normal que se muestren muy constrictos en estos días de Pasión y luego se trate al otro con poco respeto. El que es católico, lo es incluso contra su propio partido. Pero no es este el debate principal.

Lo mejor de todo el libro, en términos de política de actualidad aunque no tan banal como aparenta, es la negativa en todas formas posibles de cualquier tipo de pacto con Vox. Como bien dice Quintanilla, no hay mejor aliado del sanchismo que el partido de Santiago Abascal. Entre otras cuestiones porque la esperanza de Vox no es ganar o pactar con el PP sino acabar con él, acabar con cualquier política constitucional-liberal. Además de ser un grupo para llevárselo crudo —esto lo escribí yo hace dos años en Diario 16 cuando existía—, quieren establecer una sola verdad para todos los españoles y cambiar el sistema no por uno que pueda servir a todos los españoles, con independencia de sus visiones del mundo, sino a esa verdad revelada que es un retorno a la oscuridad frente al iluminismo. Es evidente que al PP, como dice Quintanilla, no le va a quedar otra que llegar a acuerdos con Vox para formar gobiernos, pero sabiendo con quién se pacta y a ser posible sobre mínimos. Sabiendo que en realidad van a estar en la oposición siempre. Se ha visto donde se ha compartido gobierno como Ciudad Real —busquen en la prensa y verán— o donde han sido apoyo parlamentario.

El libro, como les he dicho, es muy interesante para un votante/simpatizante del PP. Contiene alguna apreciación histórica un tanto errónea, pero que no viene al caso airear aquí, pero es una base para construir… si es que esta vez les hacen caso. Desde luego, no tienen que tener prisa por auparse en las encuestas, ni creerse las que se publican. De hecho, al PP le iría mejor si no hiciesen caso a las encuestas en general y se pusiesen, como pide el autor, a trabajar en cuestiones de más enjundia. Conozco a dos o tres que orbitan en esa senda y la verdad es que tienen razón en sus planteamientos teóricos. Ahora bien, ¿las personas que están al mando son las adecuadas para ello? No está mal tener algún perro de presa, aunque sea un dóberman, con el que morder a los contrarios, es parte del espectáculo político —aquí me reconocerán que no ha existido ninguno mejor que Alfonso Guerra para eso. Incluso se puede y se debe dar visibilidad a algún purista de las esencias más conservadoras o más democristianas, que las personas no vean algo monolítico siempre ayuda a sumar. Pero no puede ser que todos sean perros y estén al ataque constantemente. Algo tan sencillo como que se vislumbre un posible gabinete en la sombra. Con todo lo torpe que fue Pablo Casado en algunas cosas, creo que tenía mejor equipo en ese sentido. En una sociedad tan visual, las personas cuentan. No son lo principal, pero cuentan.

Otro error ya lo ha denunciado Quintanilla, como es el localismo o regionalismo expansivo. En el PP se tiene la manía de hablar políticamente en términos nacionales cuando no toca. En algún caso hasta se le pregunta por su Comunidad y siempre responde Pedro Sánchez. Eso, gracias a la potencia del dinero destinado a publicidad institucional, hace mucho daño a la imagen del candidato y del propio partido a nivel estatal. Ahí tendría algo que hacer Génova porque muchos votos no llegan o se van por estas cuestiones. Por ejemplo, si estar relacionado, Carlos Mazón debía estar fuera de las instituciones hace tiempo, no por culpable penal, sino por lo demás. Y, sin embargo, ahí sigue. Se puede estar diciendo una cosa, incluso solicitando dimisiones, mientras uno hace lo mismo. El fariseísmo que se observa en el PP actualmente, producto de mucho de lo que cuenta Quintanilla en su libro, perjudica tanto como la acción prosanchista de Vox. Y luego hay problemas de discurso y estrategia política, pero me los voy a callar porque las cosas están muy mal en España y uno es un profesional de la materia. Si Quintanilla se invita a algo igual le cuento alguna.

No compartiendo todo lo que dice, es bueno que esto libros políticos tengan recorrido, vamos que se vendan, y no solo para que la editorial del apreciado Manuel Oriol siga ofreciendo buenos textos, sino porque permiten un debate sano, razonado, propio de personas de talante democrático y que tienen como principal misión el bien común. Se puede discrepar pero, si lo piensan bien, todos los caminos llevan a Roma, que es hacer que España vaya bien.

martes, 24 de febrero de 2026

Sobre los papeles del 23F

 


El Gobierno ha decidido realizar una pirueta más en su política de oscurecer su completa incapacidad legislativa, ergo gubernamental, al expresar que mañana mismo se desclasificarán los papeles del servicio secreto sobre el 23F. Uno de esos lugares comunes para la conspiranoica popular o de los amargaditos que aunque no se lo crean son unos cuantos. Los que no les gusta la transición, los que no les gusta la democracia, lo que nos les gusta el PSOE (de derechas e izquierdas ex aequo), etc., con la cual pueden tener entretenidos a medios y sufridores ciudadanos un par de semanas.

Los más mayores del lugar se han preguntado, con razón, ¿queda algo por salir que no se haya dicho ya? La verdad es que, salvo que se diga que el golpe lo preparó Suárez junto a Torcuato, no queda nada importante que decirse. Todo se ha contado, todo se ha publicado.

Juan Carlos tramó todo

Están los conspiranoicos que creen que esto es un paso para descalificar al emérito y de paso cargarse la monarquía para instaurar una república de los penes lesbianos y las nacioncitas de las lenguas andaluzas. Eso sería concederle demasiada inteligencia a Sánchez. Él es un resistidor, no le pidan inteligencia, menos después de todos los efectos especiales que ha venido mostrando en los últimos años. Muy del gusto del sanchista con problemas cognitivos y del fachita de zapatillas con velcro, pero poco más.

¿Participó directa o indirectamente el monarca en lo del 23F? Sí. Se sabe. Los dos generales que se sublevan son monárquicos antes que franquistas lo eran con don Juan y los siguieron siendo con su hijo. Esto indica que, cuando menos, desde la casa real hubo algún comentario al respecto. Que Armada llegase como «salvador» del golpe al congreso, también es indicativo de que, sino directamente, Juan Carlos no lo paró.

Porque el rey lo sabía perfectamente. Como es conocido, Enrique Múgica acudió a una cena con el general Armada a Lérida donde éste le planteó al socialista que igual habría que provocar un golpe de mano para cambiar un gobierno desorientado y poner uno de concentración donde el PSOE tendría su hueco. Múgica le dijo que debía poner en conocimiento de la Ejecutiva la propuesta. Esto se discutió en la dirigencia socialista de la época y Felipe González ordenó a cierta persona, encargada siempre de los contactos con el rey, que se lo comunicase al monarca. Juan Carlos respondió que ya le habían llegado rumores. El PSOE no contestó a Armada y dejó todo en manos de la casa real.

¡Quitadme a Suárez!

También corre la tesis de que Juan Carlos provocó el golpe porque ya no se quería con Suárez como antes. Tesis bastante estúpida por varias cuestiones: primera, se produce el golpe en la sesión de investidura de Calvo Sotelo, el reemplazo del primer presidente; segunda, la UCD había estallado en el Congreso de Palma de Mallorca y ya se producían los primeros movimientos hacia AP; tercero, la moción de censura del PSOE el 31 de mayo de 1980 ya había dejado claro que los cambios estaban próximos sin necesidad de alterar el funcionamiento democrático.

Sí pudo haber tenido su influencia el monarca en Armada pues las reuniones del general con Múgica y, se dice, que Tamames fueron anteriores a la dimisión de Suárez. Con Múgica el 22 de octubre de 1980. La dimisión se produjo el 29 de enero de 1981 tras una trampa del monarca que le llamó a Zarzuela y le dejó reunido con varios generales que le «hicieron ver» que era mejor irse ahora que más tarde. La famosa reunión, aunque fuese falsa la anécdota, donde le enseñaron una pistola y le ofrecieron utilizarla. Toda vez que se haría con el gobierno Calvo Sotelo y le tocaría aguantar un año más ¿para qué provocar un golpe de Estado?

Hacer entrar en vereda a los militares

Tras la opción «De Gaulle», la Suárez, llega la opción hacer entrar en vereda a los generales. Cierto es que en la Junta de Jefes de Estado mayor les daba repelús hasta la llegada de los socialistas y hablaban muy mal de Suárez por su mano blanda para acabar con el terrorismo de ETA, GRAPO y demás grupúsculos terroristas que existían en aquellos años. La operación Galaxia se había producido ni dos años antes ese intento de golpe planeado por Tejero, Sáenz de Ynestrillas y algunos civiles más, retendía tomar al asalto el palacio de Moncloa y secuestrar a Suárez y ruidos de asonadas había cada dos por tres. Incluso antes de la llegada del PSOE al gobierno, durante la misma campaña electoral, hubo otro intento desarticulado.

¿Pudo el monarca tener la suficiente inteligencia para pensar que habría que dejar dar el golpe a Tejero y a Armada, tener con él a los fieles y hacer entrar por el canuto de la democracia a los demás generales? En esos tiempos, después de haberle tangado a UCD algún milloncejo de dólares gracias a Prado Colón de Carvajal, estaba más preocupado de Paloma, de Bárbara y de cualquier otra cupletista de las que destacaban el la televisión el que es borbonazo no cambia. Cuestión distinta es que el golpe y la nula reacción de los españoles, en general acongojados por no decir acojonados, igual les hiciese entrar en vereda. Eso y el aumento de sueldo de González cuando se hizo con la riendas del gobierno.

Sí es cierto que algo, respecto al terrorismo etarra quedó sellado en el capó delante del congreso de los diputados. En el famoso pacto del capó donde Tejero se entregó, se estableció la creación de un grupo paramilitar o parapolicial que actuase contra el santuario francés de ETA. Y así de paso obligar a Francia a colaborar en la lucha contra el terrorismo. Sí, en el pacto del capó se creó el GAL. Pese a las actuaciones, consentidas desde Interior del Batallón Vasco Español, se decidió crear algo más profesional y que cuando llegaron los socialistas al gobierno estaba operativo. El GAL no lo creó González, fue producto del 23F con el conocimiento del monarca y, posteriormente, de AP y PCE. Esto lo ha contado Verstrynge en sus primeras memorias, junto con la reunión que hubo en el congreso de González con los demás para ver si iban para delante.

La lista que nunca existió

Desde la afirmación de Sánchez ha circulado una lista la primera vez fue publicada por El Alcazar con una serie de nombres. Una lista que jamás enseñó Armada a Tejero porque no existía. Mejor dicho, igual Armada la tenía en su casa o despacho, pero no le enseñó nada a Tejero. La negativa a la operación «De Gaulle» vino porque el general le dijo que, salvo nacionalistas de todo pelaje, entrarían los demás partidos, incluidos los comunistas, en ese gobierno de concentración. Y por los comunistas no pasaba Tejero. Se fastidió la rendición rápida que esperaba Armada y hubo que renegociar lo anteriormente dicho.

¿Supone eso que el PSOE, como dicen algunos, habría estado detrás del golpe? Un PSOE que ya era primera fuerza en las encuestas en aquella época se hacían sin tantas intenciones, que gobernaba en la mayoría de capitales de provincia, que se había quitado la losa para González y cía. del marxismo, que estaba a punto de tocar el gobierno con las yemas de los dedos ¿se iba a meter en ese berenjenal toda vez que Suárez había dimitido ya? ¿Sin contar con el apoyo de los generales? ¿Sin contar con el visto bueno de Washington y Bonn? Quiero recordarles que aquellos políticos, da igual la tendencia, eran gente seria y con dos dedos de frente, no como los de ahora.

En resumen, el rey estuvo en el ajo, por acción y/u omisión, pero se echó para atrás o no se echó para adelante. Nada que no se sepa. Bien es cierto que luego se construyó el mito del salvador de la democracia y demás cuestiones. Pero que lo sabía, lo sabía. Como lo sabían o intuían todos los demás partícipes de la clase política. Cuestión bien distinta es que pensasen que no se atreverían o que no se lo tomasen en serio. En Zarzuela estaban avisados y lo que posiblemente les pillase por sorpresa fuese la fecha escogida. Algo que vino muy bien, por cierto, para meter a España en la OTAN, que también se ha contado.

¿Qué puede quedar por salir?

Poco más que confirmar alguna de las versiones ya conocidas. Algún nombre de un militar ya fallecido que no estuviese. Las llamadas de Tejero a algún compañero cagándose en todo lo imaginable. Datos sobre reuniones. Fechas que van cambiando. No va a salir ninguna cinta del Borbón diciendo esto o aquello, ni de algún político pactando gobiernos, ni nada de eso. Sobre el 23F se ha contado el 95%, el 5% restante no serán sorpresas sino confirmaciones. Eso sí, tendrán a la prensa mema haciendo lo que mejor se le da en estos tiempos, titular escandaloso, tertulianos diciendo estupideces y el pueblo alelado, mientras, las cosas del comer sin arreglar.


miércoles, 18 de febrero de 2026

La jugada genial para Rufián… pero no para la izquierda

 


Lo de Gabriel Rufián, además apoyado por el stablishment neoliberal progresista de la capital, es de las cosas más asombrosas que se han dado últimamente. Aprovechando el supuesto miedo a Vox, que ni es fascista, ni nada por el estilo, sino simplemente un grupo de colegas para trincar, quieren hacer una alianza de las izquierdas, a la izquierda del PSOE, claro, como recuerdo estúpido de los frentes populares de los años 1930s —que sí se enfrentaban al fascismo de verdad—. Una alianza de izquierdas para lograr optimizar los votos.

A nadie se le había ocurrido desde el pacto Almunia-Frutos el «pacto de los botellines» algo así. La historia demostró que dos más dos no suman en política cuatro, pero hay que volver a intentarlo. Rufián ha mostrado, dicen, pragmatismo al establecer cuatro puntos de unión y resolver las disputas por provincias. Esto es, si en una provincia es más fuerte Sumar, el resto se retira y se apoya a esa candidatura; si es Podemos, lo mismo… No mezclarse, sino apoyar a esa candidatura que es mayoritaria sin peleas por sillones o tal y cual.

Ahí está la jugada donde la izquierda fucsia es engañada. Si en vez de mirar desde la perspectiva de Sumar, IU, Podemos, Más leches y demás, se mira desde la perspectiva de ERC, Bildu, BNG y Compromís hay un cambio evidente. Ya se dijo que a cualquier nacionalista lo que le preocupan son «sus» trabajadores, si es que le preocupan porque no les importa importar mano de obra barata, siempre que se haga del terruño. La jugada de Rufián, que apoyan los herederos de ETA, es genial porque si los comunes, los que recuerden al PSUC y demás votan a ERC, harán que esta formación política pueda ser la primera en Cataluña. Bilbu la primera en el País Vasco, con BNG y Compromís dependiendo, paradójicamente, del ascenso de Vox en sus territorios para serlo.

Entonces el mapa político tendría por comunidades cuatro donde los nacionalistas serían fuerzas principales, dándose el caso de tener mayoría con el añadido de los nacionalismos liberales y burgueses en dos de ellas. Cerca o alcanzando el 50% de los votos. ¿No lo ven todavía? Vamos a otra de las cuestiones que ha dicho Rufián.

Entre los cuatro o cinco puntos de acuerdo está el «derecho de autodeterminación». Algo que los zonzos podemitas y sumaristas apoyarían sin dudar. ¿Lo van intuyendo ya?

Vamos a explicarlo. Con, especialmente, dos provincias de mayoría nacionalista en número de diputados en el Congreso se pediría la autodeterminación porque «son mayoría». De gobernar la derecha sería lo mismo con mucha propaganda de pueblos oprimidos cuyas mayorías no son escuchadas. ¿A que ya lo han visto?

Con la engañifa del frente de izquierdas antifascista —de Alliança, Junts o PNV como racistas nazis no dicen nada— al final Rufián aparece como el libertador de Cataluña y el País Vasco. Los podemitas y los sumaristas tiene cuatro mierdas de escaños y han sido los colaboradores necesarios de la treta independentista. ¿Los trabajadores? Jamás les han interesado realmente. Donde gobiernan no hay políticas para ellos. Y toda la prensa progre como imbéciles apoyándolos. De donde o hay, no se puede sacar.

jueves, 12 de febrero de 2026

No entiendo las dificultades de PP y Vox para pactar

 


O el PP está lleno de incapaces nada descartable porque le afecta ese elemento oligárquico de todo partido político, Robert Michels dixit, o no se entiende esa alergia para pactar con Vox. Normalmente, ahí están los hechos, quien pacta con elementos «populistas» un gobierno acaba por desmontar al populismo. Teniendo más apoyo ciudadano y más diputados eso ha venido sucediendo. Miren el caso de Andalucía. Miren el caso de Madrid donde los populistas del sistema, esos que se hacían llamar Ciudadanos, desaparecieron. Miren el caso del gobierno estatal donde Podemos se ha quedado en cuadro. Cierto que para demagogos Sánchez e IDA, pero es el juego amigos.

Empíricamente, por tanto, no existe un problema para pactar. Más cuando se compite en la misma parte del espectro político. Al final, el demagogo, el saltimbanqui de la política, cuando debe ponerse a gestionar o no sabe, o comete los mismos o mayores errores que los partidos más sistémicos. En la historia hay casos de populistas que han llegado al poder, pero siempre ha sido en solitario y mediante el uso de la fuerza bruta en las calles. No es el caso. De ahí que deba haber algún tipo de impedimento ideológico para alcanzar tales pactos.

Si se leen los programas de ambos partidos, algo que no han hecho ni los propios dirigentes, la realidad es que ambos juegan en el mismo marco práctico. Capitalismo de amiguetes, externalización de servicios públicos, contención del gasto productivo del improductivo pueden tener discrepancias entre repartir a unos amigos u otros, a míos o a los tuyos, vamos, y potenciación de los grandes grupos empresariales que algo dejarán a pequeños empresarios y autónomos. Vamos la misma política económica.

Respecto a cuestiones de tipo más social y cultural puede haber discrepancias, dependiendo del lugar más o menos, pero no parecen insalvables para lograr un acuerdo. Unos quieren subvencionar los toros y otros a los medios de comunicación. Unos quieren quitar las subvenciones a todo lo que huela a moderno o posmoderno y otros piensan que la sociedad ha evolucionado un poco. Al final disputas por cuestiones que, en el fondo, les da lo mismo. Lo que hay detrás es llevárselo crudo y repartir con amigos. No piensen en algo realmente social o cultural. No es una disputa de alto nivel intelectual.

No habiendo problemas en lo básico ¿por qué no pactan? Porque el PP ha comprado el marco ideológico de las elites globales y a Sánchez en particular. Eso del peligro fascista es la mayor memez que se han inventado en las últimas décadas. Como estrategia política personal puede que le funcione a Sánchez, total el sanchismo es tan simple y tan para menores de edad mentales que es posible que cuaje en un porcentaje de la población. Vox no es fascista. Con suerte es una especie de evangelismo teocon, con la virgen del Rocío en la solapa, pero poco más. A eso le añaden una bandera de España más grande que las que pone el PP allí donde gobierna y ya estaría. Mucho español, pero a bajarse los pantalones y surtirse de muchísima vaselina con Trump o cualquiera que tenga poder.

Lo que debe hacer Feijoo, ya que sus candidatos parecen incapacitados, es alentar pactos de gobierno por escrito. Un programa de gobierno bien definido donde queden fuera las mayores discrepancias. Y luego un reparto, proporcional, de las consejerías incluso reduciéndolas en número si hiciese falta y sin miedo a otorgarles alguna importante. Que están muy interesados en el campo, Agricultura y/o Desarrollo local. ¡A ver qué hacen con problemas reales! Sin miedo, darles Empleo, a ver qué hacen con los SEPEs regionales, cómo trabajan con los desempleados de más de 45 años, con los chavales que salen de os estudios y se encuentran la nada.

Donde se desmonta a los demagogos es en la práctica. Sin poder y estando en el mundo de las palabras que carecen de efectos reales todos son muy buenos, pero, ¡Ay, amigos!, cuando se topan con la realidad, con personas de verdad, ni la estampita de la virgen Dolorosa les salva.

Si están solo a juegos de poder, como parece que hace la muchacha esta, no IDA sino Guardiola, no hay pacto posible. Si están con el miedo a Vox. Por cierto, ¿saben ustedes que el injertado de pelo, Francisco Núñez, se ha cagado por las patas abajo y ahora reniega del pacto firmado en Castilla-La Mancha para el aumento de diputados regionales del nuevo estatuto porque no quiere que Vox tenga mucha representación? Así está Feijoo, que no se entera de nada. Si están con miedo, decía, no es que les vaya a quitar votos Vox sino que van a cansar hasta a los propios fieles y van a desaparecer.

Cierto es que ambos partidos son agencias de colocación, como los demás partidos en realidad, de amigos, hermanos tontos y amantes masculinos y femeninos, pero pensar solo en eso es de estúpidos. Porque al final, la clase dominante acaba eligiendo una agencia de colocación, mete los millones necesarios y a otra cosa. A Feijoo se le está poniendo cara de Suárez, pero el del CDS. Igual los poderosos acaban por elegir otra agencia y acaban todos en el paro. Y con las edades de algunos, igual aquello de la prestación para mayores de 52 años no les parece tan malo.

¡Pacten de una vez que las diferencias no son tan grandes! De hecho son mínimas en las cosas de comer. Y luego ya se verá el trinque del yunque, o del hermano. Porque lo del trinque del hacendado, del Maligno o de otros similares está garantizado o acaban todos en la puta calle.

miércoles, 11 de febrero de 2026

No es tan difícil una política de izquierdas (y II)

 


De la teoría a la praxis

La izquierda, en general, destacó a lo largo del tiempo por ser constructora de maravillosas utopías que acabaron mal, de presentar los programas más bellos, de tener las mejores intenciones, pero luego han acabado palmando ante un programa vacío. Desde hace décadas, desde la Tercera Vía más o menos, viene fallando en la praxis, en llevar a cabo lo que dicen o presentan, materializar las propuestas. Porque en lo de ser destructores del pensamiento se han aplicado, y siguen haciéndolo, con vehemencia y eficacia. Eso sí, destinando cientos de millones de euros a la causa. Millones que se podrían haber utilizado en cualquier otra cosa más benéfica… para todos, no para la casta.

En los países europeos el mantenimiento de las infraestructuras es clave. Hay que aplicarse a mantener todas las infraestructuras erigidas y que son un bien social del Estado. Sanidad, educación, transportes, pensiones… Deberían estar centralizadas en el gobierno central pues son un bien común y, por ende, no deberían servir a causas y mezquindades particulares. Mantenerlas con suficiencia y sin explotación de los trabajadores, como sucede en la sanidad pública. Carreteras adecuadas, trenes dignos y con puntualidad. Educación no ideologizada y centrada en lo importante, no en las matemáticas andaluzas se ha llegado a esto aunque parezca increible, e igual para todo el alumnado. Sentido común y buena gestión. Porque de nada sirve invertir en magníficas carreteras para dejarlas sin mantenimiento, por ejemplo.

Hoy la vivienda es un problema, en parte por el susto del 2008, en parte, porque se han dejado de construir viviendas sociales. Viviendas dignas pero sin lujos ¿qué es eso de viviendas con pistas de pádel o piscina?. El tiempo transcurrido y la capacidad de cada uno dirá si se mudan o no. Terreno hay, incluso tenedores del mismo que estarían muy abiertos a negociar si se les ofrece alguna ventaja. Eso sí, a ser posible sin elevar la aglomeración que se viene produciendo. Por ello es importante no centrar todo en los grandes núcleos urbanos. Todas las políticas que se han llevado a cabo han sido centralizadoras a nivel estatal, regional o provincial. Todo en el mismo sitio. Una acción para ello ha sido la destrucción y abandono de infraestructuras de transporte o deslocalización industrial. ¿Por qué se debe trabajar y vivir en Madrid, Barcelona, Sevilla, Bilbao, Valencia, etc.? Cierto que hay mucho de tontería. Son miles a los que les lleva el síndrome de Stendal de las lucecitas pero, con las capacidades tecnológicas actuales, la mayoría de trabajos se pueden realizar a distancia y en cualquier lugar de España. La presencialidad, ese gran vicio empresarial español si quieren ver trabajadores se les pueden subvencionar unos maniquíes, a los que podrán gritar y todo, es innecesaria hoy en día por lo que el fomento de la movilidad territorial es un paso a dar. Y si va acompañado de mantenimiento y mejora de infraestructuras, mejor.

Todas las políticas clásicas de la izquierda son, hoy día, cuasirevolucionarias. La mayoría de ellas son de mero sentido común. También es verdad que antes existían «sindicatos de clase». Hoy en su mayoría, salvo excepciones muy minoritarias, son grupos de funcionarios y grandes empresas. Cuyos representantes están más en un despacho que en la calle. Por supuesto, nada que hablar de protestas, de conocer a los trabajadores. Cuando los califican de «comegambas» no van muy desencaminados. Son parte del mal. Eso de la lucha de clases les suena a tai-chi o yoga.

Tampoco están mejor las asociaciones de la sociedad civil. La que no está vinculada a un partido u organización empresarial, está a pillar subvención para seguir funcionando. No se van a pelear ni con hunos, ni con hotros. La desaparición de la sociedad civil es otra de esas actuaciones de la clase política que ha sido firmemente efectiva. Toca a la izquierda recomponerla mediante, no la subvención, sino el espacio necesario para que se desarrollen en libertad. Aunque protesten contra las políticas propias, siempre será mejor que la situación actual de acedia.

¿Qué dices de identidad?

Otra cuestión, que no parece quedar muy clara, es que cualquier nacionalista o regionalista que no deja de ser sino un nacionalista sin pretensiones es potencialmente un totalitario. Pensar que un nacionalista, el cual antepone esa «comunidad imaginada» a la igualdad y la libertad, pueda ser de izquierdas es partir de un error intelectual y práctico. Respetar que alguien pueda tener una identidad muy marcada, por vivir en una parte singular de un Estado o en todo el Estado, es parte del encuentro con el otro. Dejar que se pisoteen derechos humanos y la dignidad de las personas en base a esa identidad, no es de izquierdas, es de imbéciles. Todos esos andalucistas, navarristas, valencianistas, vasquistas, catalanistas, asturianistas o galleguistas que pululan por la llamada izquierda española, llevan en su fuero interno la bicha totalizadora. Si pululan por la derecha, también.

El clásico «¿Qué ha de lo mío?« acaba precipitando políticas de desigualdad, de persecución del otro, del que no se incorpora a la lengua, la cultura y lo que se les ocurra por el camino de la invención nacionalista. En España esto no es solo producto de la izquierda, la derecha ha sido muy arrastrada en ello. No es proteger un supuesto legado cultural, aunque las culturas desaparecen con el transcurso de los años, sino una forma de obtener ventajas competitivas. Al nacionalista de todo tipo no le preocupa la clase trabajadora sino «su» clase trabajadora, en el mejor de los casos. Los ejemplos de ello están a la vista de cualquiera en cualquier lugar con nacionalistas y regionalistas. Por todo lo anterior, ninguna política identitaria puede ser de izquierdas. Ni el indigenismo. Ni las orientaciones sexuales. Ni nada parecido. Respeto sí, pero ya.

Podría seguir enumerando posibles políticas pero, al final, es el propio contexto histórico el que acaba determinando esta o aquella lucha o política concreta. Desde luego la izquierda no puede ser capitalista, más por lo ideológico que lo práctico-empresarial, pero no puede desentenderse de la creación de riqueza. Debe fomentar que los cuerpos intermedios actúen incluso fomentando distintos tipos de cooperativismo para tener algo que redistribuir. La historia ha demostrado, con claridad, que aquello de la nacionalización de los medios productivos no ha funcionado. No son tiempos de empresas públicas o de control total de la economía, salvo, igual, es en el campo energético donde la izquierda deba luchar por el autoabastecimiento. No es concebible que calentar una casa cueste a una familia trabajadora más de 300 euros.

Tampoco debe ser la izquierda estatalista. Ese pensar que el Estado puede hacer de todo, acaba provocando, al final, un totalitarismo y un efecto Minotauro hay que alimentar cada vez con más víctimas que poco o nada tiene que ver con el «reino de las libertades», sino todo lo contrario. El Estado al final es de clase y dotarle de mayor poder es ir en contra de la lógica de izquierdas.¿No se había quedado que había que destruirlo? Lean a los clásicos, o sino a Balibar al menos. Debe intervenir para corregir las desigualdades evidentes o donde los especuladores intenten obtener ventaja de forma sucia. Además de la seguridad y la justicia, evidentemente.

Es una pena que la izquierda haya abandonado el humanismo tanto como el materialismo. Son una fábrica de supuestos derechos inventados o ad hoc, que provocan la invalidez de todos los derechos, incluidos los reales, los naturales, los humanos. Muchos derechos pero ningún deber. Si hay derecho, existe un deber. Porque a la gente se le llena la boca de derechos pero llegados a un punto olvidan los deberes que no dejan de ser, también parte, del bien común. Y es ahí, en el bien común, donde la izquierda tiene su fortaleza en términos políticos. Al menos de una izquierda que quiera gobernar autónomamente. Si se prefiere seguir las consignas de la elite global, si prefieren los penes lesbianos, si prefieren la identidades nacionales, antes que el bien común, que no deja de ser el de la clase trabajadora por ser mayoritaria, pues seguirá pasando lo que pasa. Se vota al menos perjudicial, o al que se entiende como menos perjudicial. Se necesita gente con sentido común en pos del bien común. No es complicado, Ahora bien, tocará buscar, cual Diógenes con su candil, ese tipo de personas con sentido común, las cuales quieran dedicar unos años a la política para servir, no para servirse. Lean a los clásicos y algo aprenderán sobre la izquierda… y la derecha.

martes, 10 de febrero de 2026

No es tan difícil una política de izquierdas I

 


Antes de nada hay que afirmar que hoy en día, bajo el contexto existente, no existe posibilidad alguna, ni capacidad para la toma de «palacios de invierno», ni revoluciones de colores o epocales, ni nada por el estilo. Incluso cualquier pretensión de transformar la sociedad choca frente a poderosos aparatos ideológicos y represivos. Hoy ser de izquierdas, si es que este calificativo tiene alguna vigencia, es simplemente tener sentido común y pensar, por ende, en el bien común de toda la población dada.

Se observa cómo el espacio político de izquierdas considerando izquierdas a demagogos, aliados rosas de las elites globales (luego están los azules), payasos e imbéciles (en el sentido de Pino Aprile y su «Nuevo elogio del imbécil», Gatopardo) que se autoperciben así se va reduciendo en todos los países europeos. Salvo muy mínimas excepciones, en todos sucede lo mismo, desaparecen los partidos socialdemócratas y comunistas por prostituirse con el progresismo y aparecen partidos de perturbados populistas con ideas de simio, en el mejor de los casos. Análisis propios de niños de cinco años y propuestas que van encaminadas a destruir cualquier pensamiento de sentido común y/o crítico cercano a lo racional.

La izquierda fracasa en todo el mundo, lo primero, por haber abandonado cualquier tipo de materialismo y cualquier humanismo el caso de la pobreza infantil es ejemplo perfecto porque se excluye de la visión que esos infantes, al final, tienen otros familiares o progenitores que también deben ser pobres, entonces no son solo niños pobres sino una amplia masa de pobreza. El ser humano ha dejado de ser el centro del análisis, el centro de las políticas, para dar paso a cualquier grupo de paranoicos o amargados de la vida. Toda la nueva izquierda ha sido capaz de acabar, en menos de dos décadas, con la dignidad del ser humano el que no es «raro», el común, con el que se toman un café, o se tomaban porque ya ni eso puede hacer el común de los mortales sin tener un supervisor del comportamiento al lado, con el feminismo, con el ecologismo, con la universidad, con la educación en general, con la clase trabajadora los «fachapobres» que dicen ahora desde sus mansiones o áticos posmodernitos, con la economía al servicio de los seres humanos, con la libertad, con la igualdad y la fraternidad. Su último invento es enfrentar a los jóvenes con los más mayores. 

Han establecido una agenda política totalitaria que será aprovecha por el otro lado del espectro para desarrollar la otra parte del programa de las elites respecto al ser humano, mucho más cercana al nazismo de lo que reconocerían, pues contiene cambios genéticos, una cultura de exclusión y persecución y la pauperización de la clase trabajadora. Mediante una política de asqueamiento, lumperización social y cultural y eliminación de todo pensamiento crítico. Ese ser hombre, blanco, heterosexual y currante es la serpiente en el paraíso de los unicornios y el brilli-brilli.

¿Qué han hecho por nosotros los romanos?

Recurriendo a la magnífica La vida de Brian, que era una crítica avanzada a todo lo que se venía cociendo y a la izquierda revolucionaria sesentera y setentera, cabe preguntar ¿qué han hecho por nosotros los romanos? Es decir, los socialdemócratas, los democristianos, los comunistas, los conservadores, los liberales, todos esos a los que califican de «régimen del 78», todos fachas actualmente y viejunos, «Boomers». ¿Qué han hecho los que hoy son mayores, los que luchaban en el sindicato, los que dialogaban con el contrario en busca del bien común sabiendo que, posiblemente, ninguno de los dos tenía toda la verdad de su parte, los del pensamiento materialista, los racionales, los…? No creo que haga falta hacer el listado pues cualquier persona «de normal para arriba» sabe el qué, el cómo y quiénes. Y eso no es parte de régimen sino de un sistema, mejorable, que ha permitido llegar al poder a todos estos ganapanes actuales. Si fuese un régimen que se defiende así mismo, no estarían en el poder toda esta banda de nescientes inconscientes. De hecho todos esos jóvenes a los que lanzan contra los mayores o el sistema, son lo que son gracias a que ha habido un sistema que les protege, les permite obtener cualificaciones, les procura libertad para ser lo que quieran sin molestar al otro, evidentemente. Si fuese por la nueva izquierda y la nueva derecha tendrían una mierda enorme y sin estar pinchada en un palo.

Cierto que hay una grave crisis respecto a la vivienda, con precios prohibitivos en los entornos urbanos hay que recalcar lo de entornos urbanos pues tiene su aquel y un problema de empleo de baja calidad, con sueldos de subsistencia, poco generadores de plusvalías económicas o riqueza social. Pero esto no es nuevo, viene sucediendo desde hace décadas lo que se llamó la ruptura del consenso de postguerra y que se exaltó con el susto de la crisis de 2008. Se decidió salvar a economía especulativa, principalmente, y no al ser humano. En esto vieron las elites que la clase política que llegaba era imbécil, tanto como para entregarse a ellos y su agenda de futuro. Desde ese momento han fomentado a cualquier payaso que pasaba por allí y que no les iba a tocar las ganancias. Son las propias elites globales las que se han separado de los pueblos, como dijo Christopher Lasch, las que fomentan el wokismo y su contrario el populismo identitario, las que están detrás de la división social, del extremismo. ¿No se da cuenta nadie? ¿No ven que los políticos de cada bando están ahí para llevárselo crudo y establecer una agenda exterior? Además de pedófilos y caníbales, esas elites que controlan occidente están derritiendo los cerebros de los seres humanos. ¿Por qué triunfan las canciones indies o reaggetoneras? Porque no son complicadas. Hacer buena música conlleva tener una mente abierta y crítica, justo lo que no se quiere. Todo análisis crítico, venga de donde venga, es vilipendiado.

Se recurre a adjetivos del pasado como «fascista» o «comunista» para asustar a personar cuya capacidad de análisis y/o sentido crítico ha sido perfectamente disminuido por los aparatos e instrumentos ideológicos del sistema. ¿No ven cómo se ríen los medios de comunicación de sus propios lectores-videntes? ¿No ven que les echan piensos compuestos de mala calidad para que la actividad cerebral disminuya y llegue a quedarse en ese 0,5% de las funciones básicas? ¿No ven que los tertulianos son siempre los mismos, en los mismos sitios, sabiendo de todo, ergo de nada, y que son potenciados por los demás aparatos ideológicos, como el editorial? Existe un borrado intencionado del pasado, especialmente del más reciente, cuando no se trata sino de una revisión inventada, y se les dice a los que lo han vivido que no, que eso no fue así como lo recuerdan, para eliminar que una vez existió un pensamiento crítico… con el propio sistema y dentro del sistema. Incluso los que dicen que son boicoteados por el sistema, hoy, son parte fundante del propio sistema. De hecho, están todo el día, en todos sitios, quejándose de que les quieren vetar. Quieren eliminar que hubo un enfrentamiento entre pensamientos distintos que produjo grandes ensayos, grandes análisis y grandes políticas encaminadas al bien común. Sin necesidad de aspavientos, de peleas, de esa dialéctica «amigo-enemigo» permanente.

Será con la llegada del neoliberalismo, en el cual influyó decisivamente Michel Foucault, y que decidió dividirse en dos para contentar a todo el espectro político, ha generado la destrucción del liberalismo, de la socialdemocracia, del comunismo, del conservadurismo y de cualquier pensamiento crítico. Si lo piensan bien, hoy en día, tienen más en común los «verdaderos» comunistas con los «verdaderos» conservadores, que cualquiera de ellos respecto a sus posibles más cercanos ideológicos. Cualquier discurso de un renovador como Georges Marchais, hoy, se parece más al de un conservador que al de un wokista. El Felipe González de 1982, por hablar de algo más cercano, hoy sería un peligroso extremista y en aquellos años se le llamaba traidor antisistema. Nos dicen que hay comunistas y fascistas y, como no hay memoria histórica sobre ellos, las personas acaban creyéndoselo. Primero los más incultos, a los que vienen derritiendo de cerebro, y luego a los más sectarios de cada grupo político. Una engañifa de la que son parte hunos y hotros.

¿Qué hacer?

El subtítulo o epígrafe queda muy leninista, la verdad, pero no queda otra que pensar en lo que se debe hacer. Lo primero, como explicaba bien Louis Althusser en Las vacas negras (Akal), es hablar y escuchar con detenimiento a la clase trabajadora. Hoy en día las condiciones objetivas de su trabajo no son tan obvias como el peligro del mecanicismo de la cadena de producción, la pauperización evidente y demás evidencias de los siglos anteriores. Hoy la clase trabajadora se desempeña en muchas funciones, la mayoría no manuales o físicas, y por ello es importante, al menos si se quiere actuar firmemente, saber qué, cómo, sus aspiraciones.

Es curioso que se hable, de forma despectiva, de la clase media aspiracional, pero se omitan todas sus aspiraciones en el discurso. Igual tan solo quieren seguridad, un buen salario, no sentirse esclavizados, formar una familia, comer con calidad y unas vacaciones. O igual aspiran a derrocar el capitalismo globalizado. No se puede saber porque nadie habla con ellos y ellas. Puntualizo lo de «ellas» pues la mujer está tan incorporada al sistema laboral como el hombre y habrá que analizar y saber si están siendo perjudicadas de forma distinta, como mujeres, en su laboralidad. Feminismo básico. Además conocer sus aspiraciones reales, porque igual no quieren estar en un Consejo de Administración por el mero hecho de ser mujer aunque colocarían a una persona con pene lesbiano, seguramente, sino por sus capacidades y cualidades personales. Conocer. Y para conocer nada mejor que hablar y, muy importante, escuchar atentamente.

Bien es cierto que esto sería posible si los partidos políticos fuesen organizaciones, primero, realmente democráticas, abiertas a la discrepancia, el diálogo y con una renovación constante de las oligarquías dominantes. No puede ser que alguien que dice representar a la clase trabajadora no haya pisado en su vida una oficina, una obra o cualquier puesto de trabajo de los que generan plusvalías, en el sentido marxiano del término. Hay una casta política que no sabe lo que es un trabajo real, con un jefe cabrón, con objetivos reales, con amenaza de despido, etc. Más que partidos son plataformas personalistas de tiranos.

Otros con los que se debe hablar son los autónomos y pequeños empresarios. Hoy en día, con la globalización y la irrupción de la Inteligencia Artificial, son aliados casi naturales de la clase trabajadora. Criminalizarles, cebarse con ellos a impuestos, dejarles tirados a la primera ventisca, no parece una política de izquierdas. Al final existe contra estos grupos una especie de proyección, malsana, de la entrega a las elites globales. Si a ellos les va bien, les va bien a todos. Básico. Luego vienen las quejas por la gentrificación, la desaparición del comercio de proximidad, pero claro si no sale a cuenta autoemplearse, al final son las grandes cadenas las que acaban copando los espacios. Al final todas las ciudades parecen las mismas porque tienen los mismos comercios, en los mismos sitios. Por lo tanto, se debe escuchar a todas estas personas, que además suelen ser de los que más empleo generan, junto con las empresas medianas a las que habría que echar un ojo. Como hay que estar del lado de los agricultores, ganaderos y pescadores. Si en la vida es básica la buena alimentación, habrá que saber qué dicen estos grupos.

Haciendo un inciso. Es paradójico que la casta política sea tan cruel con los pequeños y medianos empresarios cuando, al final se sabe, que muchos de ellos tienen empresas de ese tipo o las crean al salir de la política. Bueno, la realidad es que empresas sí son pero para otras cuestiones menos edificantes. Lo mismo pasa con familiares. Es curioso que muchos políticos tengan familias con empresas, ¡sorpresa!, que se dedican a negocios vinculados con aspectos de la vida política. Muy curioso.

lunes, 26 de enero de 2026

La derecha y el Rey pescador

 


Las leyendas artúricas hablan de un rey que, herido, tan solo podía vivir al lado del santo grial porque era el que le permitía seguir viviendo. Por ello no salía de su castillo y dejaba sus funciones gubernamentales sin realizar. El roi méhaigné se transformó, en términos políticos, en la necesidad de la destitución del monarca por su incapacidad psíquica, física, etc. para el cumplimiento de sus funciones. Da igual que fuese en base a alguna teoría del tiranicidio, que en base a la incapacidad para ejercer sus funciones de manera adecuada.

¿Por qué traigo a colación esta figura que más parece del pasado? Porque en la derecha española obvio que en la izquierda pasan de estas cosas y piensan en repúblicas imaginarias que nunca concretan en la forma están últimamente, con bastante insistencia, señalando al monarca Felipe VI como un roi méhaigné, un rey pescador, un tipo incapaz de cumplir con sus funciones principales. ¿Cuáles son sus funciones? Principalmente el artículo 56.1 de la CE: «El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones, asume la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica, y ejerce las funciones que le atribuyen expresamente la Constitución y las leyes». Las funciones atribuidas son, como se puede comprobar en los artículos 62, 63, 64 y 65. meramente de refrendo de decisiones del Gobierno. Puede arbitrar, esto es, dialogar con unos y otros respecto a lo que suceda en el país, pero siempre desde la neutralidad.

El problema viene derivado de que algunos, los más listos y más tontos a la vez paradoja curiosa esta, creen que el monarca español debe actuar políticamente. Mejor dicho, ideológicamente en favor de lo que ellos creen que es lo mejor para España. Y no, según la Constitución, no puede. Ni es un rey absoluto, ni tiene concedida la soberanía es símbolo, no soberano en sí, ni puede ir cargándose a los presidentes o ministros porque le apetezca o desee. Puede, eso sí, insistir al presidente del Gobierno, a los miembros de la oposición, en que la situación se reconduzca a cierto orden, pero no más. Pedirle que actúe más allá de esas funciones, aceptadas por la propia Casa Real en los comienzos de su reinado, sería lo mismo que pedirle que juegue a la ruleta rusa con todo el tambor cargado. ¿Saben estas personas tan inteligentes las delimitaciones o es que están deseando una república de derechas a lo De Gaulle sin tener un De Gaulle, claro, porque hay más Valéry Giscard D’Estaing que de lo otro (para que se entienda Giscard era un presuntuoso, vanidoso y ególatra) o una dictadura «que meta en cintura a los que piensan distinto» como hace Donald Trump con el ICE?

Se le piden explicaciones al Borbón sobre cosas de las que debe saber tanto o menos que el resto de ciudadanos, como la catástrofe de Adamuz. Se le exige que haga cambios en su equipo de comunicación porque no dice las cosas que cada uno quiere que diga. Se le pide que se siente en el trono cuando es algo que, desde Juan Carlos I, no se hace pues entienden que la soberanía es compartida entre el monarca y el pueblo ahora comentaré algo más esto- Se le pide que fuerce a Pedro Sánchez a dimitir y convocar elecciones. Se le pide que saque el ejército a la calle para no se sabe bien qué. Se le pide lo que «sus» representantes políticos son incapaces de hacer, más bien. Entre que uno es un «tonto a las tres» y va a hacer bueno a Pablo Casado, el «disfraces», y el otro no sabe qué hacer realmente aunque se pasee a caballo o se haga el rural, pues mala suerte. Tampoco es que en el otro lado haya una gran inteligencia o capacidad de gestión, miren a Óscar Puente.


No hay que olvidar que están recuperando, algunos, a Juan de Mariana por aquello del tiranicidio, para justificar cualquier situación no constitucional contra el gobierno o el monarca. Mejor que el ilustre jesuita, recordar a uno de los más grandes pensadores del medievo, Tomás de Aquino, el cual decía en su De Regno que si el monarca actuaba contra la ley natural, no ejercía en virtud del bien común sino del propio, entonces habría que señalarle en qué se estaba equivocando para que recapacitase y cambiase su forma de gobernar. Si eso no era suficiente, no cabía otra que rezar para que Dios actuase. Si con eso no se lograba el cambio, solo entonces, cabía la posibilidad de la rebelión, la cual debía ser no violenta, con lo cual legitimaba el derecho de resistencia. ¿Pueden explicarme los muy listos qué aspectos de la ley está incumpliendo el monarca español para que haya que defenestrarle?

El propio santo Tomás, en su Summa Theologica la cual deben haber leído todas estas personas tan inteligentes recomendaba al monarca actuar bajo la economía providencial, esto es, una vez logrado el orden en similitud de la economía trinitaria llevada a la práctica por los seres humanos, rodearse de ministros que gobernasen para ser él más ilustre pues su poder, al fin y al cabo, es vicario. De ahí aquello del «rey reina pero no gobierna» que vendría después. A ello hay que sumarle que los reyes españoles, a diferencia de otros monarcas extranjeros, son de los muy contados que siempre han renunciado a la transposición de la gloria. Es tradición que no sean coronados y sí refrendados por el parlamento por ello al príncipe o princesa de Asturias se le toma juramento al cumplir la mayoría de edad. O lo que es lo mismo, no son dados a la pompa y circunstancia de otros lares. No es propio de la monarquía española ese tipo de signatura. Pese a ser muy católicos, no se han apropiado de la teología política.

Lo del trono vacío es para hacérselo ver. Como se ha dicho Juan Carlos I renunció a ello como monarca realmente constitucional. Así que esos mensajes respecto a la claudicación del actual monarca no tienen sentido. Si seguimos, como hizo Giorgio Agamben, el sentido de la economía trinitaria y de su influencia en la política occidental, el trono vacío en realidad es un símbolo de la Gloria, pues es ese mismo vacío la figura de soberanía de la Gloria en lo terreno. Tan medievalistas y teológicos que son estas gentes y seguro que no se han leído a los autores que hablan de ello. El trono vacío es un símbolo de mayor poder que el sentarse en él. Para los muy mucho católicos significaría que como poseedor de un poder vicarial el rey no deja de ser uno más dentro de la comunidad de creyentes. Para los más ateos supone que siendo representante de todos, la no entronización simboliza esa soberanía del conjunto de los españoles ¡Ya, ya! Ya se que según Carl Schmitt es soberano el que puede aplicar el estado de excepción, el que maneja el milagro, lo excepcional, lo no legislado. Entonces ¿en qué quedamos? ¿Debe ser símbolo católico y soberano?

A mí tampoco me cae bien la reina pero esto no es la monarquía británica, ni somos evangelistas o baptistas. En España hay una monarquía que cumple fielmente, pese a los escándalos del anterior monarca, con sus funciones constitucionales. Cuando hubo el intento de golpe de Estado en Cataluña salió a defender la unidad de España con los elementos que tenía en su mano y en el límite de su poder. Ahí todos con el V.E.R.D.E. puesto en los perfiles. Como pasó cuando aguantó la lluvia de barro en la Comunidad Valenciana. Ahora que se tiene un gobierno que da asco solo caben las fórmulas constitucionales. Y eso es parte del orden de los políticos. A ver si es que se le está pidiendo al monarca lo que los electos son incapaces de hacer. Los electos y sus ramificaciones mediáticas. A ver si es que la incompetencia está en otro lado. A ver si es que son ustedes menos listos de lo que nos quieren hacer ver. España ni es, ni deberá ser, una teocracia, ni un cesaropapismo, ni EEUU, ni otro país al que miran siempre con buenos ojos no mirando sus miserias es curioso como algunos de los periódicos más cristianos y críticos con el gobierno estén callados ante las tropelías asesinas de Trump. ¿Les financian grupos afines al trumpismo? ¿Por qué callan ante algo tan escabroso y salvaje? ¿Les gustaría eso en España «como en los viejos tiempos» o realmente son demócratas?. España es muy grande y hermosa, con la desgracia de tener una verdadera casta de políticos inútiles. No vayamos a joderla por cuestiones ideológicas. La última vez de eso no salió bien.

Fichajes del Atleti a 12 de junio

  El Mundial ya ha comenzado. ¿Se calmarán nuestros insiders o inventarán más fichajes? De momento aguantan el ritmo de las últimas seman...