lunes, 13 de abril de 2026

Los intelectuales del PP dan un paso al frente

 


Aunque se sorprendan, sí, existen intelectuales en la órbita del PP, los cuales están dando un paso al frente al ver la situación global de España y el resto del mundo. Es más que posible que, salvo en algún ámbito jurídico, nadie pueda citar tres o cuatro intelectuales de los que sobrevuelan lo que el PP representa. Lo normal, algo que no ha desagradado a las distintas direcciones, es que con una buena prensa, adulada y sostenida —como hacen los demás, no piensen que esto es cosa de unos—, les valía para gobernar o alcanzar el poder. Doxósofos, todólogos, columnistas de la risa, escritores de la nada… Esa carencia de intelectuales, aunque más que carencia habría que decir poca visibilidad, les ha venido perjudicando desde la aparición del populismo, fuese el del sistema (Ciudadanos), fuese el del antisistema (Vox). De esto, entiendo, se han dado cuenta los propios intelectuales, alguno orgánico, y han decidido dar ese paso al frente.

¿Para qué han dado ese paso al frente? Lo primero para reafirmar los valores propios del PP como constitucionalista, ergo democracia liberal parlamentaria, europeístas y liberal-consevadores. Lo segundo, para presentar batalla ante un contexto que les es poco propicio, pese a ser el principal partido de la oposición y gobernante en autonomías y ciudades, debido a la pinza del sanchismo con Vox. Y, tercero, dar cuenta de que en la derecha española democrática existen numerosos intelectuales con la misma capacidad y brillantez que en otros lares. Sin duda, a estos intelectuales se les arriman los aprovechados, los que van de rebeldes y no saben lo que es un régimen totalitario o iliberal, los que van buscando vender «su» libro o los que simplemente se apuntan allí donde puedan comer durante la semana en este o aquel acto.

Entre estos intelectuales no verán libertarios à la Milei, ni hijos del gustavo-buenismo, ni cosas espeluznantes que se ven en televisión y, a veces, se escuchan en la radio. Son personas formadas, con sus respectivos trabajos importantes y universitarios, que no tienen la intención de vivir de la política sea directa o indirectamente como puede pasar con escritores o periodistas y que parten de un impulso cívico. Sobre el sanchismo y sus trapacerías no hace falta hablar pues son bien conocidas y cualquier persona, sin ideologizar, entiende lo que viene pasando aunque solo fuera no tener capacidad legislativa, ni haber presentado presupuestos en toda la legislatura. Es el ámbito de la derecha donde estos intelectuales ven el mayor peligro y donde actúan en los últimos meses de manera abierta.

Toman como consigna la moderación, algo que cualquiera con dos dedos de frente sabe que nada tiene que ver con la pusilanimidad —aunque les acusan de ello los contrarios—, desde los valores que representan para hacer ver a la ciudadanía que no hacen falta radicalismos, ni mentiras, ni convocar a las masas a otro 18 de julio —en el otro lado están con el mito del 16 de febrero. Los valores que nos hemos dado los españoles y que tan buen resultado han generado, con las normales fallas de todo sistema, el cual necesita tiempo para la autopoiesis, que diría Niklas Lühmann, son fundamentales para progresar y avanzar en todos los órdenes de la vida. No hay que dejarse llevar, ni por las mentiras del sanchismo, ni por los paraísos recuperados de los populismos. Desde un realismo muy propio de la derecha gubernamental, presentan batalla frente al entreguismo de los populistas e iliberales; la falsa bandera de los derechos humanos, la cual depende del humano que sea es derecho o no; las incapacidades para gestionar lo público; la utilización del catolicismo como elemento divisorio o sustentador de políticas anticristianas…

Por eso habrán notado que, de un tiempo a esta parte, hay más personas de derechas que invitan a que no se haga de PP-Vox algún tipo de bloque de derechas, sino que el defienden con ahínco que el PP debe liberarse de Vox y estar tan lejos como pueda. Si hay que pactar, porque no hay otra alternativa, exigen una dureza en la negociación y dejar bien claro qué se va a hacer y quiénes lo van a hacer, sin permitir injerencias de Madrid, ya sea para trincar el dinero público, ya sea para dificultar el mero gobierno. Ven que esa imagen, básicamente construida desde los medios de comunicación —muchos de ellos con dos velas puestas, al santo y al diablo— y potenciada por algún elemento discordante del propio PP, les perjudica gravemente por dos razones. Una, electoralmente pues les impide crecer hacia el centro. Dos, políticamente ya que lo que el PP defiende nada tiene que ver con lo que hace Vox, interna y externamente.

El PP es europeísta antes que trumpista o sionista. Entienden, estos intelectuales, que la magra, pero suficiente, legislación internacional valida las posibles intervenciones humanitarias o sirven para hacer frente a las agresiones a los países democráticos. De ahí las discrepancias con otras fuerzas respecto a la guerra de Ucrania y, ahora, con los ataques alocados a Irán. Que no es que apoyen al régimen dictatorial iraní, no, pero hay fórmulas internacionales para haber evitado el sindiós que tienen ahora. También es demócrata-cristiano —pese a los esfuerzos de Ángel Garrido de eliminar esa identificación en los congresos peperos— y por ello no comparte el uno evangélico-sionista de Dios para las tropelías de ciertos gobiernos. Es por ello que, en los últimos días, están señalando a los populistas pro-trumpistas, quienes se abrazan a cualquier santo de forma torticera, por el atronador silencio por lo que viene ocurriendo. Como tampoco dicen nada, los trumpistas, sobre las expulsiones y ataques a los católicos en el Líbano…

También estos intelectuales se quedan a cuadros cuando escuchan hablar a la portavoz del PP defendiendo el secuestro y apaleamiento por parte de Israel de un soldado español. Una cosa es que Israel pueda ser un aliado y otra es permitirles estos ataques a un compatriota que forma parte del contingente de la ONU, no del sanchismo, no, de la ONU. Pelos como escarpias tras la comparación con un control de la Guardia Civil y la poca visión de Estado de la portavoz. Bien es cierto que estos intelectuales, off the record, tampoco es que hablen maravillas de algunos de los dirigentes del propio partido por la poca visión estratégica. Con la fácil que hubiese sido pedir al gobierno que exigiese explicaciones públicas a Israel y sobre ellas pronunciarse. Eso si se tiene miedo a los aparatos ideológicos del sionismo internacional.

En los últimos días, este grupo de intelectuales se viene dando cuenta de que desde el populismo, y un poco desde su propio partido, se les está haciendo gratis la campaña al sanchismo. En días, el presidente ateo y plurinacionalista ha conseguido defender al catolicismo y a la patria de forma más intensa que los que van con la bandera todo el día en la mano y dicen rezar el rosario cada tarde. El ataque, algo de razón tiene Jasiel Paris en su artículo en The Objective, de los aparatos ideológicos imperiales contra León XIV por su perfecta defensa de la Doctrina Social de la Iglesia y la independencia de la Iglesia, no ha obtenido respuesta de esos supuestos católicos o neocatólicos, incluyendo alguno del PP. Esas amenazas con Aviñón del ser anaranjado, que han recibido aplausos de algún gustavobuenista que va impartiendo doctrina teológica —y saber e historia y ciencia política y sociología y…— y algún patriota, han tenido una respuesta contundente de estos intelectuales porque hasta ahí se podía llegar. Como ha afirmado alguno, luego correrán a besar el anillo en la visita del romano pontífice, pero hoy callados porque, en realidad, como bien les vienen desnudando, son articulaciones del trumpismo global.

Como dice Giorgio Agamben: «Una sociedad de cómplices es más opresiva y asfixiante que cualquier dictadura». Igual no han leído al pensador italiano, pero sin duda estos intelectuales no quieren vivir en una sociedad de cómplices sino de personas maduras y autónomas, que es lo que, entienden, defiende el PP sobre otras posibilidades humanas. Si la Iglesia católica es el katejón a nivel global, ellos quieren serlo en lo terrenal español. El katejón contra el Castejón vale, el chiste es malo y contra el populismo patriota vendido al poder imperial.

jueves, 9 de abril de 2026

Se huele el miedo

 


El 4-0 de Copa del Rey hizo mucho daño. En un momento en que todo parecía ir cuesta abajo, ese resultado, junto a el desbordamiento futbolístico desarrollado por el Atleti, quebró la fe de los jugadores y buena parte de la afición. Se agarraron a un fuera de juego clarísimo para ellos no lo era y a un poco el orgullo, más las doscientas veces que afirmaron que Julián Álvarez lo tenía hecho sin pensar de dónde iban a sacar el dinero y ofreciendo saldos como si fuesen Pelé, pero es que, además, sabían que el Atleti estaba casi obligado a dar cierto descanso a los jugadores por aquello de jugar una ronda más de Champions. El 3-0 de la vuelta les jodió, mucho, muchísimo, pero se centraron en otras dos competiciones.

Cuando vieron que les tocó en liza, de nuevo, el Atlético de Madrid, comenzaron los sudores fríos. ¿Y si les da por hacer otra vez el mismo partido? Pensaron que no podría producirse eso, pero llegado el sábado anterior a la disputa del encuentro de Champions, notaron que el Atleti, con los suplentes, con chavales que juegan en primera y tercera federación, no solo les puso las cosas difíciles, sino que jugando contra diez tuvieron que meter un gol de rebote para vencer. En el fútbol hay mucho idiota, pero el que más o el que menos saben que si los suplentes lo han puesto difícil… y ahí les entró el canguelo, el ver fantasmas en todos los sitios, el «¡Ay, ay, ay!» de Núñez en versión real y la de Alfonso Arús, el vamos a ganar pero con la boca pequeña.

Y o que se vio durante el partido, con un Atleti irregular, fue eso. Miedo, mucho miedo. Jugadores con dudas a la hora de decidir en una jugada. Jugadores y espectadores con el agujero cerrado completamente cada vez que alguno con rayas rojiblancas echaba a correr. Hasta que les clavaron el primer gol. Entonces las prisas… hasta que les cayó el segundo. Ahí el juego ni importaba. Con tal de no encajar más goles les valía porque, en esos instantes, estaban ya pergeñando la excusa que iban a sacar para justificar la derrota frente a un equipo que tiró tres veces a portería y entraron dos. Que si debieron ver tarjetas todos los jugadores por el hecho de ser del Atleti. Que si penalti por un saque de puerta. Que si esto, que si lo otro, sabiendo las hienas de la prensa nacionalbarcelonista acabarían haciendo su trabajo.

Dicen ser distintos al Mal, pero lo de estos días demuestra que son iguales. La misma fiereza y mala leche que gastan los Teleñecos de la noche mira que hablar de llorones Gárgamel con lo que son el Mal cada jornada y lo que tiene que ver él cada mañana ante el espejo, los narradores de Movistar y cualquiera que sepa que su sueldo y empleo depende del Maligno. Aquí dependen de «La Puerta» que se elija en el Camp Nou. Siempre he dicho que igual que existe un nacionalmadridismo, existe un nacionalbarcelonismo, lo que ocurre es que sus aparatos ideológicos no están tan centralizados, pero igualitos son. Tanto seny, tanto «no somos los mismo», para al final del camino acabar abrazados, morreándose e, incluso, cohabitando. Solo había que ver las caras del programa de Movistar después del partido. Las mismas que cuando pierde el Mal.

Se han creído, dentro de su prepotencia totalitaria, que todas las competiciones son entre ellos dos. En La Liga es casi así porque los otros 18 son unos mierdas que viven, como el PSOE de la Comunidad de Madrid, muy bien en la oposición. Pero en Champions la cosa ha cambiado. Todos los equipos ya comienzan a protestar y a quejarse por las trampas de los dos conjuntos españoles. Hay una rebelión de grandes equipos que este año están marcando el terreno. Pese a vencer, desde el Bayern, con sutileza, ya han dejado caer que Michael Oliver el inglés madridista que va a la caja de latón a hacerse fotos con su esposa se comió un penalti a Olise como una catedral tras una carvajaliña, vamos un empujón de toda la vida. Lo mismo han hecho numerosas cuentas internacionales en redes sociales y periódicos del extranjero. Ya no se callan, ni creen en suerte, saben lo que hay por detrás, corrupción del totalitarismo.

Es fútbol y todo puede pasar. Pero desde ayer, además del ataque salvaje a Giuliano y a Musso ¿alguien me puede decir por qué el cabezón de la Cope se puso tan impertinente con el portero argentino? ¿Ya no le invitan a copazos, a ternera, no les gusta a los de Apollo, quiere vivir en Barcelona, usa zapatillas con velcro?, todo lo que vienen haciendo es mostrar el miedo. Si recuerdan, tras el 4-0, estaban convencidos de la remontada; ahora demuestran que un simple 0-2 no parece tan remontable. ¿Por qué? Porque ya no hay factor «Aytekin» al que agarrarse. Tras la tropelía de Marciniak el año pasado, se han agotado las estupideces que se pueden hacer. De ahí el miedo que muestran.

En el otro lado, en el Mal, están con la risa floja. Mucho cachondeo con el FC Barcelona, pero invocando los espíritus del que pegaba patadas en la cabeza o el espía de la URSS, la flor de Zidane y quince mil cosas más saldrá el torerillo calvo pegando cabezazos junto a su amigo el llantos y demás portadores de zapatillas de Teletienda. En cuanto comiencen a tomar conciencia de que el Atleti podría estar cerca de ganar la maldita, entonces, se harán amigos de toda la vida y comenzarán a invocar al Diablo en el cruce entre la Puerta del Sol y Canaletas para que no suceda. Si de normal, para la prensa nacionalista, maligna o culé, el Atleti no es un equipo español, de hecho parece no existir, volverán a ir cogiditos de la mano como en la fracasada Superliga y como hacen siempre. Los totalitarismos se acaban queriendo entre ellos pacto germano-italiano, pacto germano-soviético... y no va a ser distinto en esta ocasión. Y todo por miedo. Si fuese el Villarreal el que estuviese en esa situación dirían lo mismo. No pueden consentir que algún otro equipo gane algo que, de momento, solo ellos tienen. Algunos no han ganado la Recopa de Europa y no pasa nada ¿no?

Miedo, tienen miedo. Cabe recordar que esto el fútbol y puede acabar pasando de todo, pero a día de hoy no lo tienen tan claro. Son conscientes de que en Liga, gracias a los servicios del doctor Strangelove, siempre se lo van a jugar entre los dos, por lo civil o lo criminal, pero en Europa ya no parece que sea así. Que igual remontan como les vuelven a poner el culo fino. Mírenles bien. Esas caras no son de excitación, salvo los que utilizan los camellos como desplazamiento, sino de pavor, de pánico, de canguelo, de… Miedo. Y nada mejor para el miedo que una ronda de biberones.

Post Scriptum. Una de las cosas curiosas del partido de Champions es que la mufa del Cholo en el Camp Nou parece rota, como el uso de los pantalones rojos. Veremos.

viernes, 3 de abril de 2026

Alguien que piensa en el PP y lo cuenta



El texto de Miguel Ángel Quintanilla Navarro, Contra la ruptura (Ediciones Encuentro), es muy «pepero». Esto es, supone una explicación sobre lo que acontece en España, en el mundo y dentro de su partido realizada por alguien que es del PP y busca algún beneficio para el PP. No lo esconde el autor y cualquier lector sabe desde la primera página a qué se enfrenta. Si usted tiene prejuicios o está completamente obnubilado por lo que dicen, inducen y/o cuentan en otro partido, no es su libro. Como dice Armando Zerolo, instigador del texto que se analiza, si es «partícipe de la creencia de que la única posición justa en el debate público consiste en destruir las posiciones contrarias no puede explicarse ni por la educación, ni por las circunstancias, sino sólo por algún tipo de psicopatía» (Contra la tercera España, Deusto, pág. 45). Si usted, pese a tener una visión del mundo informada por otra ideología o posición política, entiende que el debate y el conocimiento mutuo no es malo sino que ayuda a lo democrático, incluso a la convivencia, puede bucear en las páginas de este libro para conocer cómo piensan en el PP, al menos algunos, respecto al espíritu de época actual.

Una vez contextualizado el texto y el autor, ya se puede analizar el libro con tranquilidad. El primer capítulo, y no es algo descabellado, versa sobre el «Bloque de ruptura». No piensen en secesionistas o malandrines, que también, sino en ese bloque que parece haberse instalado tanto en lo parlamentario como en algunos aparatos ideológicos, el cual no hace más que insistir en lo malo que es el régimen del 78, cuánto mal ha hecho la transición o lo bueno que sería cambiar la constitución para hacer de España esa isla de Utopía donde el maná saldrá de los grifos y todos llevaran vestidos realizados con hilos de oro igual es excesiva esta última descripción, que no es de Quintanilla sino mía. Bloque en el cual no solo está el gobierno actual y sus socios sino Vox. No deja de señalar los problemas que tiene el PP con ciertos localismos y regionalismo, muy evidentes y que le hacen similar en aquello que se intenta afirmar a nivel estatal el caso del gallego, siendo Núñez Feijoo presidente, es un ejemplo de esto, lo que ha llevado a acuerdos a nivel municipal y autonómico con Vox que son poco lógicos.

Frente al bloque de ruptura, en el que está incardinado Vox, cabe recordar, Quintanilla propone una vía dialogante, moderada pero firme y basada en un análisis de la realidad. El consenso, siempre que se realice mediante el reconocimiento del otro, incluyendo sus derechos, dignidad y obligaciones, no es mal camino, ni una «falta de intensidad en las convicciones». Tan solo es practicar la democracia sabiendo que no siempre se tiene la razón en todo, ni el otro es un incapaz, o un mal patriota, o cualquiera de esas frases grandilocuentes, sibilinas y divisorias que suelen escucharse en lo político. Porque parece que lo político, ya que hay tantos amantes de Carl Schmitt, es solo la confrontación amigo-enemigo, y no, no es así. Eso es una fabulación que viene muy bien a todo tipo de populismos. De ahí que califique el autor al bloque de ruptura como «una sucesión de amenazas cruzadas con as que se pretende la extinción de formas de vida españolas».

Tras este primer apunte que ya muestra a las claras la posición de una parte, creo que buena parte, del PP, se lanza a un análisis de la caída de su partido y algunos motivos, basados en estudios, del porqué de la situación actual. Lo más destacable es ese sentido de tratar a los electores, a la ciudadanía en general, de poco menos que inculta. Lo dice bien en su texto, los electores españoles son, incluso, más leídos y cultos que los propios políticos. Este es un mal de toda la clase política. Ese pensar que por cuatro tuits y tres gritos en un plató de televisión una persona, con formación universitaria o de grado superior profesional, va a cambiar el voto es estúpido. Se puede movilizar voto que se iba a perder o perderlo si había dudas hasta un 3%, según cálculos de Julián Santamaría hace años, pero antes de la campaña, el voto o no voto está prácticamente decidido. Por tanto, el error del PP debe estar en otro lado. Y ese otro lado, obviando cuestiones internas menores, aunque Quintanilla lo ve en el congreso de Valencia donde perdieron las huestes de la reina de las ranas donde se postuló un camino de reformas que se quedaron en nada, es algo mucho más profundo: como diría Anguita, el programa.

Desde luego va mucho más allá del programa, es una forma sencilla para que ustedes piquen y compren el libro, pero sin una clara comprensión de España, de lo que demandan realmente los españoles, no hay nada que hacer. Claro que se pueden ganar elecciones, pero a un costo enorme de dinero público en publicidad institucional esto también lo digo yo, no Quintanilla. Lo importante para el autor es mantenerse firme en la agenda reformista. Quien piense que España no necesita retoques por ejemplo, digo yo, eliminar esa publicidad institucional o subvenciones de ese tipo—, es que vive en otro país. Quien piensa que debe ser derribado todo para construir el reino de los Austrias o el paraíso de los penes lesbianos, está fuera de la realidad. El autor propone seguir una senda liberal, conservadora y demócratacristiana, con las paradojas que lleva en sí esa mezcla, para poder volver a situar a España en el buen camino. Y no es necesario acabar con el régimen del 78 sino dar un paso más, algo que no han hecho los tres últimos presidentes por distintas razones.

Para llevar a cabo esto, dice Quintanilla, hay que tener claro que Vox no es aliado, ni son peperos enfurruñados, ni nada por el estilo, sino un partido populista y contrario, por mucho que digan, a los mínimos principios democráticos que los españoles se han dado. El «desafío a la institucionalidad y las costumbres políticas en las que desembocó la Transición» está extendido a derecha e izquierda del PP. El «voto del miedo ni el voto útil le funcionan ya al PP», ergo tiene que lanzarse al ataque, por así decirlo, con las armas que se han venido desarrollando en el interior del propio partido pero a las que nadie hace caso. Aquí, permítanme este inciso, creo que Quintanilla, junto a otros, se han dejado las pestañas analizando, estudiando, comparando, escribiendo y proponiendo políticas, algunas de las cuales aparecen en el texto, sin que les hayan hecho caso y se queja… con razón añadiría. Es algo típico de los partidos actuales despreciar el talento interno, especialmente cuando no encaja con la idea o la capacidad de quien está al mando.

El PP tiene la misión, entiende el autor, de acabar con esa radicalización, esa polarización y populismo que no es ni generacional —aunque están intentando que lo sea—, ni «territorialmente simétrica». No puede haber partidos vinculados por «alianzas negativas o por investiduras-muro». Eso provoca problemas mayores como se ve en la actualidad, donde se espera que algún día pueda haber presupuestos de la Administración estatal. Una división que comenzó con José Luis Rodríguez Zapatero y que ha llegado hasta nuestros días extendiéndose. El autor quiere ver en el dóberman de Felipe González ese inicio pero no fue así. Estuve, por así decirlo, pululando por allí en esa campaña y les aseguro que no era tanto ruptura como reacción a la «crispación» y la «conspiración» en los años del felipismo —algo de lo que se olvida el autor, no se sabe por qué—. Algo así como, vamos a jugar al mismo juego y solo con la intención movilizar electorado absentista. Lo que vino después es algo muy distinto y más peligroso, como expresa Quintanilla. El terreno de juego actual es, sin duda, producto de la izquierda postmoderna —alguno diría, con razón, posmolerda— y de los nacionalismos y sobre ese terreno de juego quiere competir el autor mediante el centrismo y sin rupturas.

El bloque de ruptura, donde, hay que insistir, está Vox, debe ser derrotado por el constitucionalismo o como afirma «atraer hacia sí a todos los españoles que quieran seguir siéndolo y deseen convivir amparados por la Constitución, el autonomismo, el europeísmo, el bienestar y el respeto de las leyes». Desde luego no se refiere al nuevo centro de Aznar en sus años de correrías con Blair y Schröder, sino a una posición imaginaria a la cual son impulsadas las personas por la presión de los extremos. Intentar que la «posición correcta llegue a ser la posición ganadora». Alguna base existe ya que, según la apreciación del autor, en esa posición correcta está tan solo el PP y una mayoría social a la que debe convencer pues, en ella, no solo hay personas de derechas.

Sin necesidad de destripar el libro, Quintanilla propone una serie de soluciones, algunas cortoplacistas por necesidad, para que el PP retome la senda reformista. Les puede sorprender la «España como ofrenda» de clara influencia democristiana en un intento de para los procesos de disolución y que tiene su punto Habermas, mucho más que el prostituido patriotismo constitucional del zapaterismo-sanchismo —estoy por jugarme el coche a que no han leído al recientemente fallecido pensador alemán y/o no lo han entendido. Un saber dónde se está y para qué se está, no dependiendo de las demandas constantes e ilusorias, en muchas ocasiones, de los populismos. En realidad, aunque no lo cite así, una viva expresión del realismo político. Se apoya bastante en el ámbito democristiano para derrotar al populismo y esa constante negación del ser que hacen del otro —aquí le recomendaría a Quintanilla y a cualquier otra persona interesada, un muy cuidado estudio sobre ontología trinitaria de Tomás J. Marín Mena, Alteridad y amor (Secretariado Trinitario)—, esa criminalización del que no opina igual, esa extranjerización en la propia tierra de cualquiera que se atreva a pensar por sí. Luego habrá políticas concretas para circunstancias del día a día, pero no es malo que se quiera frenar la sangría o la posibilidad de gangrena antes de gestionar las otras dolencias del enfermo.

El libro termina con un capítulo dedicado al católico en política, el cual deberían leer todos los católicos sinceros sean o no del PP. Un capítulo con el cual estoy completamente de acuerdo y del que no voy a contar nada porque es mejor que lo lean. Si he hecho referencia a «católicos sinceros» es porque, viendo cómo se vienen comportando algunos, que se dicen católicos, últimamente en el PP y en Vox, la matización es importante. No puede ser que, por influyentes que sean algunos lobbies, no se denuncien ciertas agresiones a cristianos. De buenas formas, pero exigiendo respeto. No es normal que se muestren muy constrictos en estos días de Pasión y luego se trate al otro con poco respeto. El que es católico, lo es incluso contra su propio partido. Pero no es este el debate principal.

Lo mejor de todo el libro, en términos de política de actualidad aunque no tan banal como aparenta, es la negativa en todas formas posibles de cualquier tipo de pacto con Vox. Como bien dice Quintanilla, no hay mejor aliado del sanchismo que el partido de Santiago Abascal. Entre otras cuestiones porque la esperanza de Vox no es ganar o pactar con el PP sino acabar con él, acabar con cualquier política constitucional-liberal. Además de ser un grupo para llevárselo crudo —esto lo escribí yo hace dos años en Diario 16 cuando existía—, quieren establecer una sola verdad para todos los españoles y cambiar el sistema no por uno que pueda servir a todos los españoles, con independencia de sus visiones del mundo, sino a esa verdad revelada que es un retorno a la oscuridad frente al iluminismo. Es evidente que al PP, como dice Quintanilla, no le va a quedar otra que llegar a acuerdos con Vox para formar gobiernos, pero sabiendo con quién se pacta y a ser posible sobre mínimos. Sabiendo que en realidad van a estar en la oposición siempre. Se ha visto donde se ha compartido gobierno como Ciudad Real —busquen en la prensa y verán— o donde han sido apoyo parlamentario.

El libro, como les he dicho, es muy interesante para un votante/simpatizante del PP. Contiene alguna apreciación histórica un tanto errónea, pero que no viene al caso airear aquí, pero es una base para construir… si es que esta vez les hacen caso. Desde luego, no tienen que tener prisa por auparse en las encuestas, ni creerse las que se publican. De hecho, al PP le iría mejor si no hiciesen caso a las encuestas en general y se pusiesen, como pide el autor, a trabajar en cuestiones de más enjundia. Conozco a dos o tres que orbitan en esa senda y la verdad es que tienen razón en sus planteamientos teóricos. Ahora bien, ¿las personas que están al mando son las adecuadas para ello? No está mal tener algún perro de presa, aunque sea un dóberman, con el que morder a los contrarios, es parte del espectáculo político —aquí me reconocerán que no ha existido ninguno mejor que Alfonso Guerra para eso. Incluso se puede y se debe dar visibilidad a algún purista de las esencias más conservadoras o más democristianas, que las personas no vean algo monolítico siempre ayuda a sumar. Pero no puede ser que todos sean perros y estén al ataque constantemente. Algo tan sencillo como que se vislumbre un posible gabinete en la sombra. Con todo lo torpe que fue Pablo Casado en algunas cosas, creo que tenía mejor equipo en ese sentido. En una sociedad tan visual, las personas cuentan. No son lo principal, pero cuentan.

Otro error ya lo ha denunciado Quintanilla, como es el localismo o regionalismo expansivo. En el PP se tiene la manía de hablar políticamente en términos nacionales cuando no toca. En algún caso hasta se le pregunta por su Comunidad y siempre responde Pedro Sánchez. Eso, gracias a la potencia del dinero destinado a publicidad institucional, hace mucho daño a la imagen del candidato y del propio partido a nivel estatal. Ahí tendría algo que hacer Génova porque muchos votos no llegan o se van por estas cuestiones. Por ejemplo, si estar relacionado, Carlos Mazón debía estar fuera de las instituciones hace tiempo, no por culpable penal, sino por lo demás. Y, sin embargo, ahí sigue. Se puede estar diciendo una cosa, incluso solicitando dimisiones, mientras uno hace lo mismo. El fariseísmo que se observa en el PP actualmente, producto de mucho de lo que cuenta Quintanilla en su libro, perjudica tanto como la acción prosanchista de Vox. Y luego hay problemas de discurso y estrategia política, pero me los voy a callar porque las cosas están muy mal en España y uno es un profesional de la materia. Si Quintanilla se invita a algo igual le cuento alguna.

No compartiendo todo lo que dice, es bueno que esto libros políticos tengan recorrido, vamos que se vendan, y no solo para que la editorial del apreciado Manuel Oriol siga ofreciendo buenos textos, sino porque permiten un debate sano, razonado, propio de personas de talante democrático y que tienen como principal misión el bien común. Se puede discrepar pero, si lo piensan bien, todos los caminos llevan a Roma, que es hacer que España vaya bien.

miércoles, 1 de abril de 2026

Hay que saber criticar a Marx y para qué

 


Antes del análisis del libro en sí, es necesario encuadrar al autor, José Rodríguez Iturbe, en su contexto histórico y personal. Democristiano en Hispanoamérica, por lo tanto confrontado a las Teologías de la liberación en sus años mozos; miembro de la política venezolana hasta el golpe de Hugo Chávez, lo que le obligó a exiliarse; presidente de la Internacional Democristiana, hoy «nosequé» del centro centrado gracias a los aznares, uribes y demás liberales proestadounidenses; profesor de una respetable universidad colombiana como La Sabana en comparación, una especie de CEU, ergo enfrentado no solo a un sistema de universidades de garaje sino a una universidad pública que reúne a lo más tonto de la izquierda, los que compran todo al wokismo cuando quien esto escribe fue profesor en la EAN pudo comprobar el nivel de apropiación de toda tontería postmoderna estadounidense. Es, pues, una vida personal e intelectual propiamente americana, algo que acaba reflejándose en su libro. Sus últimos años, paradójicamente, los ha dedicado a investigaciones contra el nazismo y el estalinismo hasta llegar a este volumen sobre Marx.


¿Qué aporta de nuevo al estudio de Marx? Nada. De hecho no puede decirse que sea una aproximación, como refleja el propio subtítulo. Todo su empeño se centra en mostrar que Marx era ateo y el marxismo un ateísmo. Nada que no se supiese y fuese evidente. Aparecen los lugares comunes como Hegel, Feuerbach y demás evidentes influencias, además de ese empeño del pensador alemán en que la realidad encajase con la teoría.. Bueno, con «su» teoría. Una teoría que en el libro aparece muy difuminada y poco explicada. Si pretendía ser un libro de historia de la ideas, por aquello de contextualizar la época que dice el autor venezolano, la verdad es que no está muy conseguido. Todo el empirismo o cienticificidad que se produce en el pensamiento europeo, del que Marx, como la mayoría de los demás pensadores, es deudor, ni está, ni se le espera. Curioso, cuanto menos, es que el ateísmo marxista lo es en tanto en cuanto cree estar fundando una ciencia social, la «ciencia social», una ciencia con base histórica. En la parte científica, algo que las iglesias cristianas han reconocido —basta con leer a Ratzinger para percatarse de ello, por no hablar de Teilhard de Chardin, Dios no tiene cabida sino que se fundamentan en ese libre albedrío deseado por Dios mismo para su creatura. El marxismo no es más ateo que la sociología, el liberalismo o la matemática. Sorprende que utilice a Eric Voegelin a lo extenso del texto y no haya expuesto lo afirmado en Las religiones políticas y hablar de las religiones por sustitución.


La máxima preocupación de Rodríguez Iturbe es la eliminación por parte de Marx de la alienación religiosa como factor clave para la eliminación de las demás alienaciones. Aquello de la religión como opio del pueblo, ya saben. Esto le sorprende y enfada al venezolano, es como un puñal en su cristiano corazón, pero, pese a lo dicho en la introducción, no contextualiza ese aspecto salvo para decir que estaba influenciado por Feuerbach, Strauss o Bauer. Incluso por el «ateo» Hegel. Todos ateos igual en el caso de Hegel y otros cabría decir agnósticos y/o panteístas. No es algo extraño al pensamiento ilustrado europeo, ni dentro de la esfera prusiana o de lengua alemana. Kant ya había dejado a un lado a Dios. Como lo habían hecho otros antes por la vía del nominalismo teológico. O los influenciados por Spinoza «Deus sive natura». Desde la revolución francesa, más el profundo desarrollo industrial, había propiciado en Europa un cambio de mentalidad enorme en todas las esferas de la vida. En cuanto las iglesias dejaron de tener el apoyo de los poderes estatales, se vio claramente que muchísimas personas habían abandonado la fe hace tiempo y si acudían a los oficios y demás instituciones religiosas era por obligación o necesidad. Pero ¿por qué dice Marx eso? ¿Por qué esa es la primera alienación que debe desaparecer? En el libro no lo dicen, pero, siendo breves, se puede contestar porque bajo el protestantismo lo religioso alienaba al ser humano al condenarle desde el nacimiento. En el catolicismo no es así, pero los protestantes son muy de la falsedad paulista y agustiniana de la teoría de la predestinación. Y si estás predestinado a ser un paria de la Tierra, ni puedes, ni debes rebelarte. Si tu situación cambia, era la predestinación. Si no lo hace, mala suerte. Levantarse contra el gobernante era poco menos que atentar contra Dios. Por eso, antes de otras alienaciones, debía caer la religiosa. Esa en concreto. Contexto.


Marx pensaba, como todos los científicos sociales de la época, en términos seculares completamente. Dios, de existir, no se metía en las cosas humanas. De ahí que otro autores tuviesen la necesidad de hacer de Jesucristo un humano, demasiado humano tal vez, en sus libros. Si Marx hubiese crecido en un entorno católico ¿habría situado la alienación religiosa como primera atalaya que derribar? Es hacer ciencia ficción, pero posiblemente no. Téngase en cuenta que la revolución tuvo lugar, en Europa, en la muy católica Francia. Rebeldes en lo católico ha habido desde los dominicos de la Escuela de Salamanca, incluso santo Tomás en algún opúsculo. O tal vez sí por aquello de la divinización de los monarcas que fueron. Eliminando a Dios de la ecuación, las otras alienaciones se mostraban en toda su crudeza.


Marx antisemita. Aquí ocurre lo mismo, falta el contexto histórico europeo. Que el autor de El capital calificase a los judíos de egoístas no es algo distinto a lo que pensaban los demás europeos desde hacía siglos recuerden El mercader de Venecia. Hasta prácticamente el affaire Dreyfuss no hubo un cierto cambio de sentir en toda Europa. Se hace raro que tantos judíos se hiciesen marxistas de haber visto que la teoría iba por ese camino. Tampoco hay que esconder que la propia Iglesia católica era bastante antijudía. La Civiltà Cattolica, revista jesuita fundada en 1850, ha tenido muchísimos artículos antijudíos. El católico Maurras y su Acción Francesa fueron precursores del nazismo. En la muy católica España, donde se doctoró en Derecho el autor, se clamaba contra las conspiraciones judeo-masónicas. Hasta Nostra Aetate, de 1965, durante el Concilio Vaticano II, no se condenó el antijudaísmo y se reconoció como «hermanos mayores» a los judíos. Que Marx fuese antijudío no es extraño, todos lo eran.


Marx racista e imperialista. Aquí sucede como con la alienación religiosa, si no se piensa como Marx se cae en errores de bulto. Como bien explica Rodríguez Iturbe, con brevedad, Marx intentaba encajar la realidad en su teoría, patente en los libros sobre Francia por cierto, nada se dice sobre que en La comuna había muchos más blanquistas, bakuninistas, saintsimonianos antes que marxistas, que debía haber dos, el colonialismo es parte de ese encaje. Además es algo que el propio Marx explica en sus libros y artículos, cuanto más se expandiese el capitalismo, más rápidamente llegaría la revolución proletaria. No le dio tiempo a ver o prever que ese expansionismo, en realidad, lo que hacía era alimentar el ejército capitalista en la reserva, como era el lumpemproletariado de su época. Que dijese que Tejas y California mejor en manos yanquis porque los mejicanos no habían aprovechado el terreno, era porque así habría más proletarios, no porque pensase que eran de raza inferior. Si se cotejan los escritos del New York Daily Tribune, están todos en marxists.org, se puede leer su apoyo a la causa de Abraham Lincoln y la liberación de los esclavos. Señalaba a los sudistas como aprovechados y explotadores máximos. Y pensaba que esa liberación haría que el proletariado aumentase, con ello la lucha y así la revolución. Si fuese racista ¿habría querido proletarios negros? No era ni racista, ni imperialista, ni nada de eso en el sentido que tienen esos conceptos hoy. Un bocas sí que era porque faltaba mucho al respeto. ¿Era un supremacista europeo? Sí, como todos los europeos lo eran… y casi que siguen siendo. Por cierto, esta crítica en Marx es la base de las ocurrencias decolonialistas actuales, algo que el prologuista, Julio Borgen Junyent, dice que parten del marxismo y de Marx. Igual son más bien liberales. Igual.


Ustedes se preguntarán, llegados a este punto ¿por qué esa insistencia en temas menores, que no están en el marxismo como episteme, y no centrarse en los errores metodológicos y analíticos, que los hay? Porque hay que dar carta de naturaleza a una aberración intelectual, que de la lucha de clases se pasa al Holocausto. Dice así el libro en las páginas 174 y 175: «Diera, por ello, la impresión que la visión mística de la clase se alimentó, desde la construcción teórica del joven Marx, también un antijudaísmo previo a la presentación del mito de la raza que aparecerá como constitutivo de la religión política del nazismo. La clave está en Marx en la crítica a la religión». Siendo, como es, profesor de historia de las ideas, aunque su formación no tenga nada que ver, intentar ver en la elaboración de las clases sociales, el antagonismo burguesía-proletariado, un antecedente mítico del Holocausto es, cuando menos, no tener mucho conocimiento del marxismo. A los marxistas los ejecutaron y quemaron en los mismos campos y hornos crematorios, fuesen o no judíos. Como aniquilaron a católicos o ateos. ¿En qué momento alguien de la academia puede llegar a decir esa salvajada? Es como cuando el tonto de turno dice que los nazis eran socialistas porque lo ponía en su nombre. Yo entiendo que en Hispanoamérica les ha tocado la izquierda tonta del mundo aquí duraron poco los tolais, pero llegar a eso, a situar a Marx como clave de la Shoah.


Si no se investiga, en general, pasan estas cosas. Parece que aquí se ha investigado poco sobre Marx, porque hay estudios recientes, como el de Gareth Stedman Jones que se pasa de contextualización—, donde hay mucho que cotejar. No vale con quedarse con Isaiah Berlin y Voegelin para hablar de Marx y del marxismo. Tampoco hay estudios de autores marxistas, aunque fuese para confrontar. Entonces ¿cómo escribir sobre Marx en esas condiciones? ¿Dónde están los libros de historia de la ideas o no, que contextualizan al señor de Tréveris? Es que ni el Anti-Marx de Rallo. No es una aproximación a Marx sino un recorrido por los prejuicios del propio autor. Si lo tenía sencillo citando, por ejemplo, a Louis Althusser y sus: «La historia no tiene sujeto» o «El marxismo no es un humanismo» tengo aquí delante una edición británica que se puede conseguir fácilmente, de la editorial Verso y donde también habla sobre Feuerbach. Cuidado que hay cosas criticables en Marx, pero ni fundó el materialismo dialéctico algo más que demostrado, ni sus análisis de la estructuración social bajo el capitalismo son completamente erróneos, ni las alienaciones sociales no existen. Si, como se suele decir, ayer mismo Charter y Loewenstein, investigadores no marxistas, ni izquierdistas, han reconocido que hay elementos estructurales que perjudican a los trabajadores, sea en empresas, con las políticas públicas y los mercados.


Es comprensible que Rodríguez Iturbe quiera destruir a Marx pues todos los dictadorcillos y sanguijuelas wokistas de por allí le utilizan, más bien le prostituyen, para su cuitas políticas. Pero, como se ha comprendido en Europa hace tiempo, es justo lo contrario. Hay que utilizar a Marx, confrontarles con el propio Marx para que se les caiga todo ese armazón producto del sistema. Se llame Maduro, se llame Petro.


La divinización de todo el pensamiento moderno del ser humano es criticada por toda la teología, igual no la liberal protestante- El ser humano es creatura. De ahí, empero, no se puede inferir que cualquier investigación científica deba tener a Dios presente. Ningún teólogo actual, salvo que sean herejes de esos que hay por ahí, niega la separación ciencia-teología. Cuestión distinta es que no deba existir diálogo en diversas materias. Ahora que acaba de fallecer Jürgen Habermas es bueno recordarlo. Ratzinger no negaba a la sociología, la ciencia política o la economía su validez científica. Como no lo hacen los demás teólogos. Sí que establecían límites cuando se pasa de las cosas del César a las de Dios. Parte de la genética o el transhumanismo, por ejemplo. Lo mismo debe aplicarse al Marx y el marxismo. Como epistemología tiene sus aciertos ahora hablan todos de batalla cultural y se quejan de este o aquel aparato ideológico. ¿Por qué defiende la Iglesia católica la educación libre?, cuestión bien distinta es su uso como religión política o determinismo social. Lo mismo sucede con cualquier -ismo, sea el liberalismo, el capitalismo, o el funcionalismo.


Unos pueden decir que el cristianismo es liberal, alguna cosa tiene. Otros que tiene efluvios socialistas o marxistas, puede ser. Los conservadores intentan apropiarse casi en exclusividad del mismo. Lo grande del cristianismo, es más, del catolicismo, es que apela, de una u otra forma, a todos porque no dejan de ser hijos de Dios. Pero en la cosas del César, en ese caso, la ciencia, hay que darle lo suyo. Y Marx quiso construir un sistema científico social, ergo político, gracias al cual se puede desmontar, desde su falso terreno de juego, a esa izquierda postmoderna. No es con la cruz sino con El capital como se les vence. El católico actual tiene un terreno de juego complicado, bastante embarrado, contra el wokismo o pseudoizquierda, contra los supuestos aliados, contra un mundo que olvida su origen no solo religioso sino cultural. Debe utilizar todas las armas que encuentre y las mejores pueden ser las de los adversarios, conscientes de que no son las propias de Jesucristo sino las que se han dado en el tiempo. El Evangelio y la Doctrina de la Iglesia son potencia de fuego, pero ahora se está al navajeo. Al final todo se reduce, en buena medida, a ese «Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme» Lc. 18:22.

viernes, 6 de marzo de 2026

Lo que entiendo de la guerra de Donald Trump

 


No soy especialista en cuestiones geoestratégicas, ni de relaciones internacionales —ya en la carrera me parecía aquello muy aburrido, salvo dos o tres cosas, y falso—, por lo tanto mi opinión no es la de un especialista en la materia. Sin embargo, la historia muestra ejemplos más que suficientes para comprender que dos más dos no siempre son cuatro. Que detrás de las proclamas hay un sustrato oscuro, escondido, que suele mostrarse al mundo cuando ya ha pasado un tiempo. Algo así pasa en estas guerras, rencillas y disputas del trumpismo en aras de la democratización del mundo.

Si se han creído que esto tiene algo que ver con la democracia, déjenme que les diga que son bastante incrédulos. Lo «democrático» es la proclama buenista de cuestiones que son bastante más peliagudas. En esta oleada trumpista-sionista se juegan más cosas que algo democrático. Miren Libia. Ni democracia, ni progreso, ni nada por el estilo, pero, eso sí, las fuentes energéticas a buen recaudo de los mismos de siempre. Hay una dictadura pero «como es de los nuestros»…

Esto de Irán viene gestándose desde las masacres de Israel y Gaza. No piensen que Netanyahu se ha levantado por la mañana y se ha emperrado en atacar Irán porque igual tenían una bomba nuclear. Paquistán que está al lado, y para los occidentales es más peligrosa, la posee y no dicen nada. Que la tenga, evidentemente, cambia mucho la geoestrategia de la zona porque equilibra fuerzas con Israel. Pero si se ataca el Líbano, como está haciendo el sionismo, entonces ya no es tan obvio que lo de la bomba atómica sea la excusa. Debe estar en otro lugar.

Donald Trump se mete en la guerra porque el sionismo es poderoso en EEUU, más en esa mezcla extraña con el evangelismo mesiánico propio de allí. Ese evangelismo, junto con el anabaptismo del sur, quiere crear en reino de dios en la tierra —pongo dios en minúscula porque es un dios falsificado—. Su escatología es cumplir la supuesta voluntad de dios, la cual está transferida al imperio estadounidense. Algo que enlaza muy bien con el mesianismo sionista. Tienen puntos de conexión.

Esto es el fermento donde se genera esa santa alianza —de la que no tienen culpa los judíos, los evangelistas normales, ni los ateos, ni nada por el estilo—, pero no es la causa, ni el fin. Ni Netanyahu, ni Trump quieren un reino de dios, ni nada por el estilo, están a otras cosas bastante más materiales. Lo democrático les es indiferente en realidad. De ahí que, recordando que esto viene de largo, Trump lo primero que hizo fue cargarse a Maduro. No porque los venezolanos le caigan mejor o peor, ni porque le importe algo Venezuela —salvo que haya alguna isla donde ir con menores, ya saben los gustos de estas gentes—. Lo que le interesaba a Trump es tener el control de un posible suministro de materias primas libre y a su total disposición. ¿Qué más se ha sabido de Maduro? ¿En qué se ha avanzado salvo en poner a disposición, para lo que Delcy ha sido muy responsable, de EEUU las materias primas venezolanas quitándoselas a un Estado soberano y a su población?

Una vez controlado el flujo de reservas energéticas —en esto ha dado la clave el magnífico historiador Rodríguez de la Peña al afirmar que va para largo la guerra—, Trump ya podía apoyar los planes del sionismo, el cual, quiere que la zona esté lo más desestabilizada posible. En Irán no hay más apoyo al yihadismo que en Arabia Saudí o en Paquistán. Posiblemente haya menos. Pero es un país estable, aunque sea para mal, con materias primas que le permiten autoabastecerse, con tecnología punta y en buenas relaciones con China.

Porque la guerra en Irán para Trump es una guerra contra China, la verdadera potencia militar y económica adversaria. Venezuela era aliada, ahora les cierran las puertas a los chinos por allí. Cuba es la otra aliada y por eso insisten en derribar al gobierno. Aunque sea una caquita de mosca en el tablero internacional, tiene algo simbólico por lo de bahía cochinos, por la inmigración en Florida —ni uno va a volver, como tampoco se irán de Madrid los venezolanos, ya verán— y porque el gasto va a ser menor. No importa en realidad Cuba ni económica, ni estratégicamente. Dejarle las espaldas alteradas, desestabilizadas, y molestarle con las exportaciones, para que deriven sus transportes por otros lados es lo que quiere Trump.

A ello se suma que el tonto de Zelenski quiere montar una guerra con Hungría. Nada mejor que dejarle sin abastecimientos energéticos para que se rinda de una vez como ya le han dicho desde la Casa Blanca. Toda vez que los EEUU se van a quedar con la tierras raras y Putin se lo respeta —porque Rusia no es enemiga de EEUU por mucho que les cuenten, aunque sí aliada de China y eso molesta—, la continuación de la guerra y abrir otro frente no es factible. Más cuando el otro frente es contra un aliado otanista. Con esto de la guerra ya tiene la excusa Trump para dejar tirado al ucraniano.

Un oriente medio desestabilizado, con gobiernos títeres o anárquicos, le viene bien a EEUU y mejor al sionismo. No les interesa la lucha contra el yihadismo. A los sionistas lo único que les mueve es crear su lebensraum en la zona y ya. Su espacio vital para la construcción del gran Israel. Y como tienen buenos lobbies pues ganan en la publicidad. Ahí tienen a todo el aznarismo Aznar es uno de los mayores lobistas del sionismo desde hace décadas y buen partido monetario que le saca hablando sobre democracia y demás derechos humanos cuando la realidad es otra. Ahí tienen a todos los trumpistas, como tontos, apoyando cualquier cosa que haga porque algo les caerá —«¡clin, clin, caja!»—. Ahí tienen a todos los catoevangélicos, que no dejan de ser aznaristas y/o trumpistas, clamando contra el propio pontífice porque ha dicho que la guerra no es justa.

Y todo culpa de Sánchez… claro. Un presidente que, defendiendo la soberanía española, le dice cuatro cosas verdaderas a otro, es el maligno, aliado de los ayatolás —que parece que les tocan las pirolas cuando fueron a comprar pan— y traidor a EEUU. Más allá de la desvergüenza habitual y la porquería que es el sanchismo, para una vez que hace algo bien. Meloni ha dicho lo mismo y no se escuchan críticas contra ella. ¿Raro, no? Lo que ocurre, y por eso Trump siempre está atacando a España y a su presidente, es que es uno de los grandes aliados de China —esa pérfida tierra comunista, no como los nazis o fascistas de países europeos—. Lo que molesta a Trump no es que Sánchez diga esto o lo otro, sino que esté en perfecta sintonía con China. Y esta guerra es en parte contra China.

Al final, entiendo que todo esto no tiene nada que ver con la democracia, ni los valores occidentales, ni los derechos humanos, ni nada por el estilo. Son varias guerras beneficiosas para dos países por distintas circunstancias. No había amenaza de conflicto, ni nada por el estilo. No había peligro yihadista si fuese una guerra contra el yihadismo mirarían a otros países del golfo y oriente medio. Esto es otra cosa. Para EEUU desde luego es algo comercial ¿por qué amenaza con cuestiones comerciales a España y no con otras?, algo que llene el ego de los mesiánicos que le apoyan en MAGA y otros lares, algo que reactive la economía yanqui es más que sabido que la economía de guerra es un recurso típico de EEUU para activar la cosa doméstica, algo que les permita advertir a los demás sobre quien manda. Y en España hay demasiados tontos que genuflexan rápidamente ante el emperador, aunque vaya desnudo.

Oye que igual sí es verdad que quieren la democracia, los derechos humanos, el feminismo y demás wokismos que están apoyando las derechas. Menos el respeto a las soberanías nacionales y el libre comercio, lo que haga falta.

miércoles, 4 de marzo de 2026

¿Por qué llevan a Gonzalo Miró los medios?

 


Hay algo que se preguntan todos los aficionados rojiblancos, ¿por qué Gonzalo Miró sale en los medios «representando» al Atleti? Es de esas preguntas que no parecen tener respuesta lógica. Para su inclusión como tertuliano y presentador de un programa hay una clara, es amigo íntimo de Cabezón y Segovia ese que dicen que es el nuevo novio de Bono, ergo del grupo de sanchistas encaramados en Moncloa. Pero todos estos años en el mundo futbolístico ¿por qué?

Miró no tiene estudios que respalden su presencia. Vamos, no es periodista, ni científico social, ni nada por el estilo. De hecho, no tiene estudios, sin más. No tiene una pericia profesional, más allá de echarle mucha cara y saber dónde situarse, que le respalde para ejercer cualquier tipo de análisis, del que sea. No ha sido futbolista profesional, ergo no tiene esa experiencia vital. Es como cualquiera de nosotros, que sí que han jugado al fútbol de chavales pero que dada nuestra incapacidad manifiesta no llegamos a nada. De hecho, yo era el portero por malo.

¿Cuál es entonces LA CLAVE? Una muy sencilla. Para el nacionalmadridismo no hay nada peor que un atlético. No solo compite, pese a hacerlo sin red abajo como sí tiene el Maligno, en los mismos torneos cuando el Atleti no se metía en Champions era muy gracioso, ahora que lo hace siempre ya no lo es tanto porque tiene la posibilidad de... sino que compite en la misma ciudad. A ellos les gustaba el Atleti del gil-manzanismo. Al Barça, pese a lo que digan, le necesitan para mantener el tinglado de los últimos veinte años. Pero el Atleti es un ser extraño, incómodo. Entonces…

¿Van a llevar a los medios a un chaval o una chavala que es periodista, del Atleti, que intenta tener objetividad, que no le ríe las gracias a los rancios del nacionalmadridismo? Porque haber gente, que las está pasando putas para encontrar trabajo o mantenerse en uno, hayla. Han buscado a Miró porque es el tonto esférico que necesitaban para sus programas en la radio, los periódicos y la televisión. Ese tonto útil que siempre critica al Atleti, que disfruta con los males propios, que siempre está presto a meter cizaña y que se lleva bien con el dúo dirigente usurpador.

En el entorno del Atleti hay algún tonto que otro, sin duda, pero no son esféricos. Que al final son los que gustan dentro del nacionalmadridismo para su programas. Y de esos hay pocos. Del FC Barcelona han encontrado unos cuantos y ahí les tienen. No son muchos. Pero es que del Atleti solo tiene a uno: Miró. Esa es LA CLAVE. Sin más.

miércoles, 25 de febrero de 2026

Pese a lo que diga la prensa, buen rollo en el Atleti

 


Están desde el nacionalmadridismo y el nacionalbarcelonismo intentando desestabilizar al Atlético de Madrid —como si necesitase ayuda dirá algún malvado rojiblanco (más conocidos como vikindios)—, que si este se va, que si el otro no está a gusto, que si el Cholo esto, que si Apollo quiere… Y nada parece que no.

Esto se traslada a los espacios/medios rojiblancos donde acaban hablando de las tontadas que se les ocurren a esos seres extraños, algunos con capacidades cognitivas devaluadas y otros con problemas de socialización con el común, por lo que deben recurrir a juntarse con personas de similares déficits no como terapia de grupo sino para sentirse de vez en cuando humano y no animal. Entre los rojiblancos también hay de estos, no crean, pero las gentes del Atleti aguanta a los suyos y no los distribuye por ahí, por respeto a los demás seres humanos. Salvo con Gonzalo Miró y algún otro de Radio Marca, que son la gran venganza.

La realidad es que en el Atlético de Madrid lo que parece es que hay muy buen rollo entre los componentes del plantel. Cierto que hay un grupo argentino que se dará apoyo mutuo pero nada que ver con el clan portugués-brasileño de antaño. Luego está el marido de Érica que vive en su mundo feliz y no se mete con nadie y a todos quiere. Oblak que habla poco pero manda mucho. El resto parece que hacen buen grupo incluyendo al que mola y hasta le sacan copas gratis a Ruggeri en el Opium. Los nuevos, Mendoza y Vargas están como timidillos, lo mismo que Baena, pero no desentonan. Seguro que Sørloth hace bromas como el que más.

En el banquillo no es que se sienten las mayores alegrías de la huerta, todo el cuerpo técnico es más bien soso, pero dejan a los chavales que den rienda suelta a sus cosas siempre y cuando trabajen en el campo. Buen rollo y no porque se esté arrasando en las competiciones, sino porque en el plantel han coincidido un buen grupo. A partir de esto se puede construir y ya ha pasado el CEO a decirles que hay que conseguir los objetivos, que tiene que trincar pasta y no vaya a ser que se echen para atrás los yanquis.

Mientras tanto, en el lado oscuro están unas semanas haciendo del cono entrenador para décadas, otras inventándose nombres de nuevos entrenadores. Unas tienen a los mejores jugadores para el balón de oro, otras son todos balones de playa. Ocultan las deudas, ocultan las lesiones graves de sus jugadores. Pero siempre quejándose de los árbitros. El la ciudad condal están de elecciones a presidente por lo que cualquier cosa que digan del Atleti es… mentira. Ya le pasó a un candidato, la última vez, que habló mucho sobre Messi y le tuvo que callar el interfecto. No se crean nada porque no se sabe si tienen dinero suficiente para fichar a alguien que no sea del Español y con cláusula bajita.

Esto lleva a los espacios y algunos memes andantes rojiblancos. Pero ¿por qué dais pábulo a noticias inventadas? Es obvio que no tenéis contactos con nadie, salvo con un administrativo que os cuela todas y se debe reír con Óscar Mayo al narrarle el bulo que os ha contado. Es como lo de la chica rubia que os pensáis que os mira mucho en el Metropolitano, pero no es a vosotros sino al de atrás.

Y en redes sociales todos como tontos a comentar la primera estupidez que se le ocurre a cualquier medio. Ni caso. Pasad de ellos porque tienen aviesas intenciones. Pasadlo bien con los nervios de los partidos, con los memes y demás cosas buenas. A mí el Cholo me aburre pero no estoy esperando la ocasión para darle un pescozón. Voy a lo mío. Y si alguno quiere irse que ponga la pasta y adiós. A disfrutar. Y como medida redentora, es obligación pedir la absolución al padre Zorzales y que os imponga una penitencia.

Los intelectuales del PP dan un paso al frente

  Aunque se sorprendan, sí, existen intelectuales en la órbita del PP, los cuales están dando un paso al frente al ver la situación global...