Aunque se sorprendan, sí, existen intelectuales en la órbita del PP, los cuales están dando un paso al frente al ver la situación global de España y el resto del mundo. Es más que posible que, salvo en algún ámbito jurídico, nadie pueda citar tres o cuatro intelectuales de los que sobrevuelan lo que el PP representa. Lo normal, algo que no ha desagradado a las distintas direcciones, es que con una buena prensa, adulada y sostenida —como hacen los demás, no piensen que esto es cosa de unos—, les valía para gobernar o alcanzar el poder. Doxósofos, todólogos, columnistas de la risa, escritores de la nada… Esa carencia de intelectuales, aunque más que carencia habría que decir poca visibilidad, les ha venido perjudicando desde la aparición del populismo, fuese el del sistema (Ciudadanos), fuese el del antisistema (Vox). De esto, entiendo, se han dado cuenta los propios intelectuales, alguno orgánico, y han decidido dar ese paso al frente.
¿Para qué han dado ese paso al frente? Lo primero para reafirmar los valores propios del PP como constitucionalista, ergo democracia liberal parlamentaria, europeístas y liberal-consevadores. Lo segundo, para presentar batalla ante un contexto que les es poco propicio, pese a ser el principal partido de la oposición y gobernante en autonomías y ciudades, debido a la pinza del sanchismo con Vox. Y, tercero, dar cuenta de que en la derecha española democrática existen numerosos intelectuales con la misma capacidad y brillantez que en otros lares. Sin duda, a estos intelectuales se les arriman los aprovechados, los que van de rebeldes y no saben lo que es un régimen totalitario o iliberal, los que van buscando vender «su» libro o los que simplemente se apuntan allí donde puedan comer durante la semana en este o aquel acto.
Entre estos intelectuales no verán libertarios à la Milei, ni hijos del gustavo-buenismo, ni cosas espeluznantes que se ven en televisión y, a veces, se escuchan en la radio. Son personas formadas, con sus respectivos trabajos importantes y universitarios, que no tienen la intención de vivir de la política —sea directa o indirectamente como puede pasar con escritores o periodistas— y que parten de un impulso cívico. Sobre el sanchismo y sus trapacerías no hace falta hablar pues son bien conocidas y cualquier persona, sin ideologizar, entiende lo que viene pasando —aunque solo fuera no tener capacidad legislativa, ni haber presentado presupuestos en toda la legislatura—. Es el ámbito de la derecha donde estos intelectuales ven el mayor peligro y donde actúan en los últimos meses de manera abierta.
Toman como consigna la moderación, algo que cualquiera con dos dedos de frente sabe que nada tiene que ver con la pusilanimidad —aunque les acusan de ello los contrarios—, desde los valores que representan para hacer ver a la ciudadanía que no hacen falta radicalismos, ni mentiras, ni convocar a las masas a otro 18 de julio —en el otro lado están con el mito del 16 de febrero. Los valores que nos hemos dado los españoles y que tan buen resultado han generado, con las normales fallas de todo sistema, el cual necesita tiempo para la autopoiesis, que diría Niklas Lühmann, son fundamentales para progresar y avanzar en todos los órdenes de la vida. No hay que dejarse llevar, ni por las mentiras del sanchismo, ni por los paraísos recuperados de los populismos. Desde un realismo muy propio de la derecha gubernamental, presentan batalla frente al entreguismo de los populistas e iliberales; la falsa bandera de los derechos humanos, la cual depende del humano que sea es derecho o no; las incapacidades para gestionar lo público; la utilización del catolicismo como elemento divisorio o sustentador de políticas anticristianas…
Por eso habrán notado que, de un tiempo a esta parte, hay más personas de derechas que invitan a que no se haga de PP-Vox algún tipo de bloque de derechas, sino que el defienden con ahínco que el PP debe liberarse de Vox y estar tan lejos como pueda. Si hay que pactar, porque no hay otra alternativa, exigen una dureza en la negociación y dejar bien claro qué se va a hacer y quiénes lo van a hacer, sin permitir injerencias de Madrid, ya sea para trincar el dinero público, ya sea para dificultar el mero gobierno. Ven que esa imagen, básicamente construida desde los medios de comunicación —muchos de ellos con dos velas puestas, al santo y al diablo— y potenciada por algún elemento discordante del propio PP, les perjudica gravemente por dos razones. Una, electoralmente pues les impide crecer hacia el centro. Dos, políticamente ya que lo que el PP defiende nada tiene que ver con lo que hace Vox, interna y externamente.
El PP es europeísta antes que trumpista o sionista. Entienden, estos intelectuales, que la magra, pero suficiente, legislación internacional valida las posibles intervenciones humanitarias o sirven para hacer frente a las agresiones a los países democráticos. De ahí las discrepancias con otras fuerzas respecto a la guerra de Ucrania y, ahora, con los ataques alocados a Irán. Que no es que apoyen al régimen dictatorial iraní, no, pero hay fórmulas internacionales para haber evitado el sindiós que tienen ahora. También es demócrata-cristiano —pese a los esfuerzos de Ángel Garrido de eliminar esa identificación en los congresos peperos— y por ello no comparte el uno evangélico-sionista de Dios para las tropelías de ciertos gobiernos. Es por ello que, en los últimos días, están señalando a los populistas pro-trumpistas, quienes se abrazan a cualquier santo de forma torticera, por el atronador silencio por lo que viene ocurriendo. Como tampoco dicen nada, los trumpistas, sobre las expulsiones y ataques a los católicos en el Líbano…
También estos intelectuales se quedan a cuadros cuando escuchan hablar a la portavoz del PP defendiendo el secuestro y apaleamiento por parte de Israel de un soldado español. Una cosa es que Israel pueda ser un aliado y otra es permitirles estos ataques a un compatriota que forma parte del contingente de la ONU, no del sanchismo, no, de la ONU. Pelos como escarpias tras la comparación con un control de la Guardia Civil y la poca visión de Estado de la portavoz. Bien es cierto que estos intelectuales, off the record, tampoco es que hablen maravillas de algunos de los dirigentes del propio partido por la poca visión estratégica. Con la fácil que hubiese sido pedir al gobierno que exigiese explicaciones públicas a Israel y sobre ellas pronunciarse. Eso si se tiene miedo a los aparatos ideológicos del sionismo internacional.
En los últimos días, este grupo de intelectuales se viene dando cuenta de que desde el populismo, y un poco desde su propio partido, se les está haciendo gratis la campaña al sanchismo. En días, el presidente ateo y plurinacionalista ha conseguido defender al catolicismo y a la patria de forma más intensa que los que van con la bandera todo el día en la mano y dicen rezar el rosario cada tarde. El ataque, algo de razón tiene Jasiel Paris en su artículo en The Objective, de los aparatos ideológicos imperiales contra León XIV por su perfecta defensa de la Doctrina Social de la Iglesia y la independencia de la Iglesia, no ha obtenido respuesta de esos supuestos católicos o neocatólicos, incluyendo alguno del PP. Esas amenazas con Aviñón del ser anaranjado, que han recibido aplausos de algún gustavobuenista que va impartiendo doctrina teológica —y saber e historia y ciencia política y sociología y…— y algún patriota, han tenido una respuesta contundente de estos intelectuales porque hasta ahí se podía llegar. Como ha afirmado alguno, luego correrán a besar el anillo en la visita del romano pontífice, pero hoy callados porque, en realidad, como bien les vienen desnudando, son articulaciones del trumpismo global.
Como dice Giorgio Agamben: «Una sociedad de cómplices es más opresiva y asfixiante que cualquier dictadura». Igual no han leído al pensador italiano, pero sin duda estos intelectuales no quieren vivir en una sociedad de cómplices sino de personas maduras y autónomas, que es lo que, entienden, defiende el PP sobre otras posibilidades humanas. Si la Iglesia católica es el katejón a nivel global, ellos quieren serlo en lo terrenal español. El katejón contra el Castejón —vale, el chiste es malo— y contra el populismo patriota vendido al poder imperial.






