Nuevas
elecciones y nuevo fracaso de las encuestadoras. Todas, no se salva
ni una, se han desviado muchísimo más de ese ±3%
que ponen al final y que se supone es el nivel de confianza. Existe
la intuición, aunque nunca se ha llegado a probar de forma
sistemática y verificables, es decir, científicamente, de que las
encuestas se encargan y se publican con la única intención de
modificar el comportamiento electoral de la ciudadanía. En España
va a haber que tomarse en serio hacer una investigación así porque
no puede ser que, elección tras elección, fallen de forma
estrepitosa.
Aquí abajo van a ver una muestra de
esos errores cometidos por las distintas encuestadoras que recorren
todo el arco político de la prensa española, más el CIS que
debería ser el más riguroso al ser público. Como verán los
errores son groseros porque es obvio que la elección de la muestra
falla constantemente. Quienes hacen encuestas —telefónicas,
con el margen de error que existe—
pareciera que por ahorrarse dos euros, dejan de llamar a cien más,
perfectamente distribuidos, pensando que «tampoco es que vaya a
cambiar mucho el resultado». Quienes se dedican a hacer paneles —se
elige a un grupo de personas a las que se les pregunta lo mismo
durante un tiempo determinado—
parece que no logran obtener una muestra realmente significativa.
Esto que les he contado en el párrafo
anterior puede resultarles extraño, estúpido o inocuo pero es la
base misma para que la encuesta sea lo más ajustada a la realidad de
ese momento en que se pregunta. Si no se toma en serio cómo
establecer la muestra, para lo cual hay que estudiar la geografía
humana del ámbito electoral, luego pasa lo que pasa, que se desvían
los porcentajes más de lo recmendado.
Y ¿por qué hablo de porcentajes y no
de escaños? Porque ahí está la trampa de las encuestadoras. Dan un
porcentaje x y al lado hacen una horquilla de escaños con
diferencias de hasta cinco curules. Así aciertan siempre, eso dicen.
Haciendo trampas al solitario. Las horquillas existen porque una leve
modificación del porcentaje puede suponer ganar uno o perderlo en
según qué circunscripciones. Pero colocar cinco o seis no es contar
con ese leve movimiento —imperceptible
en una encuesta— sino
jugar a acertar por expansión.
Vayamos a los datos.
Electopanel, como su nombre indica, se
dedica a elegir un grupo de personas a las que pregunta de forma
continuada en el tiempo. Como pueden ver sobrestimaron al PP
otorgándole casi tres puntos y medio, mientras que infravaloraron a
la Chunta en 2,5 puntos. Si bien con el PSOE o con Aragón Existe
lograron extraer más o menos los votos —una
diferencia del ±0,4% no
es importante para los grandes partidos en votación, aunque en los
menores sí puede haber error—
para el resto las desviaciones son mayores de lo recomendable.
40dB, que suele trabajar para El país,
también ha cometido errores groseros. Salvo el PAR, Aragón Existe
y, en parte, Vox, en el resto de partidos han existido
sobrestimaciones e infraestimaciones. No han sabido ajustar la
muestra por internet y la Chunta y PP están muy desviados.
Vamos con GAD3, los que dicen que
siempre aciertan. Como pueden comprobar viendo el gráfico sólo han
acertado sobre el PAR, el resto tiene desviaciones importantes
respecto al volumen de los votos recibidos. Hundían al PSOE, daban
poco a Vox, sobrestimaban al PP, aunque sí han visto cierto
crecimiento de la Chunta pero sin llegar a a ajustar el porcentaje.
NC Report, o los Marhuenda boys,
también han cometido errores groseros. Una alta sobrestimación del
PP y una infraestimación de la Chunta, más no haber visto que Vox
crecía más de lo que se esperaba o que Podemos no convence a nadie.
Suelen publicar, Target Point, sus
datos en El debate, lo que no empece para que se hayan equivocado
como casi todos en sus sobrestimaciones e infraestimaciones. ¿En qué
cabeza cabía que IU fuese a sacar casi un 5%? Sin embargo, sí han
logrado ver el aumento correcto de Vox y han clavado, de chiripa, a
Aragón Existe y a las ardillas porculeras.
Aquí, las gentes de Sigma 2, parece
que han sobrestimado a casi todos, menos a la Chunta. Algo que no
sorprende porque les ha pasado a todos y no debe haber sido por voto
oculto, ni cosas similares. Como demuestra la encuesta que viene a
continuación.
De nuevo GAD3, esta vez para la FORTA
o las cadenas autonómicas, sigue empeñado en fallar. Siendo
encuesta realizada justo antes de la votación, se observa que
algunas predicciones se van corrigiendo pero siguen fallando con el
PSOE o con IU de forma exagerada. Grandes desviaciones que luego
corrigen, como se ha dicho en las horquillas de escaños.
Por último el CIS. Como lo pagamos
todos y tienen mayor presupuesto debería ser más eficiente, pero
no. Tiene graves desviaciones en sobrestimar a PSOE, IU y Podemos
—¡Qué casualidad!—
pero infravalora a Vox, Chunta y Aragón Existe. Casi acierta con el
PP paradójicamente.
¿Por qué?
¿Qué ha podido pasar para estas
desviaciones tan graves? Lo primero es que puede haber habido algún
tipo de estimación ideológica o tendenciosa. No es descartable que
hayan pensado: «Ya que me paga Fulanito, pondré a los partidos de
sus lectores un poco, mejor en base a esas dudas que salen en los
datos». O también: «Ya que me paga Fulanito, pondré un poco más
bajo a este partido y al otro para activar a sus votantes». Podría
ser así.
O podría ser que han hecho mal las
muestras. Como son telefónicas en su mayoría han podido sobrestimar
las ciudades —en estos
ámbitos se suelen considerar ciudades las más grandes de 30.000
habitantes, incluso desde 15.000 en algunos casos—
y se han dejado miles de votos de entidades locales más pequeñas,
las cuales sumando sumando hacen un buen ciento.
Por último, ha podido pasar que, más
allá de los cambios a última hora del voto, se hayan dejado llevar
por los datos que tienen de las elecciones generales en la región
para hacer las proyecciones. «Si en Aragón me sale una gran caída
o subida en las generales, pues estimo que va a haber una
correspondencia similar», habrán pensado. Lo que es tomar a los
votantes por imbéciles cuando no lo son. Desde luego hay personas
que votan a «su» partido pase lo que pase —lo
que se llama suelo electoral—
pero hay miles de votantes que saben diferenciar perfectamente entre
un tipo de elecciones y otras. Por ello hacer estimaciones en
diferentes ámbitos de votación con los datos de otras muestras
conlleva errores. El castigo, por ejemplo, a Sánchez puede no darse
al PSOE en cierta región. O el fervor por tal candidato regional
puede ser sentido a nivel estatal como algo muy distinto. No es bueno
mezclar churras con merinas para según qué cosas.
¿Qué se puede sacar de todo ello? En
realidad poco salvo las tendencias que ya se veían en otras
encuestas y votaciones. Si les cuentan que esto o que lo otro, como
van a hacer en las televisiones y radios, duden. Duden bastante y
mantengan un pensamiento crítico, pues se escuchan tantas
estupideces que no pueden sino afectarles el cerebro. Que si los
jóvenes votan a Vox mayoritariamente —luego
las encuestas postelectorales dicen que más o menos igual que a los
otros—, que si lo rural
es esto, que si lo material importa, que si el gobierno está
acabado, que si Feijoo debe dejar paso a IDA o cualquier ocurrencia
para «vender su libro», el de cada marmolillo mediático. Lo único
claro es lo que dicen los datos reales y sobre ellos, en Aragón, hay
cosas obvias. Tan obvias que no hace falta explicarlas y menos por
quienes fallan más que una escopeta de feria.