El Gobierno ha decidido realizar una
pirueta más en su política de oscurecer su completa incapacidad
legislativa, ergo gubernamental, al expresar que mañana mismo se
desclasificarán los papeles del servicio secreto sobre el 23F. Uno
de esos lugares comunes para la conspiranoica popular o de los
amargaditos —que aunque
no se lo crean son unos cuantos. Los que no les gusta la transición,
los que no les gusta la democracia, lo que nos les gusta el PSOE (de
derechas e izquierdas ex aequo),
etc.—,
con la cual pueden tener entretenidos a medios y sufridores
ciudadanos un par de semanas.
Los más mayores del lugar se han
preguntado, con razón, ¿queda algo por salir que no se haya dicho
ya? La verdad es que, salvo que se diga que el golpe lo preparó
Suárez junto a Torcuato, no queda nada importante que decirse. Todo
se ha contado, todo se ha publicado.
Juan Carlos tramó todo
Están los conspiranoicos que creen
que esto es un paso para descalificar al emérito y de paso cargarse
la monarquía para instaurar una república de los penes lesbianos y
las nacioncitas de las lenguas andaluzas. Eso sería concederle
demasiada inteligencia a Sánchez. Él es un resistidor, no le pidan
inteligencia, menos después de todos los efectos especiales que ha
venido mostrando en los últimos años. Muy del gusto del sanchista
con problemas cognitivos y del fachita de zapatillas con velcro, pero
poco más.
¿Participó directa o indirectamente
el monarca en lo del 23F? Sí. Se sabe. Los dos generales que se
sublevan son monárquicos antes que franquistas —lo
eran con don Juan y los siguieron siendo con su hijo—.
Esto indica que, cuando menos, desde la casa real hubo algún
comentario al respecto. Que Armada llegase como «salvador» del
golpe al congreso, también es indicativo de que, sino directamente,
Juan Carlos no lo paró.
Porque el rey lo sabía perfectamente.
Como es conocido, Enrique Múgica acudió a una cena con el general
Armada a Lérida donde éste le planteó al socialista que igual
habría que provocar un golpe de mano para cambiar un gobierno
desorientado y poner uno de concentración donde el PSOE tendría su
hueco. Múgica le dijo que debía poner en conocimiento de la
Ejecutiva la propuesta. Esto se discutió en la dirigencia socialista
de la época y Felipe González ordenó a cierta persona, encargada
siempre de los contactos con el rey, que se lo comunicase al monarca.
Juan Carlos respondió que ya le habían llegado rumores. El PSOE no
contestó a Armada y dejó todo en manos de la casa real.
¡Quitadme a Suárez!
También corre la tesis de que Juan
Carlos provocó el golpe porque ya no se quería con Suárez como
antes. Tesis bastante estúpida por varias cuestiones: primera, se
produce el golpe en la sesión de investidura de Calvo Sotelo, el
reemplazo del primer presidente; segunda, la UCD había estallado en
el Congreso de Palma de Mallorca y ya se producían los primeros
movimientos hacia AP; tercero, la moción de censura del PSOE el 31
de mayo de 1980 ya había dejado claro que los cambios estaban
próximos sin necesidad de alterar el funcionamiento democrático.
Sí pudo haber tenido su influencia el
monarca en Armada pues las reuniones del general con Múgica y, se
dice, que Tamames fueron anteriores a la dimisión de Suárez. Con
Múgica el 22 de octubre de 1980. La dimisión se produjo el 29 de
enero de 1981 tras una trampa del monarca que le llamó a Zarzuela y
le dejó reunido con varios generales que le «hicieron ver» que era
mejor irse ahora que más tarde. La famosa reunión, aunque fuese
falsa la anécdota, donde le enseñaron una pistola y le ofrecieron
utilizarla. Toda vez que se haría con el gobierno Calvo Sotelo y le
tocaría aguantar un año más ¿para qué provocar un golpe de
Estado?
Hacer entrar en vereda a los
militares
Tras la opción «De Gaulle», la
Suárez, llega la opción hacer entrar en vereda a los generales.
Cierto es que en la Junta de Jefes de Estado mayor les daba repelús
hasta la llegada de los socialistas y hablaban muy mal de Suárez por
su mano blanda para acabar con el terrorismo de ETA, GRAPO y demás
grupúsculos terroristas que existían en aquellos años. La
operación Galaxia se había producido ni dos años antes —ese
intento de golpe planeado por Tejero, Sáenz de Ynestrillas y algunos
civiles más, retendía tomar al asalto el palacio de Moncloa y
secuestrar a Suárez— y
ruidos de asonadas había cada dos por tres. Incluso antes de la
llegada del PSOE al gobierno, durante la misma campaña electoral,
hubo otro intento desarticulado.
¿Pudo el monarca tener la suficiente
inteligencia para pensar que habría que dejar dar el golpe a Tejero
y a Armada, tener con él a los fieles y hacer entrar por el canuto
de la democracia a los demás generales? En esos tiempos, después de
haberle tangado a UCD algún milloncejo de dólares gracias a Prado
Colón de Carvajal, estaba más preocupado de Paloma, de Bárbara y
de cualquier otra cupletista de las que destacaban el la televisión
—el que es borbonazo no
cambia—. Cuestión
distinta es que el golpe y la nula reacción de los españoles, en
general acongojados por no decir acojonados, igual les hiciese entrar
en vereda. Eso y el aumento de sueldo de González cuando se hizo con
la riendas del gobierno.
Sí es cierto que algo, respecto al
terrorismo etarra quedó sellado en el capó delante del congreso de
los diputados. En el famoso pacto del capó donde Tejero se entregó,
se estableció la creación de un grupo paramilitar o parapolicial
que actuase contra el santuario francés de ETA. Y así de paso
obligar a Francia a colaborar en la lucha contra el terrorismo. Sí,
en el pacto del capó se creó el GAL. Pese a las actuaciones,
consentidas desde Interior del Batallón Vasco Español, se decidió
crear algo más profesional y que cuando llegaron los socialistas al
gobierno estaba operativo. El GAL no lo creó González, fue producto
del 23F con el conocimiento del monarca y, posteriormente, de AP y
PCE. Esto lo ha contado Verstrynge en sus primeras memorias, junto
con la reunión que hubo en el congreso de González con los demás
para ver si iban para delante.
La lista que nunca existió
Desde la afirmación de Sánchez ha
circulado una lista —la
primera vez fue publicada por El Alcazar—
con una serie de nombres. Una lista que jamás enseñó Armada a
Tejero porque no existía. Mejor dicho, igual Armada la tenía en su
casa o despacho, pero no le enseñó nada a Tejero. La negativa a la
operación «De Gaulle» vino porque el general le dijo que, salvo
nacionalistas de todo pelaje, entrarían los demás partidos,
incluidos los comunistas, en ese gobierno de concentración. Y por
los comunistas no pasaba Tejero. Se fastidió la rendición rápida
que esperaba Armada y hubo que renegociar lo anteriormente dicho.
¿Supone eso que el PSOE, como dicen
algunos, habría estado detrás del golpe? Un PSOE que ya era primera
fuerza en las encuestas —en
aquella época se hacían sin tantas intenciones—,
que gobernaba en la mayoría de capitales de provincia, que se había
quitado la losa —para
González y cía.— del
marxismo, que estaba a punto de tocar el gobierno con las yemas de
los dedos ¿se iba a meter en ese berenjenal toda vez que Suárez
había dimitido ya? ¿Sin contar con el apoyo de los generales? ¿Sin
contar con el visto bueno de Washington y Bonn? Quiero recordarles
que aquellos políticos, da igual la tendencia, eran gente seria y
con dos dedos de frente, no como los de ahora.
En resumen, el rey estuvo en el ajo,
por acción y/u omisión, pero se echó para atrás o no se echó
para adelante. Nada que no se sepa. Bien es cierto que luego se
construyó el mito del salvador de la democracia y demás cuestiones.
Pero que lo sabía, lo sabía. Como lo sabían o intuían todos los
demás partícipes de la clase política. Cuestión bien distinta es
que pensasen que no se atreverían o que no se lo tomasen en serio.
En Zarzuela estaban avisados y lo que posiblemente les pillase por
sorpresa fuese la fecha escogida. Algo que vino muy bien, por cierto,
para meter a España en la OTAN, que también se ha contado.
¿Qué puede quedar por salir?
Poco más que confirmar alguna de las
versiones ya conocidas. Algún nombre de un militar ya fallecido que
no estuviese. Las llamadas de Tejero a algún compañero cagándose
en todo lo imaginable. Datos sobre reuniones. Fechas que van
cambiando. No va a salir ninguna cinta del Borbón diciendo esto o
aquello, ni de algún político pactando gobiernos, ni nada de eso.
Sobre el 23F se ha contado el 95%, el 5% restante no serán sorpresas
sino confirmaciones. Eso sí, tendrán a la prensa mema haciendo lo
que mejor se le da en estos tiempos, titular escandaloso, tertulianos
diciendo estupideces y el pueblo alelado, mientras, las cosas del
comer sin arreglar.