Están los ríos llenos a rebosar de
lágrimas blancas. El Maligno casi acaba con un doble síncope en el
palco. Y parece ser, al decir, de la prensa nacionalmadridista, que
le habrían robado al Mal en un partido donde, al menos, cuatro
jugadores del Atlético de Madrid deberían haber sido expulsados. No
uno, ni dos, cuatro. Es el problema que tienen algunas mentes, de
esas que utilizan las zapatillas que anuncia David Bisbal que ni
agacharse es necesario, cuando la fantasía que llevan viviendo en
sus cabezas desde hace años choca con la realidad de un arbitraje
malo. Ni favorable, ni desfavorable, malo, como suelen ser los de La
Liga. Cuando se está acostumbrado a que todas las dudosa siempre
caen de tu lado, enfrentar algo normal cortocircuita las dos
neuronas.
Dicen que el Cuti Romero debería
haber sido expulsado en una acción donde ni hace falta, donde el VAR
no debería haber intervenido pues estaba bien arbitrado y que es
similar a una de Trent de hace unas fechas donde no había nada.
Lance del juego cuando se va fuerte al balón. Luego afirman que
Baena debió ser expulsado porque, Siro López dixit,
«dejó la pierna en la rodilla de Güler». Vamos que el turco chocó
con la pierna del español. Luego se inventan un penalti, con una
imagen retocada como se ha comprobado y en otra imagen que ha
aparecido se ve que le toca en el estómago, de Pubill y por eso
expulsión. Y luego la de Kang In que es la más cercana a una
expulsión si se utiliza el criterio que suele regir para «los otros
18», según el criterio de los otros dos no es ni falta.
Si se quiere jugar a esto también se
podría haber expulsado a M’Bappé por una agresión a Giuliano con
un rodillazo en la cabeza; a Bellingham por clavar los tacos en la
rodillas de «ocho goles» o la falta anterior al gol del Mal que
está mal pitada por lo que sucede antes. Puestos a inventar y buscar
cosas raras, se encuentran diez o doce por partido, pero entonces no
sería fútbol, ni deporte de contacto.
El problema no está ahí. En el fondo
la mayoría de madridistas saben que se quejan para tapar las
miserias de su propio equipo. En algún intersticio que ya hay en el
nacionalmadridismo, pues la última rueda de prensa antes de las
elecciones del Mal dejó mal sabor de boca en parte de la prensa
lacaya, han dejado de lado las quejas y se han puesto a analizar el
juego. Con una plantilla mucho más valorada —al Maligno le cuesta
un dinero que suban las valoraciones de sus jugadores en ciertas
páginas— que la del Atleti, resulta que te pintan la cara en juego
y te ganan. En cuanto el Mal ha jugado contra equipos, más o menos
duros (Atleti y Betis), palman o sufren como el día del Inter… o
del no tan duro Elche.
El Maligno, como buen soberbio que es,
ha hecho lo de siempre, fichar cromos más que profesionales del
fútbol, renovando, además, por una cantidad infame de millones a un
tío que se está riendo de él. Valverde se esconde en todos los
partidos. Tchouameni sirve para lo que sirve. Güler es mediapunta,
como siete más que tiene en plantilla, el Gafe juega para él, los
defensas que ya eran malos lo siguen siendo y el que parecía bueno
ahora es malo porque nadie defiende en ese equipo. Cuando fichó a
Llouriño no era para entrenar mejor o jugar mejor sino para dar la
nota en este tipo de partidos. Ni con un calendario asequible es
capaz de acercarse al nivel del gran enemigo, el Barça. Y eso les
tiene a mal traer.
Desde que se fueron Modric, Casemiro y
Kroos, el Mal no ha tenido centro del campo. Han fichado a un medio
jubilado portugués, que ya se veía en el City el año pasado que
estaba quemado para el fútbol, y se han dejado 140 millones, más
comisiones, en un proyecto que a saber cómo sale. Es gracioso porque
«tenían casi atado» a Hjulmand y ha acabado en el Atleti aportando
ganas y talento. Justo lo que le falta a su equipo de perros que no
quieren defender y solo piensan en sus estadísticas. Algo que
Llouriño, del que todos se prometían mano dura, no va a cambiar
porque estaba acabado hace tiempo como entrenador.
Que todo está mal se demuestra porque
ha salido hasta la Asociación de Plañideras del Mourinhismo —Sean
Thorton dixit— a
protestar por todo, aunque haciendo el mayor de los ridículos.
Porque hay que ser muy poco letrada para decir que el Cuti es un
provocador por llamar llorón a Bellingham, cuando calla con
Ficticius, por ejemplo; o a decir que ya es un triunfo lo del Atleti
por celebrar con la afición cuando lo hace en todos los partidos,
gane o pierda. No está bien que se metan con su físico, bastante
problema tiene, pero con su mente… Y, cómo no, los Teleñecos de
la Noche, con sus malas audiencias a cuestas, aparecen para soltar
toda la artillería posible. Nadie dice que son el equipo que menos
corre en un partido de media de las cinco mayores ligas europeas.
Igual por ahí hay algo.
Al final les salva que La Liga es una
porquería y con un poco de acierto por calidad y alguna ayudita se
ponen segundos fácilmente. El Atleti vergonzoso de años atrás
entraba en Champions con relativa facilidad sin la misma plantilla,
ni los apoyos. Quieren una liga de dos y tienen una liga de dos por
lo que el Barça podrá dejarse ir en algunos partidos, cuando llegue
lo gordo de la Champions, y venderán la remontada… o igual este
año no llegan ni a estar cerca. A saber. Es evidente para cualquiera
que el Maligno se ha vuelto a reír de los socios, y más que lo hará
cuando privatice el club y se lo queden su hijo, su nieto y su socio,
les vende cromos y quiere mantener una estructura futbolística sin
jugar al fútbol, solo mediante la presión de los medios que están
a su servicio por la publicidad.
Otros, se van al parón de selecciones
contentos, sin preocupaciones de generación de fútbol y a esperar
la vuelta a la competición. ¿Dará la puntilla el submarino
amarillo o se cagarán como suelen hacer?