jueves, 27 de agosto de 2026

La gran mentira de las estadísticas en el fútbol

 


Le va a dar algo a Atlético Stats y similares que hay por las redes sociales, pero la verdad es tozuda, las estadísticas en el fútbol son una gran mentira. La mayor mentira de los últimos tiempos. Quizás se podría excluir la cantidad de goles, pero incluso sobre esa cantidad pueden sobrevolar una enorme falsedad. ¿Quién es mejor, aquel jugador que mete 12 goles pero siempre son los primeros, los que desatascan un partido, o quien mete 20 cuando ya está todo el pescado vendido?

Es curioso como en cualquier debate futbolístico aparecen quienes van con las estadísticas por delante. Unas estadísticas que se utilizan, hoy en día, para valorar a los jugadores en detrimento de la muy subjetiva valoración que hacía el cronista de turno. Los números, nos dicen, son mucho más objetivos que las dos picas o el siete de un periodista que tiene su prejuicios. Visto así cualquiera diría que esas valoraciones «objetivas» son mucho mejores… salvo que hayan estudiado estadística, sociología o ciencias políticas. Si usted ha estudiado alguna de esas ramas del saber sabe que las estadísticas pueden ser mucho más mentirosas que la valoración «subjetiva» de un periodista. Ahí tienen al actual CIS.



Tomando de ejemplo el partido Atlético de Madrid-Villarreal, como pueden observar en distintas valoraciones estadísticas de jugadores, se observa una gran diferencia entre unas y otras. Es obvio que se debe a la utilización de distintas variables y/o distinta valoración de esas variables. Por lo tanto, ¿dónde está la verdad o la realidad de todas ellas? Si ven la valoración de 365score, Julián «Ochogoles» Álvarez hizo un mejor partido que Álex Baena. ¿Les parece que eso fue así? Más allá del odio contextual, la actitud de senderista del argentino no se ve reflejada.



Según Sofascore, Valverde fue uno de los mejores jugadores de la temporada pasada junto con Huijsen o Abde. Al uruguayo le querían vender la mitad de los madridistas, no por llevarse un «neque» de Tchouameni, ni ser un mal compañero, que también, sino por una temporada de pena y de ocupación de espacios inútiles. Lo que se ha visto en el Mundial, vamos. Sin embargo, según las estadísticas es de los mejores. Por no hablar de Huijsen que dio lástima en algunos partidos, creando pánico en defensa. ¡Claro, claro! Ustedes dirán que eso son apreciaciones subjetivas. Pero más subjetivas son las estadísticas.

Vayamos al análisis. Un jugador puede haber completado un 98% de aciertos en el pase. Según las estadísticas eso es buenísimo, según el ojo humano no porque la mayoría de esos pases son de seguridad o hacia atrás. Otro jugador puede haber fallado muchos más pases, pero eran pases para generar peligro real de gol de su equipo —matizamos lo de «su equipo» porque Lenglet hacía pases contra su equipo—, de hecho dos pases suyos han conseguido generar dos goles. ¿Cuál de los dos jugadores ha hecho mejor partido? Para los estadísticos el que no ha fallado tantos pases. Para el aficionado normal, el que arriesgó.

Lo mismo se podría hacer con las paradas de los porteros. Se pueden hacer seis paradas, de esas que Oblak dice «básicas» o blanditas, o una de estirarse para sacarla de la escuadra. ¿Quién ha parado mejor? Con los goles lo mismo, como ya se ha citado anteriormente. Y así con todas las estadísticas. No dicen, en realidad, nada del juego del fútbol. ¿Cómo valorar la presencia de un futbolista que atemoriza a los rivales? ¿Cómo valorar a un central que impone respeto y genera dudas en el atacante? ¿Cómo valorar tantas cosas que suceden en un partido de fútbol y que no son estadísticas?

Al final esto no es más que un engaño de los «panenkitas», los cuales valoran según criterios subjetivos, que vale más el acierto general en el pase que los pases buenos. Que valoran más robar seis balones intrascendentes que uno que podría perjudicarte con un gol. Que valoran más cualquier variable chorra antes que lo que sucede en el campo. Como esa estadística de los kilómetros recorridos. Se puede correr mucho para nada, o poco para todo. Las estadísticas están matando el fútbol, el cual siempre ha tenido su parte de subjetividad, por lo tanto, de pasión.

Lo más curioso de todo es que luego esos mismos «panenkitas» te venden a cualquier jugador random como la octava maravilla, cuando se observa en la distancia que es muy malo.

Post Scriptum. Para nota son los mapas de calor individualizados. No dicen nada en realidad.



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