miércoles, 1 de abril de 2026

Hay que saber criticar a Marx y para qué

 


Antes del análisis del libro en sí, es necesario encuadrar al autor, José Rodríguez Iturbe, en su contexto histórico y personal. Democristiano en Hispanoamérica, por lo tanto confrontado a las Teologías de la liberación en sus años mozos; miembro de la política venezolana hasta el golpe de Hugo Chávez, lo que le obligó a exiliarse; presidente de la Internacional Democristiana, hoy «nosequé» del centro centrado gracias a los aznares, uribes y demás liberales proestadounidenses; profesor de una respetable universidad colombiana como La Sabana en comparación, una especie de CEU, ergo enfrentado no solo a un sistema de universidades de garaje sino a una universidad pública que reúne a lo más tonto de la izquierda, los que compran todo al wokismo cuando quien esto escribe fue profesor en la EAN pudo comprobar el nivel de apropiación de toda tontería postmoderna estadounidense. Es, pues, una vida personal e intelectual propiamente americana, algo que acaba reflejándose en su libro. Sus últimos años, paradójicamente, los ha dedicado a investigaciones contra el nazismo y el estalinismo hasta llegar a este volumen sobre Marx.


¿Qué aporta de nuevo al estudio de Marx? Nada. De hecho no puede decirse que sea una aproximación, como refleja el propio subtítulo. Todo su empeño se centra en mostrar que Marx era ateo y el marxismo un ateísmo. Nada que no se supiese y fuese evidente. Aparecen los lugares comunes como Hegel, Feuerbach y demás evidentes influencias, además de ese empeño del pensador alemán en que la realidad encajase con la teoría.. Bueno, con «su» teoría. Una teoría que en el libro aparece muy difuminada y poco explicada. Si pretendía ser un libro de historia de la ideas, por aquello de contextualizar la época que dice el autor venezolano, la verdad es que no está muy conseguido. Todo el empirismo o cienticificidad que se produce en el pensamiento europeo, del que Marx, como la mayoría de los demás pensadores, es deudor, ni está, ni se le espera. Curioso, cuanto menos, es que el ateísmo marxista lo es en tanto en cuanto cree estar fundando una ciencia social, la «ciencia social», una ciencia con base histórica. En la parte científica, algo que las iglesias cristianas han reconocido —basta con leer a Ratzinger para percatarse de ello, por no hablar de Teilhard de Chardin, Dios no tiene cabida sino que se fundamentan en ese libre albedrío deseado por Dios mismo para su creatura. El marxismo no es más ateo que la sociología, el liberalismo o la matemática. Sorprende que utilice a Eric Voegelin a lo extenso del texto y no haya expuesto lo afirmado en Las religiones políticas y hablar de las religiones por sustitución.


La máxima preocupación de Rodríguez Iturbe es la eliminación por parte de Marx de la alienación religiosa como factor clave para la eliminación de las demás alienaciones. Aquello de la religión como opio del pueblo, ya saben. Esto le sorprende y enfada al venezolano, es como un puñal en su cristiano corazón, pero, pese a lo dicho en la introducción, no contextualiza ese aspecto salvo para decir que estaba influenciado por Feuerbach, Strauss o Bauer. Incluso por el «ateo» Hegel. Todos ateos igual en el caso de Hegel y otros cabría decir agnósticos y/o panteístas. No es algo extraño al pensamiento ilustrado europeo, ni dentro de la esfera prusiana o de lengua alemana. Kant ya había dejado a un lado a Dios. Como lo habían hecho otros antes por la vía del nominalismo teológico. O los influenciados por Spinoza «Deus sive natura». Desde la revolución francesa, más el profundo desarrollo industrial, había propiciado en Europa un cambio de mentalidad enorme en todas las esferas de la vida. En cuanto las iglesias dejaron de tener el apoyo de los poderes estatales, se vio claramente que muchísimas personas habían abandonado la fe hace tiempo y si acudían a los oficios y demás instituciones religiosas era por obligación o necesidad. Pero ¿por qué dice Marx eso? ¿Por qué esa es la primera alienación que debe desaparecer? En el libro no lo dicen, pero, siendo breves, se puede contestar porque bajo el protestantismo lo religioso alienaba al ser humano al condenarle desde el nacimiento. En el catolicismo no es así, pero los protestantes son muy de la falsedad paulista y agustiniana de la teoría de la predestinación. Y si estás predestinado a ser un paria de la Tierra, ni puedes, ni debes rebelarte. Si tu situación cambia, era la predestinación. Si no lo hace, mala suerte. Levantarse contra el gobernante era poco menos que atentar contra Dios. Por eso, antes de otras alienaciones, debía caer la religiosa. Esa en concreto. Contexto.


Marx pensaba, como todos los científicos sociales de la época, en términos seculares completamente. Dios, de existir, no se metía en las cosas humanas. De ahí que otro autores tuviesen la necesidad de hacer de Jesucristo un humano, demasiado humano tal vez, en sus libros. Si Marx hubiese crecido en un entorno católico ¿habría situado la alienación religiosa como primera atalaya que derribar? Es hacer ciencia ficción, pero posiblemente no. Téngase en cuenta que la revolución tuvo lugar, en Europa, en la muy católica Francia. Rebeldes en lo católico ha habido desde los dominicos de la Escuela de Salamanca, incluso santo Tomás en algún opúsculo. O tal vez sí por aquello de la divinización de los monarcas que fueron. Eliminando a Dios de la ecuación, las otras alienaciones se mostraban en toda su crudeza.


Marx antisemita. Aquí ocurre lo mismo, falta el contexto histórico europeo. Que el autor de El capital calificase a los judíos de egoístas no es algo distinto a lo que pensaban los demás europeos desde hacía siglos recuerden El mercader de Venecia. Hasta prácticamente el affaire Dreyfuss no hubo un cierto cambio de sentir en toda Europa. Se hace raro que tantos judíos se hiciesen marxistas de haber visto que la teoría iba por ese camino. Tampoco hay que esconder que la propia Iglesia católica era bastante antijudía. La Civiltà Cattolica, revista jesuita fundada en 1850, ha tenido muchísimos artículos antijudíos. El católico Maurras y su Acción Francesa fueron precursores del nazismo. En la muy católica España, donde se doctoró en Derecho el autor, se clamaba contra las conspiraciones judeo-masónicas. Hasta Nostra Aetate, de 1965, durante el Concilio Vaticano II, no se condenó el antijudaísmo y se reconoció como «hermanos mayores» a los judíos. Que Marx fuese antijudío no es extraño, todos lo eran.


Marx racista e imperialista. Aquí sucede como con la alienación religiosa, si no se piensa como Marx se cae en errores de bulto. Como bien explica Rodríguez Iturbe, con brevedad, Marx intentaba encajar la realidad en su teoría, patente en los libros sobre Francia por cierto, nada se dice sobre que en La comuna había muchos más blanquistas, bakuninistas, saintsimonianos antes que marxistas, que debía haber dos, el colonialismo es parte de ese encaje. Además es algo que el propio Marx explica en sus libros y artículos, cuanto más se expandiese el capitalismo, más rápidamente llegaría la revolución proletaria. No le dio tiempo a ver o prever que ese expansionismo, en realidad, lo que hacía era alimentar el ejército capitalista en la reserva, como era el lumpemproletariado de su época. Que dijese que Tejas y California mejor en manos yanquis porque los mejicanos no habían aprovechado el terreno, era porque así habría más proletarios, no porque pensase que eran de raza inferior. Si se cotejan los escritos del New York Daily Tribune, están todos en marxists.org, se puede leer su apoyo a la causa de Abraham Lincoln y la liberación de los esclavos. Señalaba a los sudistas como aprovechados y explotadores máximos. Y pensaba que esa liberación haría que el proletariado aumentase, con ello la lucha y así la revolución. Si fuese racista ¿habría querido proletarios negros? No era ni racista, ni imperialista, ni nada de eso en el sentido que tienen esos conceptos hoy. Un bocas sí que era porque faltaba mucho al respeto. ¿Era un supremacista europeo? Sí, como todos los europeos lo eran… y casi que siguen siendo. Por cierto, esta crítica en Marx es la base de las ocurrencias decolonialistas actuales, algo que el prologuista, Julio Borgen Junyent, dice que parten del marxismo y de Marx. Igual son más bien liberales. Igual.


Ustedes se preguntarán, llegados a este punto ¿por qué esa insistencia en temas menores, que no están en el marxismo como episteme, y no centrarse en los errores metodológicos y analíticos, que los hay? Porque hay que dar carta de naturaleza a una aberración intelectual, que de la lucha de clases se pasa al Holocausto. Dice así el libro en las páginas 174 y 175: «Diera, por ello, la impresión que la visión mística de la clase se alimentó, desde la construcción teórica del joven Marx, también un antijudaísmo previo a la presentación del mito de la raza que aparecerá como constitutivo de la religión política del nazismo. La clave está en Marx en la crítica a la religión». Siendo, como es, profesor de historia de las ideas, aunque su formación no tenga nada que ver, intentar ver en la elaboración de las clases sociales, el antagonismo burguesía-proletariado, un antecedente mítico del Holocausto es, cuando menos, no tener mucho conocimiento del marxismo. A los marxistas los ejecutaron y quemaron en los mismos campos y hornos crematorios, fuesen o no judíos. Como aniquilaron a católicos o ateos. ¿En qué momento alguien de la academia puede llegar a decir esa salvajada? Es como cuando el tonto de turno dice que los nazis eran socialistas porque lo ponía en su nombre. Yo entiendo que en Hispanoamérica les ha tocado la izquierda tonta del mundo aquí duraron poco los tolais, pero llegar a eso, a situar a Marx como clave de la Shoah.


Si no se investiga, en general, pasan estas cosas. Parece que aquí se ha investigado poco sobre Marx, porque hay estudios recientes, como el de Gareth Stedman Jones que se pasa de contextualización—, donde hay mucho que cotejar. No vale con quedarse con Isaiah Berlin y Voegelin para hablar de Marx y del marxismo. Tampoco hay estudios de autores marxistas, aunque fuese para confrontar. Entonces ¿cómo escribir sobre Marx en esas condiciones? ¿Dónde están los libros de historia de la ideas o no, que contextualizan al señor de Tréveris? Es que ni el Anti-Marx de Rallo. No es una aproximación a Marx sino un recorrido por los prejuicios del propio autor. Si lo tenía sencillo citando, por ejemplo, a Louis Althusser y sus: «La historia no tiene sujeto» o «El marxismo no es un humanismo» tengo aquí delante una edición británica que se puede conseguir fácilmente, de la editorial Verso y donde también habla sobre Feuerbach. Cuidado que hay cosas criticables en Marx, pero ni fundó el materialismo dialéctico algo más que demostrado, ni sus análisis de la estructuración social bajo el capitalismo son completamente erróneos, ni las alienaciones sociales no existen. Si, como se suele decir, ayer mismo Charter y Loewenstein, investigadores no marxistas, ni izquierdistas, han reconocido que hay elementos estructurales que perjudican a los trabajadores, sea en empresas, con las políticas públicas y los mercados.


Es comprensible que Rodríguez Iturbe quiera destruir a Marx pues todos los dictadorcillos y sanguijuelas wokistas de por allí le utilizan, más bien le prostituyen, para su cuitas políticas. Pero, como se ha comprendido en Europa hace tiempo, es justo lo contrario. Hay que utilizar a Marx, confrontarles con el propio Marx para que se les caiga todo ese armazón producto del sistema. Se llame Maduro, se llame Petro.


La divinización de todo el pensamiento moderno del ser humano es criticada por toda la teología, igual no la liberal protestante- El ser humano es creatura. De ahí, empero, no se puede inferir que cualquier investigación científica deba tener a Dios presente. Ningún teólogo actual, salvo que sean herejes de esos que hay por ahí, niega la separación ciencia-teología. Cuestión distinta es que no deba existir diálogo en diversas materias. Ahora que acaba de fallecer Jürgen Habermas es bueno recordarlo. Ratzinger no negaba a la sociología, la ciencia política o la economía su validez científica. Como no lo hacen los demás teólogos. Sí que establecían límites cuando se pasa de las cosas del César a las de Dios. Parte de la genética o el transhumanismo, por ejemplo. Lo mismo debe aplicarse al Marx y el marxismo. Como epistemología tiene sus aciertos ahora hablan todos de batalla cultural y se quejan de este o aquel aparato ideológico. ¿Por qué defiende la Iglesia católica la educación libre?, cuestión bien distinta es su uso como religión política o determinismo social. Lo mismo sucede con cualquier -ismo, sea el liberalismo, el capitalismo, o el funcionalismo.


Unos pueden decir que el cristianismo es liberal, alguna cosa tiene. Otros que tiene efluvios socialistas o marxistas, puede ser. Los conservadores intentan apropiarse casi en exclusividad del mismo. Lo grande del cristianismo, es más, del catolicismo, es que apela, de una u otra forma, a todos porque no dejan de ser hijos de Dios. Pero en la cosas del César, en ese caso, la ciencia, hay que darle lo suyo. Y Marx quiso construir un sistema científico social, ergo político, gracias al cual se puede desmontar, desde su falso terreno de juego, a esa izquierda postmoderna. No es con la cruz sino con El capital como se les vence. El católico actual tiene un terreno de juego complicado, bastante embarrado, contra el wokismo o pseudoizquierda, contra los supuestos aliados, contra un mundo que olvida su origen no solo religioso sino cultural. Debe utilizar todas las armas que encuentre y las mejores pueden ser las de los adversarios, conscientes de que no son las propias de Jesucristo sino las que se han dado en el tiempo. El Evangelio y la Doctrina de la Iglesia son potencia de fuego, pero ahora se está al navajeo. Al final todo se reduce, en buena medida, a ese «Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme» Lc. 18:22.

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