No soy especialista en cuestiones geoestratégicas, ni de relaciones internacionales —ya en la carrera me parecía aquello muy aburrido, salvo dos o tres cosas, y falso—, por lo tanto mi opinión no es la de un especialista en la materia. Sin embargo, la historia muestra ejemplos más que suficientes para comprender que dos más dos no siempre son cuatro. Que detrás de las proclamas hay un sustrato oscuro, escondido, que suele mostrarse al mundo cuando ya ha pasado un tiempo. Algo así pasa en estas guerras, rencillas y disputas del trumpismo en aras de la democratización del mundo.
Si se han creído que esto tiene algo que ver con la democracia, déjenme que les diga que son bastante incrédulos. Lo «democrático» es la proclama buenista de cuestiones que son bastante más peliagudas. En esta oleada trumpista-sionista se juegan más cosas que algo democrático. Miren Libia. Ni democracia, ni progreso, ni nada por el estilo, pero, eso sí, las fuentes energéticas a buen recaudo de los mismos de siempre. Hay una dictadura pero «como es de los nuestros»…
Esto de Irán viene gestándose desde las masacres de Israel y Gaza. No piensen que Netanyahu se ha levantado por la mañana y se ha emperrado en atacar Irán porque igual tenían una bomba nuclear. Paquistán que está al lado, y para los occidentales es más peligrosa, la posee y no dicen nada. Que la tenga, evidentemente, cambia mucho la geoestrategia de la zona porque equilibra fuerzas con Israel. Pero si se ataca el Líbano, como está haciendo el sionismo, entonces ya no es tan obvio que lo de la bomba atómica sea la excusa. Debe estar en otro lugar.
Donald Trump se mete en la guerra porque el sionismo es poderoso en EEUU, más en esa mezcla extraña con el evangelismo mesiánico propio de allí. Ese evangelismo, junto con el anabaptismo del sur, quiere crear en reino de dios en la tierra —pongo dios en minúscula porque es un dios falsificado—. Su escatología es cumplir la supuesta voluntad de dios, la cual está transferida al imperio estadounidense. Algo que enlaza muy bien con el mesianismo sionista. Tienen puntos de conexión.
Esto es el fermento donde se genera esa santa alianza —de la que no tienen culpa los judíos, los evangelistas normales, ni los ateos, ni nada por el estilo—, pero no es la causa, ni el fin. Ni Netanyahu, ni Trump quieren un reino de dios, ni nada por el estilo, están a otras cosas bastante más materiales. Lo democrático les es indiferente en realidad. De ahí que, recordando que esto viene de largo, Trump lo primero que hizo fue cargarse a Maduro. No porque los venezolanos le caigan mejor o peor, ni porque le importe algo Venezuela —salvo que haya alguna isla donde ir con menores, ya saben los gustos de estas gentes—. Lo que le interesaba a Trump es tener el control de un posible suministro de materias primas libre y a su total disposición. ¿Qué más se ha sabido de Maduro? ¿En qué se ha avanzado salvo en poner a disposición, para lo que Delcy ha sido muy responsable, de EEUU las materias primas venezolanas quitándoselas a un Estado soberano y a su población?
Una vez controlado el flujo de reservas energéticas —en esto ha dado la clave el magnífico historiador Rodríguez de la Peña al afirmar que va para largo la guerra—, Trump ya podía apoyar los planes del sionismo, el cual, quiere que la zona esté lo más desestabilizada posible. En Irán no hay más apoyo al yihadismo que en Arabia Saudí o en Paquistán. Posiblemente haya menos. Pero es un país estable, aunque sea para mal, con materias primas que le permiten autoabastecerse, con tecnología punta y en buenas relaciones con China.
Porque la guerra en Irán para Trump es una guerra contra China, la verdadera potencia militar y económica adversaria. Venezuela era aliada, ahora les cierran las puertas a los chinos por allí. Cuba es la otra aliada y por eso insisten en derribar al gobierno. Aunque sea una caquita de mosca en el tablero internacional, tiene algo simbólico por lo de bahía cochinos, por la inmigración en Florida —ni uno va a volver, como tampoco se irán de Madrid los venezolanos, ya verán— y porque el gasto va a ser menor. No importa en realidad Cuba ni económica, ni estratégicamente. Dejarle las espaldas alteradas, desestabilizadas, y molestarle con las exportaciones, para que deriven sus transportes por otros lados es lo que quiere Trump.
A ello se suma que el tonto de Zelenski quiere montar una guerra con Hungría. Nada mejor que dejarle sin abastecimientos energéticos para que se rinda de una vez como ya le han dicho desde la Casa Blanca. Toda vez que los EEUU se van a quedar con la tierras raras y Putin se lo respeta —porque Rusia no es enemiga de EEUU por mucho que les cuenten, aunque sí aliada de China y eso molesta—, la continuación de la guerra y abrir otro frente no es factible. Más cuando el otro frente es contra un aliado otanista. Con esto de la guerra ya tiene la excusa Trump para dejar tirado al ucraniano.
Un oriente medio desestabilizado, con gobiernos títeres o anárquicos, le viene bien a EEUU y mejor al sionismo. No les interesa la lucha contra el yihadismo. A los sionistas lo único que les mueve es crear su lebensraum en la zona y ya. Su espacio vital para la construcción del gran Israel. Y como tienen buenos lobbies pues ganan en la publicidad. Ahí tienen a todo el aznarismo —Aznar es uno de los mayores lobistas del sionismo desde hace décadas y buen partido monetario que le saca— hablando sobre democracia y demás derechos humanos cuando la realidad es otra. Ahí tienen a todos los trumpistas, como tontos, apoyando cualquier cosa que haga porque algo les caerá —«¡clin, clin, caja!»—. Ahí tienen a todos los catoevangélicos, que no dejan de ser aznaristas y/o trumpistas, clamando contra el propio pontífice porque ha dicho que la guerra no es justa.
Y todo culpa de Sánchez… claro. Un presidente que, defendiendo la soberanía española, le dice cuatro cosas verdaderas a otro, es el maligno, aliado de los ayatolás —que parece que les tocan las pirolas cuando fueron a comprar pan— y traidor a EEUU. Más allá de la desvergüenza habitual y la porquería que es el sanchismo, para una vez que hace algo bien. Meloni ha dicho lo mismo y no se escuchan críticas contra ella. ¿Raro, no? Lo que ocurre, y por eso Trump siempre está atacando a España y a su presidente, es que es uno de los grandes aliados de China —esa pérfida tierra comunista, no como los nazis o fascistas de países europeos—. Lo que molesta a Trump no es que Sánchez diga esto o lo otro, sino que esté en perfecta sintonía con China. Y esta guerra es en parte contra China.
Al final, entiendo que todo esto no tiene nada que ver con la democracia, ni los valores occidentales, ni los derechos humanos, ni nada por el estilo. Son varias guerras beneficiosas para dos países por distintas circunstancias. No había amenaza de conflicto, ni nada por el estilo. No había peligro yihadista —si fuese una guerra contra el yihadismo mirarían a otros países del golfo y oriente medio—. Esto es otra cosa. Para EEUU desde luego es algo comercial —¿por qué amenaza con cuestiones comerciales a España y no con otras?—, algo que llene el ego de los mesiánicos que le apoyan en MAGA y otros lares, algo que reactive la economía yanqui —es más que sabido que la economía de guerra es un recurso típico de EEUU para activar la cosa doméstica—, algo que les permita advertir a los demás sobre quien manda. Y en España hay demasiados tontos que genuflexan rápidamente ante el emperador, aunque vaya desnudo.
Oye que igual sí es verdad que quieren la democracia, los derechos humanos, el feminismo y demás wokismos que están apoyando las derechas. Menos el respeto a las soberanías nacionales y el libre comercio, lo que haga falta.

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