viernes, 13 de febrero de 2026

¡Dejad de hacer influyentes a ineptos!

 


En el mundo de la cultura, en términos generales no solo en términos artísticos, han irrumpido personajes de lo más inepto que se pueda uno encontrar. A los ya consabidos periodistas que se autoerigen en intelectuales, básicamente orgánicos, se suman una recua de todólogos que saben de todo y no saben de nada. El «tertulianismo» como mal español, también se produce en otros lares, aunque con menos intensidad porque al que es inútil le aguantan poco, salvo que sea un payaso o una «víctima».

Si ya el postmodernismo ha traído a la cultura formas expresivas que son una tomadura de pelo no hay mejor ejemplo que las instalaciones, en el mundo de la configuración cultural de los valores, del pensamiento, de la ciencia, de lo común, están arramplando con todo los más ineptos. Y no por el principio de Peter, porque los que ascienden ahí llegan por méritos hasta donde es clara su ineptitud, sino por el principio de exclusión por el mero divertimento o distribución de piensos compuesto mentales. Personajes que se suman a la moda más estrafalaria que surja en el momento, con los argumentos más peregrinos, sin haber pensado dos minutos, sin bagaje personal o intelectual detrás. Fíjense que los más populares, pero ineptos a la vez, suelen ser aquellos que ponen por delante la carrera universitaria esa misma que se han sacado gracias a aquellos a los que critican.

Esto es algo que han traído las redes sociales. Y el acomodamiento a ellas de los formatos televisivos o radiofónicos. Hay que marcar tendencia, donde sea y como sea. De ahí que se salte de un contenido a otro sin discontinuidad. Se habla de puerros, de mecánica industrial y del peinado de tal o cual. Las intervenciones deben ser breves para poder lanzar el mensaje en redes. En ese terreno ganan siempre los más incapaces porque, en su incapacidad, son los únicos que no tienen vergüenza a soltar lo primero que se les ocurra o repetir como papagayos el argumento doctrinal que les ofrecen. El poco uso de la inteligencia impide que exista debate alguno. De ahí que la formación cultural sea cada vez menor y más dirigida por los aparatos ideológicos que ya no son del Estado, como diría Althusser, sino en el Estado y a nivel global.

Dentro de este caos sin posibilidad de un debate argumentativo, para el que los cerebros van siendo más incapaces de asimilar, existe la manía de hacer tendencia y entrar al trapo de los más ineptos. Da igual el tema que se trate, la supuesta noticia que saquen o el libro que hayan escrito no por trayectoria, ni por capacidad, sino por salir en los medios (véase lo dicho en párrafos anteriores para comprender esto), siempre suelen generar alguna polémica para estar en la poltrona mediática que genera pingües beneficios. Y como a eso se suma el buenismo parece que ahora está mal decirle al imbécil que es imbécil—, el victimismo y la división, pues ahí los tienen, siendo tendencia, vendiendo libros como churros y ustedes haciéndoles el caldo gordo convencidos de que están salvando el país, su grupo o a «su» partido. Y no. Están engrosando los bolsillos de los menos y provocando que lo importante siempre quede fuera de la «agenda».

Me da igual que sea el Macario, la niña salmantina que no tiene dos dedos de frente, el antifascista o el anticomunista de salón, la «politóloga-periodista» que alerta de la dictadura o los pseudoperiodistas que ven grave que alguien coma en un restaurante o que un primo tenga un cochazo. Podría poner fácilmente cuarenta nombres pero sería hacerles publicidad. Pasa en todos los órdenes de los mediático, y casi de la vida en cualquier oficina está el vago o vaga que se escaquea todo lo que puede y que cuando vienen mal dadas se hace la víctima y culpa a los demás—. Háganse un favor, y hágannoslo a todos, dejen de hacer influyentes a los ineptos, a los que son el sustento de este sistema… de mierda que están creando.

No vean tertulias. No escuchen la radio cuando se ponen a pontificar. No compren libros que tienen detrás campañas de este tipo. Si quieren información hagan el esfuerzo de comparar, de buscar alternativas. Dejen de sumar visitas, visualizaciones y todo esos sistemas de medición de verdaderos ineptos que están al servicio del sistema, aunque pongan morritos de antisistema. No se crean los cortes en video que les mandan en grupos o el familiar que es tonto y se traga todo. No hagan el «cuñado» en su vida. Les irá mejor a ustedes y peor a ellos. Si hay un espacio donde haya pensamiento crítico apóyenlo. Recomienden libros. Huyan de las confrontaciones con imbéciles, tienen siempre las de ganar en ese terreno. Miren la trayectoria del interfecto. Que la única tertulia sea la de la imagen de arriba. Todo está conectado para que pensemos cada vez menos.

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