Hay numerosas personas de derechas que tienen una inquina especial contra el PSOE. A saber por qué. Hoy son las que más apoyan a Pedro Sánchez en su labor de destrucción del partido y le ayudan en su persecución de los «discrepantes». Sustantivo entre paréntesis porque parece ser que es un pecado mortal contra el dios encarnado del socialismo y por ende, discrepar es poco menos que una condena a muerte. ¿Saben dónde el opinaba distinto tampoco tenía derecho a la vida? Exacto, en la Alemania nazi o la URSS stalinista. Regímenes totalitarios que no distan mucho de lo que hoy es el PSOE sanchista.
Desde que se hizo con el poder Sánchez, por segunda vez, el PSOE ha perdido cerca de 37.000 militantes. Algo raro estando en el gobierno —aunque sea por aquello «colocarse»—, pues la lógica y los datos indican que es justamente lo contrario, el aumento de militantes lo que se produce cuando se gobierna. Cerca de un 20%, por si prefieren ver la magnitud de la desbandada. Y no han sido personas de militancia de meses o pocos años, sino de décadas, bastantes más de las que tienen quienes son mininistros o tienen carguito en Moncloa.
Muchos otros, como pasó en la Alemania nazi, han hecho una especie de exilio interior situándose en los márgenes a la espera de que escampe. Quienes afirman, sin ruborizarse, que el 99,9% de la militancia apoya a Sánchez y quiere que sea expulsado Felipe González no sabe de qué habla, ni conoce el partido. Hay grupos de whatsapp donde se reúnen esas gentes, incluyendo cargos importantes de hace años, donde se comentan las jugadas del sanchismo y que muestran a las claras cómo está la situación. El 100% de los sanchistas, que son los activos, claro que quieren cortar cabezas, perseguir discrepantes y acabar con cualquiera que no se postre a los pies de su dios, el resto espera… a ver pasar el cadáver por su puerta.
Y ustedes pensarán ¿por qué no se organizan y acaban con Sánchez? Pues sencillamente porque en la URSS había más democracia interna que en el PSOE sanchista. Nada más ganar las primarias, aupado por la ferocidad de los sanchistas, la misma que muestran hoy en día, cambiaron completamente los estatutos —pasando las reglas del juego a un reglamento que elabora Sánchez y compinches— y ya no es posible ni presentar una lista alternativa, ni organizarse en corriente, ni nada parecido y te pueden expulsar por la mínima mala mirada al cacique de turno. No se deja debatir en los comités, las asambleas de partido cada vez son menos. Han matado la vida orgánica porque no quieren ningún tipo de debate. Saben, en conciencia, que van por un camino que tendría réplicas y las han evitado desde el primer momento. Era más sencillo criticar y postularse contra Felipe que contra este chisgarabís.
La naturaleza del PSOE, sin embargo, siempre ha sido la coexistencia de diversas corrientes de pensamiento. Prietistas, largocaballeristas, besteiristas, felipistas, guerristas, renovadores, sector crítico… hasta que Sánchez y los retales del zapaterismo han acabado con todo. O casi todo, porque los antiguos dirigentes del PSOE y Page sí se atreven a criticar. Incluso la otrora marxista y rebelde Izquierda Socialista es hoy Izquierda Sanchista. Solo tiene que ver como un par de históricos salen siempre, en los medios, a defender todo lo que hace su sanchidad. Si levantase la cabeza Luis Gómez Llorente le daba con la pipa en la cabeza. Del socialismo autogestionario al sanchismo totalitario.
Normal que la secretaria de Organización, Rebeca Torró —desde 2006 mamando de la política—, tras indicación de Moncloa, haya salido en tromba contra el presidente Emiliano García-Page. El de la mayoría absoluta. El de los huevos gordos. El único que, dentro de lo que es tradición en el PSOE, habla y opina desde su visión de las cosas. A Felipe y Alfonso les caían hostias todos los días por sus políticas. Y sí a Escuredo se lo cargaron, pero no porque les cayese mejor Pepote Rodríguez de la Borbolla, no, sino porque era un Pujol andaluz en potencia. Normal que sienta tanto resentimiento por ellos. Retomando, se han lanzado a por el «único» que les sigue molestando —el otro murió, pero aún le culpan de errores propios—. Que si le ha comprado el marco a la derecha, que si no está a gusto que se vaya al PP o a Vox, que si esto y lo otro, que si te vamos a quitar el AVE de Manzanares y Valdepeñas…
El problema es que igual, y ese igual tiene su importancia, han tocado con lo de Lambán y Page de estos días los dídimos y los ovarios a personas que estaban sentadas esperando a que escampara. Este fin de semana se ha movido algo dentro del PSOE. Algo que no va a gustar a Sánchez. En Madrid, territorio sanchista y lleno de fracasados políticos que prefieren vivir en la oposición bien remunerados, parece que el espíritu FSM ha hecho por despertar. En Castilla-La Mancha ya no van a pasar ni una. En la zona oriental de Andalucía ya hay grupos organizándose. En Valencia se acabarán peleando entre ellos porque son doscientos mil grupos. En Aragón el tiempo de disensión ha pasado. Y veremos en otro lares qué ocurre. Si hay que morir matando, lo harán algunos veteranos.
¿Habrá posibilidad de reconstrucción cuando pase la guerra civil socialista? A saber. Pero aquellos que estén descorchando botellas que miren la situación en los países donde la socialdemocracia ha sido liquidada. ¿Para qué digo nada si el infantilismo político es lo que gusta en España? El buen Armando Zerolo anda preocupado con los liberales de verdad y tampoco es que le hagan mucho caso al pobre. Allí donde no hay partidos sistémicos hay autoritarismo. Elijan su sistema y decidan si han alcanzado la madurez.

No hay comentarios:
Publicar un comentario