Las leyendas artúricas hablan de un rey que, herido, tan solo podía vivir al lado del santo grial porque era el que le permitía seguir viviendo. Por ello no salía de su castillo y dejaba sus funciones gubernamentales sin realizar. El roi méhaigné se transformó, en términos políticos, en la necesidad de la destitución del monarca por su incapacidad —psíquica, física, etc.— para el cumplimiento de sus funciones. Da igual que fuese en base a alguna teoría del tiranicidio, que en base a la incapacidad para ejercer sus funciones de manera adecuada.
¿Por qué traigo a colación esta figura que más parece del pasado? Porque en la derecha española —obvio que en la izquierda pasan de estas cosas y piensan en repúblicas imaginarias que nunca concretan en la forma— están últimamente, con bastante insistencia, señalando al monarca Felipe VI como un roi méhaigné, un rey pescador, un tipo incapaz de cumplir con sus funciones principales. ¿Cuáles son sus funciones? Principalmente el artículo 56.1 de la CE: «El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones, asume la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica, y ejerce las funciones que le atribuyen expresamente la Constitución y las leyes». Las funciones atribuidas son, como se puede comprobar en los artículos 62, 63, 64 y 65. meramente de refrendo de decisiones del Gobierno. Puede arbitrar, esto es, dialogar con unos y otros respecto a lo que suceda en el país, pero siempre desde la neutralidad.
El problema viene derivado de que algunos, los más listos y más tontos a la vez —paradoja curiosa esta—, creen que el monarca español debe actuar políticamente. Mejor dicho, ideológicamente en favor de lo que ellos creen que es lo mejor para España. Y no, según la Constitución, no puede. Ni es un rey absoluto, ni tiene concedida la soberanía —es símbolo, no soberano en sí—, ni puede ir cargándose a los presidentes o ministros porque le apetezca o desee. Puede, eso sí, insistir al presidente del Gobierno, a los miembros de la oposición, en que la situación se reconduzca a cierto orden, pero no más. Pedirle que actúe más allá de esas funciones, aceptadas por la propia Casa Real en los comienzos de su reinado, sería lo mismo que pedirle que juegue a la ruleta rusa con todo el tambor cargado. ¿Saben estas personas tan inteligentes las delimitaciones o es que están deseando una república de derechas a lo De Gaulle —sin tener un De Gaulle, claro, porque hay más Valéry Giscard D’Estaing que de lo otro (para que se entienda Giscard era un presuntuoso, vanidoso y ególatra)— o una dictadura «que meta en cintura a los que piensan distinto» como hace Donald Trump con el ICE?
Se le piden explicaciones al Borbón sobre cosas de las que debe saber tanto o menos que el resto de ciudadanos, como la catástrofe de Adamuz. Se le exige que haga cambios en su equipo de comunicación porque no dice las cosas que cada uno quiere que diga. Se le pide que se siente en el trono cuando es algo que, desde Juan Carlos I, no se hace pues entienden que la soberanía es compartida entre el monarca y el pueblo —ahora comentaré algo más esto—- Se le pide que fuerce a Pedro Sánchez a dimitir y convocar elecciones. Se le pide que saque el ejército a la calle para no se sabe bien qué. Se le pide lo que «sus» representantes políticos son incapaces de hacer, más bien. Entre que uno es un «tonto a las tres» y va a hacer bueno a Pablo Casado, el «disfraces», y el otro no sabe qué hacer realmente aunque se pasee a caballo o se haga el rural, pues mala suerte. Tampoco es que en el otro lado haya una gran inteligencia o capacidad de gestión, miren a Óscar Puente.
No hay que olvidar que están recuperando, algunos, a Juan de Mariana por aquello del tiranicidio, para justificar cualquier situación no constitucional contra el gobierno o el monarca. Mejor que el ilustre jesuita, recordar a uno de los más grandes pensadores del medievo, Tomás de Aquino, el cual decía en su De Regno que si el monarca actuaba contra la ley natural, no ejercía en virtud del bien común sino del propio, entonces habría que señalarle en qué se estaba equivocando para que recapacitase y cambiase su forma de gobernar. Si eso no era suficiente, no cabía otra que rezar para que Dios actuase. Si con eso no se lograba el cambio, solo entonces, cabía la posibilidad de la rebelión, la cual debía ser no violenta, con lo cual legitimaba el derecho de resistencia. ¿Pueden explicarme los muy listos qué aspectos de la ley está incumpliendo el monarca español para que haya que defenestrarle?
El propio santo Tomás, en su Summa Theologica —la cual deben haber leído todas estas personas tan inteligentes— recomendaba al monarca actuar bajo la economía providencial, esto es, una vez logrado el orden en similitud de la economía trinitaria llevada a la práctica por los seres humanos, rodearse de ministros que gobernasen para ser él más ilustre pues su poder, al fin y al cabo, es vicario. De ahí aquello del «rey reina pero no gobierna» que vendría después. A ello hay que sumarle que los reyes españoles, a diferencia de otros monarcas extranjeros, son de los muy contados que siempre han renunciado a la transposición de la gloria. Es tradición que no sean coronados y sí refrendados por el parlamento —por ello al príncipe o princesa de Asturias se le toma juramento al cumplir la mayoría de edad—. O lo que es lo mismo, no son dados a la pompa y circunstancia de otros lares. No es propio de la monarquía española ese tipo de signatura. Pese a ser muy católicos, no se han apropiado de la teología política.
Lo del trono vacío es para hacérselo ver. Como se ha dicho Juan Carlos I renunció a ello como monarca realmente constitucional. Así que esos mensajes respecto a la claudicación del actual monarca no tienen sentido. Si seguimos, como hizo Giorgio Agamben, el sentido de la economía trinitaria y de su influencia en la política occidental, el trono vacío en realidad es un símbolo de la Gloria, pues es ese mismo vacío la figura de soberanía de la Gloria en lo terreno. Tan medievalistas y teológicos que son estas gentes y seguro que no se han leído a los autores que hablan de ello. El trono vacío es un símbolo de mayor poder que el sentarse en él. Para los muy mucho católicos significaría que como poseedor de un poder vicarial el rey no deja de ser uno más dentro de la comunidad de creyentes. Para los más ateos supone que siendo representante de todos, la no entronización simboliza esa soberanía del conjunto de los españoles —¡Ya, ya! Ya se que según Carl Schmitt es soberano el que puede aplicar el estado de excepción, el que maneja el milagro, lo excepcional, lo no legislado—. Entonces ¿en qué quedamos? ¿Debe ser símbolo católico y soberano?
A mí tampoco me cae bien la reina pero esto no es la monarquía británica, ni somos evangelistas o baptistas. En España hay una monarquía que cumple fielmente, pese a los escándalos del anterior monarca, con sus funciones constitucionales. Cuando hubo el intento de golpe de Estado en Cataluña salió a defender la unidad de España con los elementos que tenía en su mano y en el límite de su poder. Ahí todos con el V.E.R.D.E. puesto en los perfiles. Como pasó cuando aguantó la lluvia de barro en la Comunidad Valenciana. Ahora que se tiene un gobierno que da asco solo caben las fórmulas constitucionales. Y eso es parte del orden de los políticos. A ver si es que se le está pidiendo al monarca lo que los electos son incapaces de hacer. Los electos y sus ramificaciones mediáticas. A ver si es que la incompetencia está en otro lado. A ver si es que son ustedes menos listos de lo que nos quieren hacer ver. España ni es, ni deberá ser, una teocracia, ni un cesaropapismo, ni EEUU, ni otro país al que miran siempre con buenos ojos no mirando sus miserias —es curioso como algunos de los periódicos más cristianos y críticos con el gobierno estén callados ante las tropelías asesinas de Trump. ¿Les financian grupos afines al trumpismo? ¿Por qué callan ante algo tan escabroso y salvaje? ¿Les gustaría eso en España «como en los viejos tiempos» o realmente son demócratas?—. España es muy grande y hermosa, con la desgracia de tener una verdadera casta de políticos inútiles. No vayamos a joderla por cuestiones ideológicas. La última vez de eso no salió bien.


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