
André Bretón no hubiese
podido imaginar tan excelsa muestra de surrealismo como la
performance de ayer del Maligno. Un discurso donde
mezclaba el ser y la nada con santo Tomás para, supuestamente,
defender al Mal de los ataques y campañas orquestadas a fin de
acabar con él. Dos años sin ganar ni a las tabas, jugadores a
hostias en el vestuario, el gafe del siglo, pasar calor por el techo
y demás derrotas empresariales son imaginaciones, peccata minuta,
y hablar de ello es una conspiración mundial. Conspiración, por
cierto, en la que están el sanchismo. Enrique Riquelme
—empresario energético y, por tanto, triunfador en donde su
malignidad fracasó— y hasta el Vaticano. Como sus seguidores
suelen utilizar zapatillas con velcro, los más avispados, o esas que
no tienen cordones que se anuncian en la teletienda, han creido ver
en la conferencia de prensa la cena de Emaús y han salido en tromba
a glorificar a su salvador. Paradójicamente, además de velcros, son
como los sanchistas y los ayusistas —ambos grupos entregados al
Maligno pues fue el segundo en acudir a Moncloa, tras Soros, al
ascender a presidente del gobierno su sanchidad y la otra no para de
hacerle favores empresariales bien recompensados con su influencia en
los medios—, gentes, en fin, que si en su cerebro se encontrasen
dos neuronas se sorprenderían de tamaña coincidencia. Tienen lo justo
para pasar por la vida sin necesidad de pensar analizar y hacerse la
comida. Gentes que ingieren potitos ideológicos porque van con lo
justo. Los tres, por cierto, se quejan de estar siendo perseguidos,
todos les odian y les impiden hacer lo que quieren. ¿No ven un
patrón común de hybris en
ellos?
El Maligno dijo muchas estupideces y
se acogió a Negreira por undécima ocasión —fíjense en
esos seres que no piensan que están siempre con ello en la boca. Un
caso judicializado y que ya se verá si hay condena o no —¿recuerdan
a Juan Guerra? Salió absuelto de todos los cargos pero bien
que se utilizó su nombre para tapar otras cosas. Sin más argumentos
que el negreirazo, se dedicó a señalar a la prensa, la cual, dijo,
está llena de seguidores rojiblancos —para asombro de propios y
extraños, propios los del Atleti, no los velcros—, a Louis
Althusser y al Atlético de Madrid. Cualquiera con tres neuronas
sabe que la prensa, salvo en Cataluña y, tal vez, en País Vasco, es
madridista. En provincias intentan aparentar ser del Manchego o del
Hércules, pero se les ve la patita blanca en cuanto asoma por debajo
de la puerta. Por uno del Atleti hay tres del Barça y siete mil del
Mal. Gagaísmo inilustrado el suyo.
Ahora bien ¿por qué ese intento de
silenciar a la prensa aun más? Desde luego por la cuestión
deportiva y su fracaso tremendo en fichajes. Sin embargo, hay otras
cuestiones que no son menos baladís. Recientemente ha salido una
encuesta donde al Mal le odian casi un 40% de los españoles. De ahí
que ayer se dedicase a hablar del más grande de todos los tiempos,
el más universal, pues la realidad es que la mayoría de velcros,
como se ve en redes sociales, son de lugares donde se duda que haya
agua corriente en las casas, si es que no viven en cabañas o
chabolas; donde no hay cultura, ni educación cívica y son
explotados hasta 14 horas los siete días de la semana para poder
pagarse un móvil, piratear la conexión del fútbol y sentirse
ganador por un momento escondiendo su miserable vida. En España, al
contrario, cada vez más niños y niñas pasan del Mal y se hacen de
otros equipos. Antes era complicado ver en cualquier pueblo chavales
con camisetas que no fuesen del Mal; hoy en día se ven del Barça,
del Atleti, del Betis, del Valencia o de cualquier otro equipo, lo
que supone una grave pérdida en el mercado. Medios locales o de
equipo van surgiendo aquí y allá, con sus buenas audiencias,
mientras que los medios de «todas las aficiones» quedan para ver la
F1 o los problemas sexuales —¿se han fijado que en los medios
deportivos hay cada vez menos deporte y más salseo o estupideces?—
y las tonterías del duopolio.
Sociológicamente el Mal ya no puede
decir que es el «equipo de los españoles». Y eso le jode bastante
a su malignidad. No es que quiera controlar a los medios, ya lo hace
hasta con uno propio, es que quiere que mientan más, manteniendo el
duopolio, y mejor. El modelo a seguir, como dijo, es el MalTV. No
pueden perderse niños como futuros leles que gastarán una fortuna,
no pensarán e irán por la vida diciendo 15 o seis, depende como
pongan los dedos. El mejor modelo es el balón de playa.
A estas alturas se preguntarán «y lo
del Althusser ¿por qué?». Si recuerdan, en otra de esas frases que
soltó a trompicones, se quejó de los ideólogos del 68. Althusser
no es en sí un ideólogo del 68, de hecho aquello le pareció
bastante chusco, pero sí que fue el padre intelectual de los
maoístas y demás chavalería burguesa que se lanzó a las calles.
El Negreira del 68 que provocó, en la oscuridad, todo aquello junto
a los sesentayochistas. Althusser, en la cabeza del Maligno y
sabiendo que era del Atleti, es el ideólogo de @ruidobernabeu
y demás seres infectados que le impiden hacer conciertos y demás
eventos ruidosos —solo ver el Metropolitano lleno de evangélicos
le debe haber provocado tener que aumentar la dosis de las pastillas
y haber amenazado a la Conferencia Episcopal para que el Papa vaya a
su lata (los medios del Maligno, por cierto, son de los más críticos
con León XIV)—, lo cual está haciéndole perder dinero a
mansalva y poniéndole en problemas financieros con diversos fondos
de inversión a los que ha engañado. Las vacas negras de Althusser
(y Hegel) son culpables de su ruina. Miren como rápidamente ha
sacado un comunicado señalando que el Mal no tiene culpa en los
ruidos, aunque esconde que no podrá haber conciertos si sigue
habiéndolos o si los hay será el coste para el promotor. ¿Conocen
algún promotor de conciertos y eventos, con lo gualtrapas que son,
que vaya a perder dinero insonorizando el estadio para un par de
conciertos?
También es culpable Althusser de
haberle quitado de la cabeza su idea original de demoler el Bernabéu
y construir un nuevo estadio en Valdebebas —pese a los problemas
para pilotar aquellos terrenos infectos—, teniendo todo a punto y
con un pelotazo de miles de millones de euros. Algunos socios, que
deben ser rojos althusserianos, se pusieron en una especie de lucha
de clases para que eso no sucediese y el estadio permaneciese en su
actual ubicación. En venganza ahora solo se pueden presentar a las
elecciones millonarios con veinte años de carnet. O sea, él y pocos
más… hasta ahora. Si ustedes piensan que los millonarios no se
pisan la manguera, está muy equivocados. Las fracciones de clase
existen y por ahí se le ha colado un posible candidato, o dos, al
Maligno. Dicen que es sanchista, ergo althusseriano, de ahí que
vomitase, en una demostración de espíritu democrático, que a él
tendrían que sacarle de la presidencia a tiros. Como el PSOE cae
mal, se inventa que está detrás de la operación y como sus
seguidores van con lo justo salen a decir tonterías. Pero si dicen
que el promotor es Crooked Face.
Y ahí es donde interviene el Atlético
de Madrid. Si hay un equipo al que odia más que al Barça, es al
Atleti. Los catalanes son socios, si quieren el tonto útil para
mantener el duopolio, pero que los rojiblancos se permitan estar ahí
todos los años, incluso quitándole algún título, lo lleva a
maltraer. Debe ser que de niño le pegó o le rompió algo —las
gafas o alguna parte posterior del cuerpo— un chaval del Atleti
porque no se explica esa inquina. Con los catalanes siempre se ha
llevado bien desde la Operación Roca, gracias a la cual
comenzó a facturar muchísimo más su empresa en Cataluña, previo
paso por el 3%. Gracias a los catalanes conoció a los March,
los cuales le metieron pasta para comprar otras empresas que
funcionaban mejor y tenían más volumen, y que le permitió amasar
fortuna y poder. Porque desde la hostia política que le metieron los
españoles con Roca, su verdadera ambición es ser el más poderoso,
poner a la clase política a sus pies. Su engreimiento es tal que,
tras tener al PP en su mano para lo que haga falta, se dedica a
realizar campañas desde su medio o los que financia contra aquellos
gobiernos que no le permiten un negocio asegurado. ¿Qué es
asegurado? Hospitales, cuyo coste de construcción son 300 millones,
cedidos en alquiler con los gastos pagados y que acaban costando a
los contribuyentes más de mil millones. Eso hizo con Esperanza
Aguirre, lo intentó con Dolores Cospedal —que está
protegida en los casos de corrupción del PP por algo—, le salió
regular con Ciudadanos y Cristina Cifuentes —por eso acabó
como acabó— y que consiguió sacarle los cuartos a Zapatero.
Como algún negocio no le salga bien,
se lanza contra quien se lo impide o se lo quita. Y ¿quién le está
quitando negocio en Madrid? Miguel Ángel Gil. De ahí ese
«¿por qué no se meten con el Atleti?». En el feudo rojiblanco han
sabido construir un buen entramado de ocio alrededor del
Metropolitano. No solo le quita los conciertos de estadio sino que le
plagia su idea de lo que quería que fuese Valdebebas pero que la
mala situación financiera, por sus errores, no le ha permitido. A
cambio ha recibido de Ayuso y Almeida unas
recalificaciones y la construcción de pseudocirtuito de F1 que van a
pagar todos los madrileños… por gilipollas. Como pagan los costes
del Zendal o se comen atascos imposibles en la carretera de
Extremadura para que su señor y amo haga negocio. Gil le ha quitado
la idea —igual también en venganza por chafarle lo de Alcorcón,
donde iba a dar un pelotazo personal— y se ha hecho millonario
tras el robo del club —la única verdad que dijo en toda la tarde.
Ahora MAG pinta más en el fútbol europeo que él, entre otras cosas
porque le da igual que le roben a su equipo, ni tiene que utilizar
sus empresas alemanas e italianas para presionar a UEFA. Gil no
mendiga favores, hace caja.
Tras todo lo anterior espero que las
personas de normal para arriba entiendan lo que ha querido el
Maligno. Cortina de humo sobre sus miserias deportivas y económicas
y cierre de filas para los monchitos de los medios de comunicación.
Si hay que mentir en favor del Mal se miente… mejor. Si todo
hubiese sido correcto y no hubiese hecho el ridículo más grande
¿por qué va a dar una entrevista con su mayor portador de
rodilleras? Fracaso deportivo, fracaso con los fichajes, fracaso
económico, pero Negreira y que los medios del nacionalmadridismo
—que por algo existe esa expresión como sus aparatos ideológicos
(aquí sale otra vez Althusser)— se postren más y mejor. No hay
nada más. Es todo mentira, salvo que se creyó lo del ser superior y
resulta que es tan mierdecilla como cualquiera.