Entiendo la amargura de la derrota y la desilusión por un título, más que factible, que se escapó en una tanda de penaltis. Regodearse en el lodazal de esa oportunidad que se ha ido no sirve de nada, no alimenta más que las miserias propias de todo ser humano y se pierde de vista todo lo que está por delante. La cantidad de biberones que faltan por repartir y una posibilidad de alcanzar la gloria a solo tres partidos. Vayamos por partes.
Los biberones
Quedan siete partidos de Liga en los cuales todavía hay que asegurar la clasificación para Champions de la temporada que viene. El biberón para los aficionados del Betis, esos que han celebrado la derrota en copa, está en marcha porque, además, dependen del Atleti para obtener ese posible quinto equipo extra de Champions. Si el Atleti ganase la competición europea igual tendrían ese quinto puesto, si es que no lo pierden antes y se meten seis bragazos como el europeo, pero aún así hay que lograr los puntos suficientes para hacerse con la clasificación. Toda vez que se logre el objetivo también cabe la posibilidad de dar biberón por el tercer puesto al Villarreal, jugándose el último partido de liga entre ambos. Una pelea por unos milloncejos y un honor de perdedores, pero biberón.
Luego están todos esos equipos que están jugándose la salvación, la Europa League o la Conference. Al Elche le podemos condenar a sufrir más este mismo miércoles; al Bilbao se le puede meter en un buen lio el sábado y que la Federación les tenga que salvar; al Valencia —pese a que siempre hay cierta tendencia a verlos como hermanos en el sufrimiento de la mala gestión en los despachos, unos con los giles, otros con los limes— se le puede poner cara de segunda; el Celta igual no se juega nada pero ver llorar a cierto jugador siempre da alegría; lo de Osasuna a saber qué puede salir de ahí; en el Girona están el Witselsaurio y Lemaradona e igual estamos en capilla, así que biberón para los demás; y se llega al partido con el Villarreal que puede ser de otro biberón a Roig, o no porque se esté a otra cosa mejor.
La gloria
Todo el mundo da al Arsenal como gran favorito, entre otras cosas porque no ven jugar al Arsenal. Tienen mucho potencial a balón parado, donde el equipo madrileño sufre mucho, sí. Corren mucho, también. Pero desde hace meses eso es lo único que tienen. Cierto que en la liguilla desarbolaron al Atleti pero eso fue casi en el pleistoceno de la temporada, a día de hoy las posibilidades del Atleti son otras bien distintas. Por lo pronto, el equipo rojiblanco puede dejarse llevar en algún partido liguero —y dar biberones a los que se quejan por jugar con los del filial— mientras que el Arsenal no. Se están jugando la Premier con el City, sin descansos y sin saber si el partido aplazado de los mancunianos es determinante o no. Una presión psicológica que ya se ha visto cómo afecta en sus partidos contra el Sporting de Portugal.
Sus jugadores tienen más nombre que fútbol. La máquina engrasada de comienzo de temporada se ha encasquillado. Los laterales ya no desbordan, eso cuando no juega con cuatro centrales para protegerse. El centro del campo no domina ni crea juego, la vuelta de Odegaard ha sido casi peor porque es muy lento. Los extremos corren mucho pero como pollo sin cabeza y el delantero depende del día. Algo así como lo que le pasa al Atleti con la gran diferencia de que la presión en la eliminatoria, especialmente por los propios medios ingleses, la van a tener los londinenses.
A favor del Atleti está la ilusión de poder vivir otra final europea, no teniendo nada que perder y todo por ganar. Eso sí, se lo tienen que creer desde el principio. La prensa no va a apoyar al equipo rojiblanco porque ya se sabe que es bueno que lleguen a finales solo si las juegan otros preferidos. De hecho ya les han derrotado antes de jugar las semifinales y la final porque los demás equipos son ogros. De ahí que deben ser los propios jugadores los que deben convencerse de que es posible. Las lágrimas del sábado deben ser el acicate para ir a por todo. Total, ya les dan por derrotados en todos lados, especialmente en la prensa culé, la cual tiene un biberón de tamaño XXXL en el ojete desde las dos eliminaciones de este año.
Tienen la gloria al alcance de la mano y la posibilidad de repartir biberones como nunca se han repartido y eso que desde que está Simeone se ha producido un aumento geométrico en la producción de los mismos. La afición debe dejarse de penas y tonterías y tener la cabeza centrada en los importante, comenzar a repartir biberones en Elche y aupar a su equipo hasta la gloria. Con solo llegar a la final de Champions se provocarían miles de infartos y miles de cabreos en buena parte de España, imaginen si se llega a ganar.
A repartir biberones como nunca porque y si sí...

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