Lo de Gabriel Rufián, además apoyado por el stablishment neoliberal progresista de la capital, es de las cosas más asombrosas que se han dado últimamente. Aprovechando el supuesto miedo a Vox, que ni es fascista, ni nada por el estilo, sino simplemente un grupo de colegas para trincar, quieren hacer una alianza de las izquierdas, a la izquierda del PSOE, claro, como recuerdo estúpido de los frentes populares de los años 1930s —que sí se enfrentaban al fascismo de verdad—. Una alianza de izquierdas para lograr optimizar los votos.
A nadie se le había ocurrido desde el pacto Almunia-Frutos el «pacto de los botellines» algo así. La historia demostró que dos más dos no suman en política cuatro, pero hay que volver a intentarlo. Rufián ha mostrado, dicen, pragmatismo al establecer cuatro puntos de unión y resolver las disputas por provincias. Esto es, si en una provincia es más fuerte Sumar, el resto se retira y se apoya a esa candidatura; si es Podemos, lo mismo… No mezclarse, sino apoyar a esa candidatura que es mayoritaria sin peleas por sillones o tal y cual.
Ahí está la jugada donde la izquierda fucsia es engañada. Si en vez de mirar desde la perspectiva de Sumar, IU, Podemos, Más leches y demás, se mira desde la perspectiva de ERC, Bildu, BNG y Compromís hay un cambio evidente. Ya se dijo que a cualquier nacionalista lo que le preocupan son «sus» trabajadores, si es que le preocupan porque no les importa importar mano de obra barata, siempre que se haga del terruño. La jugada de Rufián, que apoyan los herederos de ETA, es genial porque si los comunes, los que recuerden al PSUC y demás votan a ERC, harán que esta formación política pueda ser la primera en Cataluña. Bilbu la primera en el País Vasco, con BNG y Compromís dependiendo, paradójicamente, del ascenso de Vox en sus territorios para serlo.
Entonces el mapa político tendría por comunidades cuatro donde los nacionalistas serían fuerzas principales, dándose el caso de tener mayoría con el añadido de los nacionalismos liberales y burgueses en dos de ellas. Cerca o alcanzando el 50% de los votos. ¿No lo ven todavía? Vamos a otra de las cuestiones que ha dicho Rufián.
Entre los cuatro o cinco puntos de acuerdo está el «derecho de autodeterminación». Algo que los zonzos podemitas y sumaristas apoyarían sin dudar. ¿Lo van intuyendo ya?
Vamos a explicarlo. Con, especialmente, dos provincias de mayoría nacionalista en número de diputados en el Congreso se pediría la autodeterminación porque «son mayoría». De gobernar la derecha sería lo mismo con mucha propaganda de pueblos oprimidos cuyas mayorías no son escuchadas. ¿A que ya lo han visto?
Con la engañifa del frente de izquierdas antifascista —de Alliança, Junts o PNV como racistas nazis no dicen nada— al final Rufián aparece como el libertador de Cataluña y el País Vasco. Los podemitas y los sumaristas tiene cuatro mierdas de escaños y han sido los colaboradores necesarios de la treta independentista. ¿Los trabajadores? Jamás les han interesado realmente. Donde gobiernan no hay políticas para ellos. Y toda la prensa progre como imbéciles apoyándolos. De donde o hay, no se puede sacar.

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