«¡¡¡Siete penaltis, doce rojas perdonadas, un juego nefasto!!!» y lo que te rondaré morena. Los llantos han provocado que desde Canaletas hasta el puerto se pueda navegar en barcos de veinte metros de eslora, pero la realidad es una: el Atleti está en semifinales de Champions y el Barcelona no. Eso de estar tantos años de compadreo con el Mal tenía que dejar algún tipo de deje o merma en la afición culé. Esto ya no es el «36» de Núñez, aunque sí su «¡Ay, ay, ay!», esto es quejarse por defecto para ocultar las propias carencias de un equipo que, a dos partidos, bajo tensión y sin red de seguridad, acaba en el carrer. O lo que es lo mismo, no sabe competir bajo presión y con arbitrajes europeos.
¿Ha robado el Atleti ayudado por la UEFA? Sí. Para vosotros la perra gorda. ¿Ha jugado de forma infame? Sí, no saben ni que el balón es redondo. ¿Mean colonia? No si a la Brummel se le puede llamar colonia. En el Atleti desayunan con Soberano, comen clavos y duermen tumbados en una estera directamente en el suelo y, además, roban en todos los partidos. En el 4-0 de copa, en el 0-2 de la ida y en el 1-2 de la vuelta. Porque siendo de Madrid, el Atleti, puede y debe robar con chulería, haciendo que lo vea todo el mundo, sin esconderse y todo ello metiendo patadas, mordiendo pezones y pegando con la cabeza en los codos de los demás.
En Cataluña es famoso el muñeco del caganer y en el FC Barcelona han hecho acopio de ellos en la previa a estos cuartos de final. Ya se dijo por aquí que todos esas quejas previas eran miedo, suponía estar cagados antes de jugar. Se vio perfectamente cuando comenzaron a quejarse del césped y del árbitro antes de comenzar a disputarse la vuelta —lo gracioso del tema es que los influencers del Barça son bastante cortos, todavía no han aprendido de los del Mal, y sacaban datos de robos de ese mismo colegiado contra el propio Atleti—, porque el miedo estaba dentro de ellos. De ahí que las piernas y las cabezas comenzasen a periclitar cuando Lookman marco su gol y el Atleti les metió varios sustos en el cuerpo.
Ahora van a tener que hacer un nuevo muñeco para los belenes, el plorador. El llorón constante y por todo.
La realidad es que la soberbia les ha podido. Han estado minusvalorando al Atleti y resulta que les ha echado de la Copa del Rey y de la Champions porque, a diferencia de ellos, saber competir en el alambre, cuando entra la jindama, cuando todo se juega en corto espacio de tiempo, cuando el fútbol preciosista sirve de poco, cuando se necesitan hombres y no nombres. Y eso que regalos han tenido. Jugar con doce una vuelta de cuartos, no por el árbitro sino por Lenglet, es un favor que no han sabido utilizar completamente a su favor. Hubiese sido muy desconsiderado por parte del Cholo Simeone haber situado en defensa a un chaval del filial, hubiese sido ir a hacer daño y golear en el Metropolitano y tuvo piedad al colocar al central francés. Pues nada, en la prensa nacionalbarcelonista no lo aprecian.
La realidad al final se impone y quien va a disputar las semifinales será un equipo que viste de rojiblanco. Puede ser el único semifinalista español, o no, que no hay que tentar la suerte, con una mayor sobrecarga de partidos que el FC Barcelona y sin saber jugar al fútbol. Porque tiene mérito que no sabiendo dar dos pases seguidos, ni haber inventado el fútbol, ni tener a la mejor generación de todas las generaciones futbolísticas, ni saber cuidar el césped, ni nada que tenga que ver con la magnificencia futbolística hayan llegado tan lejos. A ver si aquello de «ni Flick, ni Flock» va a ser más ploff que otra cosa. Igual es que en España pasan cosas raras y el invento de Tebas, que saldrá a darse golpes de pecho por tener algún equipo en semifinales —como tiene la «liga de granjeros» francesa, por ejemplo—, es menos invento y más chanchullo de lo que se dice.
La Champions desnuda a las ligas nacionales y en esta ocasión no iba a ser menos. El Barça será campeón de liga pero la Copa y la Champions ya no las va a oler este año. Paradójicamente eliminado por el mismo equipo en ambas competiciones. Y no, no es uno que viste de blanco sino de rojiblanco. ¿No creen que hay algo en todo ello que pudiera ser un fundamento común? El Cholo Simeone y su ejército de tipos raros lo han hecho dos veces e igual el fútbol no es lo que se han inventado en Barcelona sino algo tan sencillo como once tipos contra otros once señores detrás de un balón y gana el que más veces introduce la pelotita en la portería rival. Eso el Atleti lo ha conseguido en siete ocasiones por cinco del rival. ¿Resultado? El Barça al carrer. Porque el fútbol, como la vida, es cuestión de meterla y los blaugranas no la saben meter.
Para todo lo demás, la palanquita de mamar.

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